Elvira Margarita Calza de Vera tiene 84 años, se jubiló como docente y su hijo la define como una mujer "Comprometida". Comenzó con su bono solidario en el 2021 y este 2023 juntó 1.103.000 pesos.
El Bono Solidario se llama "La Mesa Servida" y desde el año 2021 Margarita comenzó junto a un grupo de mujeres y hombres con la iniciativa cuya única finalidad es ayudar con el dinero recaudado al Samco de Esperanza.
Margarita nació en el Barrio La Orilla y enviudó hace tres años. Junto a su esposo y compañero de toda la vida fueron dueños de la Talabartería Vera que hoy conduce el hijo de Margarita. La jubilada deposita todas sus energías en vender el bono solidario para juntar el dinero destinado al centro de salud.
En 2021 juntó 366.000 pesos, en el 2022 recolectó 650.000 pesos y este año, vendió 1000 bonos a 1000 pesos cada uno sumado a unas donaciones extras, recolectó 1.103.000 pesos que fueron entregados mes a mes a la Cooperadora del Samco hasta totalizar la suma.
"Este años hicimos 1.000 números a 1.000 pesos. Todo el mundo compró y todo el mundo colaboró. No molestamos a tanta gente, porque es tanta la que conocemos que ya sabemos quienes nos pueden dar. En el Diario El Colono del Oeste vamos a publicar todas las donaciones", explicó Margarita con la misma vehemencia con la que vive en plenitud sus 84 años.
El Bono Solidario tiene premios reunidos por Margarita y sus colaboradores. También provienen de las donaciones de los y las esperancinas. Desde el primer premio que consistió en una mesa con seis sillas y media res, pasando por bebidas, bagna cauda, postres, papas con mayonesa y otros menús, que varias personas donaron de modo desinteresado.
"No tenemos comisión organizada. Somos gente de barrio que damos lo que tenemos de nosotros mismos: nuestro tiempo. Todo hicimos nosotros, somos seis mujeres y cuatro hombres. Empezamos el domingo a las 10.30, sacamos todos los premios a la vereda en mi casa, muchas cosas donadas y otras compradas con dinero que nos donaba la gente", explicó Margarita con Luis Mino en Ahora Vengo con AIRE.
La lucidez y entusiasmo de Margarita contagia y no es casual. Recuerda a cada instante cómo vivió su niñez en el Barrio La Orilla con muchas carencias y, sin embargo, en aquellos tiempos su padre -de quien aprendió la solidaridad- regalaba frutas a los que necesitaban aún más que su propia familia.
Margarita recuerda que iba a la escuela a 40 cuadras de su casa y que, ni siquiera faltaba los días de lluvia. Su padre la trasladaba en un carrito y ella regresaba con botas caminando por el barro.
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