Por las lluvias intensas, el viento y el peso de los años sobre ejemplares antiguos, enero y febrero dejaron imágenes que volvieron a poner al arbolado urbano en el centro de la escena en Santa Fe.
El 25 de enero los vecinos alertaban sobre la caída de las "piñas gigantes" en barrio Roma en donde dos ejemplares de araucarias de más de 12 metros de altura fueron retirados. El 29, un ejemplar de gran porte se desplomó sobre una vivienda en barrio Loyola, atravesó el techo y terminó dentro del living.
Y el 2 de febrero, una enorme rama cayó sobre un auto que circulaba por avenida Freyre, tras ser arrancada por el paso de un camión, con el tránsito interrumpido durante varias horas.
En todos los casos no hubo personas heridas, pero los episodios expusieron una realidad que el Municipio sigue de cerca: el crecimiento sostenido de los reclamos vinculados al arbolado urbano.
Según datos oficiales de la Dirección de Arbolado Urbano, en 2025 se atendieron 7.240 reclamos de vecinos. En 2024 habían sido 5.633. En apenas dos años de gestión, la cifra total ya supera los 12 mil reclamos resueltos, con un aumento cercano al 25% interanual en la capacidad de respuesta.
El 0800 y el circuito técnico
El ingreso de cada pedido comienza con una llamada al sistema de atención ciudadana de la Municipalidad, el 0800 777 5000 . Allí los vecinos pueden solicitar podas, extracciones, despejes de luminarias o líneas de alumbrado, denunciar raíces que levantan veredas, ramas caídas o pedir la plantación de un árbol.
“Para nosotros no hay reclamos más importantes que otros. Todos se reciben, se verifican y se responden”, explicó Juan Andrés Sarquis, Director ejecutivo del programa de arbolado municipal.
Cada solicitud es derivada a un equipo técnico integrado por ingenieros, biólogos y personal especializado, que recorre la ciudad para evaluar el estado del árbol. A partir de esa inspección se elabora un informe que se carga en el sistema y que funciona como devolución formal al vecino. No siempre lo que se pide coincide con lo que se recomienda. “Muchas veces el vecino solicita una poda y el informe indica otra intervención, o directamente ninguna. Por eso la verificación profesional es clave”, señaló Sarquis.
Urgencias que no esperan
Los tiempos de respuesta dependen del nivel de riesgo. Cuando el reclamo describe una situación potencialmente peligrosa —un árbol inclinado, una rama quebrada, riesgo de caída sobre personas, vehículos o viviendas— la intervención es inmediata.
“Tenemos casos que se verifican en menos de dos horas. Y si el riesgo es real, el árbol se extrae en el día”, afirmó el funcionario. En situaciones menos urgentes, como despejes de luminarias, los plazos son mayores, pero siempre dentro del mismo circuito técnico.
Podas, privados y control
Uno de los mitos más extendidos entre los vecinos es que podar un árbol implica automáticamente una multa. Desde el área aclaran que existe un listado oficial de podadores privados habilitados por el Municipio. El vecino puede optar por esa vía para acelerar los tiempos, aunque no está obligado.
El procedimiento es claro: el Municipio verifica el árbol, emite un informe técnico y, si el vecino decide avanzar con un privado, se le entrega el listado de podadores habilitados. El profesional retira el permiso y recibe instrucciones precisas sobre qué trabajo realizar. “Si no cumple con lo indicado, se lo da de baja del registro. Es una forma rigurosa de proteger el arbolado público”, explicó Sarquis.
Actualmente hay cinco podadores habilitados, y el Municipio prepara cursos de certificación para ampliar ese número. No se trata de enseñar a podar, sino de validar conocimientos y prácticas correctas.
Censo histórico y uso de inteligencia artificial
Mientras se atienden los reclamos cotidianos, la ciudad avanza en un hito: el primer censo integral de arbolado urbano de Santa Fe. Cuadra por cuadra, con apoyo de inteligencia artificial y sistemas de información geográfica, se están generando mapas que identifican zonas con mayor y menor cobertura vegetal.
“Detectamos puntos verdes, donde hay más árboles que habitantes, y puntos rojos, donde hay déficit. Eso nos va a permitir intervenir mejor”, explicó Sarquis. El objetivo es doble: reforzar la forestación donde falta y prestar especial atención a barrios con arbolado antiguo, donde el riesgo puede ser mayor.
El impacto climático también es parte del análisis. “Los árboles ayudan a bajar la temperatura en períodos estivales cada vez más extremos. Eso es salud pública”, remarcó.
Más árboles, pero planificados
La gestión municipal se propuso plantar 25 mil árboles durante los cuatro años de mandato. En 2024 se plantaron 2.500 ejemplares; en 2025, 5.000; y para 2026 el objetivo es llegar a 7.500, con un cierre de 10 mil en el último año.
Cada plantación está planificada dentro del Plan de Arbolado Urbano: se evalúa el ancho de la vereda, la circulación peatonal, la presencia de comercios y la especie adecuada. “No se puede plantar cualquier árbol en cualquier lugar”, aclaró el director.
Programas como Un árbol para tu vereda refuerzan esa política participativa. Solo en la última edición se recibieron 1500 solicitudes, se resolvieron 400 antes de que el calor obligara a pausar la forestación, que se retomará en marzo de este año.
Con más reclamos, más intervenciones y una planificación a largo plazo, el desafío del Municipio es sostener un equilibrio delicado: convivir con una ciudad intensamente forestada, reducir riesgos y, al mismo tiempo, sumar árboles que hagan de Santa Fe un lugar más habitable.
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