Una historia de superación y voluntad
La voz de Adriel Sánchez suena tranquila, pero firme. Tiene 16 años, vive en barrio Alfonso y cursa tercer año en la escuela Santa Lucía N° 3138. Allí lo esperaron con una ovación y una remera que decía: “Tu esfuerzo inspira a toda la comunidad”. No era una frase de compromiso: era la pura verdad.
Con 16 años, Adriel es figura en la selección sub-23 y orgullo de su escuela, su barrio y todo Santa Fe.
Hace apenas unos días volvió de Chile, donde la selección argentina sub-23 de básquet adaptado —de la que forma parte— consiguió la medalla de plata en los Juegos Panamericanos adaptados.
En la semifinal, con el marcador ajustado frente a Colombia, Adriel convirtió un triple decisivo que llevó al equipo a la final. “Me la dieron y a los 10 segundos metí el triple para empatar”, recordó en diálogo con Luis Mino en el programa Ahora Vengo. Argentina perdió por poco en el cierre, pero el camino fue un triunfo en sí mismo.
Su historia empezó mucho antes, con una prueba que marcó su vida para siempre.
“Cuando tenía cinco años me entró una bacteria en la sangre, sospechan que fue decococemia. Tuve amputaciones bajo la rodilla y en los dedos de la mano derecha. La operación fue la única opción para seguir viviendo”, cuenta, sin dramatismos, pero con una madurez que descoloca.
En el partido frente a Colombia, Adriel convirtió un triple decisivo que llevó al equipo a la final.
De la natación al básquet, Adriel encontró en el deporte no solo una pasión, sino una manera de reinventarse.
“Primero empecé con natación, pero después me llevaron a básquet. En un momento hacía las dos cosas, hasta que me quedé con el básquet en silla de ruedas, en Cilsa. Es más competitivo y me encanta”, explica.
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Desde hace ocho años entrena con el club santafesino, cuna histórica del básquet adaptado argentino. Su rutina diaria es exigente: se levanta a las 7, va al colegio, vuelve a almorzar y entrena unas seis horas. Cada mes participa en cuadrangulares nacionales, y el próximo 21 jugará uno en La Matanza.
La máquina no se detiene
El esfuerzo no se detiene ni siquiera fuera de la cancha. Cada convocatoria a la selección implica trámites, pasajes y gastos que muchas veces la familia debe afrontar. “Las complicaciones aparecen cuando hay que viajar, porque parte lo cubre la selección y parte sale de nuestros recursos”, explica Adriel, agradecido por el acompañamiento de sus padres, Darío y Jesica, y de sus hermanos Jesús, Tanel, Nuriel y Lelis.
Desde hace ocho años Adriel entrena en Cilsa, cuna histórica del básquet adaptado argentino.
El día que lo convocaron por primera vez al seleccionado fue una mezcla de emoción y alivio. “Cuando me dijeron que había quedado, me emocioné, la llamé a mi vieja y le conté la noticia”, recuerda. Desde entonces, su nombre empezó a sonar cada vez más fuerte dentro del básquet adaptado argentino.
Pero si algo deja claro Adriel es que no se conforma. Sueña en grande, con la mirada puesta en el futuro. “Tengo cosas por delante. Quiero seguir mejorando para ver qué pasa el año que viene con la selección argentina. Mi sueño es jugar en Europa”, dice, con una sonrisa que deja ver que no hay imposibles para él.
Antes de despedirse, reflexiona sobre lo que vivió al regresar a su escuela: “Hoy me recibió toda la escuela, estaba llena de gente, me felicitaron con aplausos”.
Adriel no tiene dudas y asegura que su sueño es jugar en Europa.
Ese aplauso no fue solo para un deportista. Fue para un chico que transformó el dolor en energía, el límite en impulso, y que hoy es símbolo de una ciudad que se reconoce en su coraje.
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Adriel Sánchez no busca ser un ejemplo, pero lo es. Porque en cada entrenamiento, en cada viaje, en cada triple que convierte, demuestra que la verdadera victoria no está en el marcador: está en levantarse cada día y seguir adelante.
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