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El doloroso camino de transitar la muerte de los seres queridos sin poder despedirlos por el coronavirus

La cuarentena suprimió los velorios y los abrazos que son esenciales en el duelo. La despedida se convirtió en un entierro solitario y para los psicólogos es fundamental que la distancia física que impone el aislamiento no sea afectiva.

El coronavirus impuso una nueva forma de vivir y también de morir. Es que en tiempos de pandemia se hace todavía más difícil asimilar la partida de un ser querido en salas velatorias vacías, entierros solitarios que se limitan a los familiares más cercanos y abrazos que se suprimen por un virus que se contagia con mucha facilidad.

En Santa Fe, las salas de velatorios se vieron obligadas a adoptar nuevas modalidades de trabajo para llevar adelante sus labores. A pesar de que en la ciudad no se registraron fallecidos por covid-19, las casas de sepelios implementan medidas para resguardar a los clientes y a su personal.

Salas velatorias
  Los tiempos de trabajo también se acortaron, ya que una vez fallecida la persona, las empresas deben retirar el cuerpo del lugar que se indique, prepararlo y por último trasladarlo al cementerio donde el cuerpo será depositado. Sin caravanas ni escoltas, los entierros se limitan a un número limitado de familiares.

Los tiempos de trabajo también se acortaron, ya que una vez fallecida la persona, las empresas deben retirar el cuerpo del lugar que se indique, prepararlo y por último trasladarlo al cementerio donde el cuerpo será depositado. Sin caravanas ni escoltas, los entierros se limitan a un número limitado de familiares.

La imposibilidad de llevar adelante el velatorio otorga a las salas una dimensión mucho más breve. “La gente lo acepta bien cuando le decimos que no hay velatorios y pueden estar solo un rato con el familiar fallecido. Lo aceptan sin ningún problema”, contó Graciela Enrici, responsable de una firma de sepelios a Aire Digital.

Las experiencias difieren, así lo confirmó el testimonio de Rodrigo Vercellotti, empleado de otra firma de sepelios. "Hay gente que lo toma bien porque ya vienen con la idea y hay otros que no saben. En esos casos se dificulta, sobre todo si es una persona joven la que fallece. Con los adultos se entiende más la situación”, explicó el joven.

Los tiempos de trabajo también se acortaron, ya que una vez fallecida la persona, las empresas deben retirar el cuerpo del lugar que se indique, prepararlo y por último trasladarlo al cementerio donde el cuerpo será depositado. Sin caravanas ni escoltas, los entierros se limitan a un número limitado de familiares.

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“Nosotros retiramos el cuerpo del lugar de donde fallezca ya sea hospital, sanatorio o domicilio. El cuerpo es trasladado a la cochería en donde se prepara para luego introducirlo en el ataúd, el cual es sellado con estaño”, explicó Vercellotti. En la empresa, se implementó el uso se máscaras faciales y guantes descartables.

"Por fallecido se deben usar siete pares de guantes, pero se trabaja cómo se hacía hasta el momento teniendo siempre los cuidados necesarios porque uno no sabe a ciencia cierta las causas de la muerte", aclara.

La cantidad de servicios que se ofician en la actualidad no varió en relación a la misma época del año pasado. Sin embargo destacan que la cercanía con el invierno colabora a que el ritmo de trabajo se intensifique.

Desde el inicio de la pandemia en la ciudad de Santa Fe no se registraron fallecidos por Covid-19, pero en caso de que esto suceda o surja una muerte “sospechosa” las empresas velatorias implementan medidas extras a las que se toman desde marzo. “Hay que sumar las bolsas con cierres. El hospital o sanatorio debe informar las causas del fallecimiento, si tenía Covid tienen que esperarnos con el cuerpo en bolsas especiales”, explicó el joven que agregó que para este tipo de episodios los empleados cuentan con trajes especiales, botas, máscaras. “Todo lo que está estipulado se compró pero hasta ahora no tuvieron que usarlo”, recalcó.

El valor del duelo

El concepto de muerte despierta un rechazo general, es el miedo a lo que no se puede evitar el principal factor de esta conducta en una sociedad en la que la perpetuidad de la juventud es central. “En general todos renegamos de la noción de la muerte, cuando uno asegura un hecho o cierra un compromiso da por sentado que lo va a poder hacer, nadie piensa que puede morir”, explica la psicóloga.

Existen situaciones en las que es imposible negar que un final se acerca; sin embargo y aún a sabiendas de que la vida llegará a su punto final independientemente de las acciones que se hagan, la búsqueda de soluciones “mágicas” se convierte en una salida.

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“No es algo fácil. Hay sociedades en las que el conceptos está mejor incorporado y otras que no. En la nuestra el solo hecho de que te cambien rápido de conversación habla de una negación de la muerte”, explicó Mónica Niel, presidenta del Colegio de Psicólogos de Santa Fe en diálogo con Aire Digital.

La idea de invulnerabilidad predomina entre los más jóvenes, sin embargo en una sociedad que aletarga las etapas es normal observar la misma indiferencia entre los adultos.

El duelo va más allá del momento del sepelio y las barreras que en la actualidad se imponen puede dejar secuelas difíciles de afrontar si no se cuenta con la ayuda necesaria. “Por supuesto que afecta, porque es algo muy importante en estos momentos poder estar con la persona que falleció ”, afirmó Niel.

Los ritos funerarios existen en todas las culturas y tienen un papel social muy importante. “Cuando alguien muere tiene que haber un rito que permita ese pasaje”, explicó la profesional y recordó que es una costumbre que se remonta a los inicios de la humanidad.

“En estas situaciones lo fundamental es acompañar, que la distancia física no sea distancia afectiva. Me parece que hacer sentir la presencia afectiva es sumamente importante".

En una cultura que impulsa la reducción de los ritos funerarios, la llegada de la pandemia llevó al extremo esta tendencia y la falta del contacto afectivo en un momento muy doloroso se siente. “Generalmente en los velorios las personas se besan, abrazan, se acompañan, de esa manera todo eso ahora está muy minimizado”, destacó la psicóloga.

En un contexto en donde el contacto está limitado y lo inevitable se espera es importante sentirse acompañado. “En estas situaciones lo fundamental es acompañar, que la distancia física no sea distancia afectiva. Me parece que hacer sentir la presencia afectiva es sumamente importante. Hay modos de abrazar simbólicamente a alguien o de hacer un cariño a alguien o escucharlo”, recalcó Niel.

La profesional recalcó que en la actualidad se observa una tendencia evasiva ante las situaciones límites o críticas.“Hay un estilo de vida que evita el estar mal o hablar de las cosas que le hacen mal o la llevan a estar mal. Me parece que eso no ayuda para nada”, aseguró.

Este tipo de conductas puede derivar en males mayores tanto a nivel psicológico como físico. “Puede presentarse una depresión o el cuerpo puede pasar factura, que la persona se enferme o tenga una manifestación psicosomática. En realidad no es verdad que uno puede hacer como que no pasó nada, porque las cosas pasan y si uno no las tramita de cierta manera aparecen de otra. Son inevitables”, afirmó.

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Las reacciones a las crisis difieren en relación a cada persona, es por esto que desde el ámbito psicológico se recomienda afrontarlas de la manera más sana posible, ya sea pidiendo ayuda profesional o resguardándose en las amistades o familia. “Me parece que la gente está encontrando maneras de acercarse más allá de no poder mantener un contacto físico. Cuando una sabe que alguien está atravesando un momento duro es importante estar presente”,expresó la psicóloga.

Los ritos se hacen en comunidad, no en soledad y necesitan de un apoyo de otros, no solo de los más cercanos.