A 50 años del tornado que azotó la ciudad de San Justo, el recuerdo de lo que pasó aquel 10 de enero de 1973 aún sigue latente. La angustia dice presente cuando las cifras son las que hablan: el tornado dejó a su paso 63 muertos, 200 heridos e importantes pérdidas materiales. Los que recuerdan lo que sucedió aseguran que menos de tres minutos fueron suficientes para que arrasara con todo a su paso. Esa tarde el calor era insoportable y el cielo se teñía con tonos rojizos. Por las condiciones climáticas, se esperaba que una tormenta se posara sobre la región.
“Mirabas el cielo y veías todo rojizo, se movía raro. No era una tormenta normal, era algo raro”, recuerda Daniel Gramaglia, propietario del hotel California, el establecimiento de tres pisos quedó inmortalizado por tratarse del inmueble en cuyo frente se incrustó un auto durante el tornado.
El sanjustino tenía 17 años cuando el tornado arrasó con parte de la ciudad en la que vive desde siempre y con el 80% de la propiedad de su familia. Esa tarde quería cruzar al Club Sanjustino para refrescarse en la pileta. “En ese momento mi padre me dice: ¿por qué no esperás un ratito? Mira cómo está el tiempo”, relata.
A las 14.15, en las inmediaciones de las vías del Ferrocarril General Belgrano, se formó el tornado que en menos de dos minutos alcanzó categoría F5, la más severa e importante de la escala creada por Tetsuya Fujita.
“Ingresamos al hotel y voy a cerrar una ventana acá de la planta baja. En ese momento, el viento me saca la ventana de la mano y esta se golpea y se revienta el vidrio prácticamente delante de mi cara. Realmente, no sabíamos de qué se trataba”, describió el hotelero. “No sabíamos lo que era, ni con quién nos íbamos a encontrar, ni absolutamente nada”, agrega con la mirada al frente, las imágenes se suceden una tras otra en el recuerdo.
Durante el lapso que se extendió el tornado, Gramaglia y su familia permanecieron en la planta baja del hotel. Los ruidos aún resuenan en la memoria: vidrios rotos, puertas y ventanas azotándose. Todo se voló. “Estábamos pasando un tornado y no sabíamos de qué se trataba hasta que realmente pudimos salir a la calle”, cuenta el entrevistado.
La furia del tornado se desplazó 1.500 metros al sur, devastando todo a una anchura de 300 metros. En el hemisferio sur nunca se había registrado un fenómeno tan fuerte. El fenómeno fue estudiado y calificado como el más intenso registrado fuera de los Estados Unidos.
A pesar de su magnitud, no se registraron heridos ni muertos en el establecimiento hotelero, pero los daños materiales fueron significativos, ya que el tercer piso se destruyó por completo.
“Un viajante de Santa Fe quedó atrapado en el cuarto con la puerta de un baño. Nadie se animaba a subir. La escalera estaba llena de escombros y había que trepar al segundo piso”, enumeró el entrevistado. Una vez liberado, el huésped se dirigió hacia la terminal de colectivos con destino a la capital de la provincia.
“Acá dentro era todo un desorden de cosas, hasta un poste de teléfono entró por el frente del hotel y llegó hasta la administración estaba todo el poste cruzado, con cables que echaban chispas. Cuando salimos afuera, vimos el panorama y dijimos: ¿qué pasó acá?”, recuerda.
En ese entonces el restaurante “El toro” se ubicaba al otro lado de la ruta nacional 11, a pocos metros del hotel. La infraestructura del lugar era principalmente vidrio y paja. El local quedó en pie y en comparación con otras construcciones, quedó intacto. La familia Gramaglia se refugió en el establecimiento, al retornar a su establecimiento no podían creer lo que veían. “Vimos un paragolpe de un auto colgando del primer piso. Un auto rompió el frente del hotel, se cruzó en un pasillo y quedó clavado contra una pared”, enumeró en torno a la imagen que cobra vigencia cada 10 de enero.
El entrevistado no dudó en comparar lo que dejó el tornado a su paso, con una escena de una película de guerra. “¿Viste cuando bombardean pueblos y termina el bombardeo y hay una tanqueta da vuelta, humeando cadáveres, casas por la mitad, y que no se puede andar? Es exactamente el mismo recuerdo que yo tengo del tornado. Salí de mi casa, y cuando miro, no hay más nada. No estaba la casa de tu vecino, ni la del frente, ni nada”.
El 80% de las personas que murieron esa tarde fueron apretadas por la caída de las viviendas en las que se encontraban. “Después del tornado se empezó a trabajar, y a medida que se sacaban los ladrillos, iban apareciendo los cadáveres. Incluso algunos familiares señalaban: “ahí debajo está parte de mi familia”.
“No había lugar en el cementerio ni cajones para tanta gente”, agrega sobre la situación que desbordó a toda la comunidad causando dolor y desazón.
Al día de hoy muchas personas mayores sucumben al miedo cada vez que advierten que se puede desatar una tormenta o que el viento comienza a soplar, aunque este sea leve. Las reacciones más inmediatas son cerrar las puertas, las ventanas y encerrarse en la vivienda.
La cercanía con la fecha que destruyó parte de San Justo y provocó la pérdida de un importante número de vidas, generan en Gramaglia sentimientos encontrados. “Por un lado, mi familia y yo estábamos bien y con salud. Por otro lado, la parte edilicia que se tuvo que reconstruir todo. Y salir a la calle y ver todo lo que había pasado en esos dos o tres minutos, por supuesto que te vuelven a la memoria y provocan angustia”, describe.
El recuerdo del auto incrustado en el frente del hotel
Años después del tornado, Gramaglia logró dar con la propietaria del Gordini, el automóvil que se convirtió en el símbolo de la catástrofe luego de quedar incrustado en el primer piso del hotel. La dueña era una vecina de San Justo que hoy vive en Santa Fe.
La incógnita consistía en revelar dónde estaba el auto al momento de ser trasladado hasta el frente del establecimiento. La dueña del coche le confirmó al empresario que esa tarde el automóvil estaba estacionado en una vereda, debajo de un árbol, a la sombra y a tres cuadras del hotel.
“El tornado lo levantó, lo trajo tres cuadras volando, fíjate la fuerza que habrá tenido que primero pasó por el primer piso, rompió el frente y después se clavó en una pared en el hotel”, enumeró el propietario del establecimiento.
A modo de reflexión el vecino agradeció la posibilidad que tuvo de superar lo sucedido. “Hoy estamos, podemos seguir trabajando y con salud. Le doy gracias a Dios que nos podemos encontrar y seguir viendo”, finalizó.
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