Érica tiene 52 años, está casada y tiene tres hijas. Leila de 34, Selene de 29 y Candela de 20. Tanto Leila como Selene hoy viven en Australia, país al que Érica viajó a principios de diciembre para poder estar presente en el nacimiento de su primera nieta, el 25 de este mes.
Graciela, por su parte, es jubilada y madre de tres hijos: Juan Manuel, Javier y Nadia. Ambos varones viven en España. “El mayor se fue a finales del 2005, a probar suerte”, recuerda sobre la primera vez que vio partir a Juan Manuel.
Desde hace cinco años, Érica celebra las fechas importantes a través de una llamada o videollamada. Sin embargo, el hecho de que sus hijas mayores “estén bien” le genera un gran consuelo.
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“Leila está trabajando bien, está con su pareja, él es de Buenos Aires y también está trabajando. Ellos viven bien, están tranquilos económicamente y en cuanto a la seguridad, caminan tranquilos sin ningún miedo de nada”, relata Érica que al momento de la entrevista se encuentra en la calle ya que todos duermen en el interior de la casa.
“Me siento extraña caminando con el celular en la mano, porque son cosas que allá no pasan”, agrega.
El 2020 fue un año difícil para la familia, la pandemia de coronavirus les impidió tener el contacto al cual estaban habituados.”Se extraña muchísimo, mucho. Pero es una satisfacción saber que tus hijos están bien, que ellos están tranquilos y que pueden criar tranquilos a sus hijos también. Eso es algo que en Argentina ya no lo tenemos”, cuenta Érica.
En mayo se enteró que iba a ser abuela y podrá presenciar el nacimiento de Olidia gracias a que su hija pudo pagarle su pasaje. “Ella me pidió que venga a acompañarla porque viste que uno necesita la mamá siempre”, afirma la mujer que al momento de la entrevista lleva tres semanas en Australia. “Estamos ansiosos esperando a la bebé porque va a ser una nena, se va a llamar Olidia”, cuenta con un tono de alegría inmensa en su voz.
Si bien la alegría es compartida, la felicidad no es total, ya que la familia no está completa. El esposo y la hija más chica de Érica permanecen en Santa Fe a la espera de la llegada de la nueva integrante.
“Es la distancia lo que más me choca. Y lo mismo me pasa con Selene, que está lejos. Cuando se enferman tus hijos, por más que tengan 50 años, uno siempre se preocupa. Y tenerlos lejos, eso es lo que duele, pero te conforma el saber que están bien. Eso es lo que te da un poco de paz”, sostiene.
La historia de Graciela
El hijo mayor de Graciela se fue a vivir en España a finales del 2005. Cinco años más tarde, llegaría el turno de sus hijos menores: Javier y Nadia, que siguieron los pasos de su hermano mayor. “Tuve a los tres durante dos años en España. Después se fueron viniendo de a uno”, recuerda la mujer.
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Juan Manuel volvió a Argentina en el 2012, se quedó diez años y hace un año se volvió a ir. Su esposa e hija se quedaron en la ciudad de Santa Fe. “Él acá tenía una mini empresa de productos de limpieza. Año y medio atrás vendió todo y se fue -explica Graciela- Mi nuera y mi nieta se van un mes a visitarlo”.
Su hijo menor, Javier, retornó al país en 2021 para volver a España a finales del año pasado. Mientras que Nadia permanece junto a su madre en Arroyo Leyes.
Con más de un año sin ver a dos de sus hijos, Graciela asegura que es muy difícil atravesar estas fechas con ellos a más de 15 mil kilómetros de distancia. “Son circunstancias, momentos especiales. Uno dice, pucha, ¿te acordás que hacíamos eso o aquello?”. A pesar de la diferencia horaria y los kilómetros que los separan, Graciela y sus hijos mantienen un diálogo constante.
“Los hijos son nuestros mientras son chicos, ya después es como todos, queremos volar. Y bueno, unos vuelan acá cerca, otros lejos. Lamentablemente, uno trata de ser fuerte, pero es muy difícil, muy difícil”, recalca.
El asado de los domingos, los mates que compartían en la diaria y el solo hecho de estar, es lo que Graciela más añora en su rutina. “Los abrazos son los que más se extrañan”, agrega con la voz quebrada por la emoción.
A pesar de la tristeza que genera la situación, Graciela no pierde la esperanza y planifica viajar al viejo continente en 2025. “La verdad es que me encantaría volverlos a abrazar”, afirma.
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