La convivencia es absolutamente complicada para los santafesinos que a diario tienen que salir a las calles de la ciudad y soportar, no solo el malhumor y los insultos de los ocasionales automovilistas, sino además el estrés que genera circular por algunos barrios que, a modo de carrera con obstáculos, ofrecen un relieve cuanto menos nocivo para la salud de los vehículos y por qué no, de los automovilistas. El bache de Vélez Sarsfield y Martín Zapata tiene unos 15 centímetros de profundidad y llegó para quedarse detrás del parque de la locomotora.
El descontento de los santafesinos está lejos de ser infundado, porque como ciudadanos deben desembolsar un dinero extra para pagar la tasa vial: el impuesto al bache que comenzó a regir en el 2013 y que se cobra a todo aquel que cambie su moto o auto por más que el mismo tenga domicilio en una calle de tierra, arena y este completamente rota.





Dejá tu comentario