La muerte de Garrafa (o Kechu, como lo llamaban los guardias) conmovió a toda la ciudad de Santa Fe. El animal falleció tras un violento ataque de dos perros en el ingreso a la Universidad Nacional del Litoral (UNL).
Ante el dolor de su partida, los trabajadores y estudiantes decidieron que su cuerpo permaneciera en el lugar que consideraba su hogar.
Cuál fue el rincón elegido para el descanso de Garrafa
Los trabajadores de la UNL enterraron a Garrafa dentro del predio de la Ciudad Universitaria, a la vera de la ruta 168. El sitio exacto se encuentra justo en la entrada principal del complejo.
Ese sector ya funciona como un pequeño santuario donde los alumnos dejan flores y cartas. Martín, personal de seguridad del predio, explicó que ubicaron a Garrafa junto a "Negrita", otra perra de la guardia que falleció hace seis meses. "La idea es tratar de recordarlo y tener un presente, para que queden un recuerdo de las mascotas que nos acompañaron", expresó el trabajador, desde el móvil de AIRE junto a Juanchi Molina para Ahora Vengo.
Un pedido de justicia que une a toda la ciudad
La comunidad universitaria no solo llora su pérdida, sino que exige responsabilidades. Los testigos relataron que el dueño de los perros agresores entrenaba a sus animales para atacar y que, tras el incidente, huyó del lugar sin brindar asistencia.
Rubén Ruoco, docente de la facultad, resumió el sentimiento colectivo al afirmar que Garrafa era "el dueño de la facultad" y que su muerte representa una falla como sociedad en el cumplimiento de las normas de convivencia. "Él eligió ser un alumno más de la facultad, este lugar era su casa".
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