Santa Fe se prepara para iniciar una de las obras de saneamiento más importantes de las últimas décadas: la rehabilitación estructural del colector general cloacal de Bulevar Pellegrini, una infraestructura clave del sistema que tiene más de medio siglo de antigüedad.
Se trata de la denominada cloaca máxima, el conducto que concentra prácticamente todos los líquidos cloacales de la ciudad. Su traza se extiende desde la intersección de Freyre y Bulevar Pellegrini hasta la zona del club Regatas en inmediaciones de Avenida Alem, en el extremo este, con una longitud aproximada de 3.200 metros.
La obra demandará una inversión cercana a los 16 mil millones de pesos, ya fue adjudicada a una UTE conformada por la firma brasileña Sanit y la empresa local Winkelmann,y se encuentra en etapa de preparación operativa.
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“El primer tramo a intervenir será el comprendido entre San Martín y Francia, con trabajos puntuales en sectores donde se registraron mayores inconvenientes, como 9 de Julio y Urquiza”, precisó el director de Aguas Santafesinas (Assa), Darío Boscarol en diálogo con AIRE.
Según explicó durante el programa Ahora Vengo, la elección responde a criterios estrictamente técnicos: se busca rehabilitar por completo un segmento crítico del colector y minimizar el riesgo de fallas estructurales a futuro.
Cómo es la tecnología que se utiliza
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es la tecnología que se utilizará tanto para la limpieza como para la posterior reparación del conducto. El colector se encuentra a unos ocho metros de profundidad, tiene un diámetro de 1,70 metros y presenta tramos de hasta 200 metros entre bocas de registro, lo que vuelve prácticamente inviable cualquier intervención manual.
“Es imposible pensar una limpieza tradicional en más de 3.000 metros de un conducto de estas características”, señaló Boscarol. Para abordar esa dificultad, se empleará un sistema robotizado similar a una draga, que se desplaza por el interior del caño, remueve el material sólido acumulado y lo impulsa hacia el exterior para su tratamiento y reciclado, mientras que el líquido es reinyectado al sistema.
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Una de las claves del procedimiento es que permite trabajar con el colector en funcionamiento, sin necesidad de interrumpir el servicio cloacal a los usuarios, un punto central para evitar afectaciones en amplias zonas de la ciudad.
Un nuevo conducto dentro del existente
Finalizada la etapa de limpieza, se activará un bypass cloacal y comenzará la fase más compleja de la intervención: el envainado interno del colector. La técnica consiste en introducir dentro del conducto original una manga flexible siliconada —similar a una cámara desinflada— que se adapta a las deformaciones del caño existente. Luego, mediante aire caliente, se la infla y se la solidifica con un sistema de rayos ultravioleta, lo que genera una estructura rígida y continua.
“Queda como una fibra de vidrio: en los hechos, es un caño nuevo dentro del caño viejo”, resumió Boscarol, al explicar el resultado final del procedimiento.
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