Fiesta de la Frutilla en Coronda: la historia del productor que lleva 104 cosechas
En la antesala de la Fiesta Nacional de la Frutilla, Aire habló con Miguel García, productor histórico de una familia que lleva 104 cosechas consecutivas. Su abuelo llevó las primeras frutillas corondinas a Buenos Aires cuando el Obelisco todavía no existía.
“Lo nuestro no es solo una producción, es una forma de vida”, resume Miguel García.
Y no exagera: este 2025 la familia cumple su cosecha número 104, una historia que se entrelaza con la identidad misma de la ciudad.
De Murcia a Coronda: el origen de una historia dulce
Todo comenzó en 1922, cuando el abuelo de Miguel, inmigrante español proveniente de Murcia, recibió unas plantitas casi por casualidad. “El señor al que se las dio se las regaló porque mi tío, que gateaba, se las rompía”, recuerda.
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“Yo siempre digo que nací de un ramillete de frutilla”, contó el productor Miguel García en una entrevista con Luis Mino en Ahora Vengo.
Maiquel Torcatt / Aire Digital
De esas primeras matas nació una pasión familiar y, sin saberlo, un emblema nacional. En 1935, su abuelo fue el primero en enviar frutillas corondinas a Buenos Aires. “El Obelisco todavía no estaba y las frutillas de mi abuelo ya estaban en Buenos Aires”, remarca orgulloso.
Aquella primera venta marcó un antes y un después. El aroma de las frutillas corondinas se volvió inconfundible. “Dicen que cuando pasaban los camiones por la ruta, se sentía el perfume a 50 o 100 metros”, recuerda Miguel.
El fruto que hizo crecer una ciudad
La frutilla cambió la economía, la cultura y hasta el ritmo de vida de Coronda. “Alrededor de la frutilla se crearon industrias, transportes, empleos… todo un sistema productivo”, explica.
Las condiciones únicas del lugar —la arena, el agua, el microclima y la amplitud térmica— hicieron del fruto corondino un producto de calidad reconocida en todo el país.
El abuelo de los García no solo fue pionero en el cultivo, también en la solidaridad: regaló miles de plantines a vecinos y amigos, multiplicando la producción y sembrando, literalmente, la identidad corondina.
Innovación con sabor local
Miguel García no solo heredó la pasión, sino también el espíritu innovador. En los años noventa, fue quien impulsó una revolución en la producción: trasladar la cría de plantines al sur argentino, en la zona de Trevelin (Chubut).
La frutilla cambió la economía, la cultura y hasta el ritmo de vida de Coronda.
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“La idea surgió en una exposición. Escuché que en Estados Unidos los hacían en el sur de Canadá. Pensé: si allá lo hacen, ¿por qué no acá?”, relata. Esa decisión cambió para siempre la fruticultura nacional: hoy casi todos los plantines de frutilla del país nacen en el sur.
De la “frutilla corondina” a las variedades modernas
Las primeras frutillas eran de una variedad francesa conocida como Doctor Morere, pequeñas pero de aroma intenso. “Con el tiempo, por reusar los mismos plantines, se achicaron, pero eran muy perfumadas”, explica García.
Con la llegada de las variedades norteamericanas, las frutas crecieron en tamaño, aunque muchas perdieron su perfume original. Hoy, los productores buscan combinar lo mejor de ambos mundos: sabor, aroma y resistencia.
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Maiquel Torcatt / Aire Digital
El presente no está exento de dificultades. Los últimos años, las heladas fuertes afectaron la producción y golpearon la rentabilidad. “Perdimos la primicia, que es la fruta que sale primero y más vale”, lamenta. Aun así, García no baja los brazos. “Siempre estamos experimentando, buscando nuevas locuras”, dice entre risas.
Miguel también se da el gusto de contar una curiosidad histórica: la frutilla, tal como la conocemos hoy, no nació de forma natural. “Es el resultado del cruce entre una especie chilena (fragaria chiloensis) y una del norte de Estados Unidos (fragaria virginiana). En 1714 llegó a Francia la fragaria chiloensis y, en 1766, se hizo el cruzamiento con la virginiana”, explicó con precisión de enciclopedista.
Una pasión que se celebra
Este fin de semana, del 7 al 9 de noviembre, Coronda será nuevamente sede de la Fiesta Nacional de la Frutilla, donde productores, familias y turistas celebrarán más de un siglo de historia, trabajo y dulzura.
“Lo nuestro no es solo una producción, es una forma de vida”, resume Miguel García. Y basta oler una frutilla corondina para entenderlo.