Las historias de las crecientes y bajantes son parte del ADN de los santafesinos y reflejan algunos de los momentos más duros que atravesó la ciudad de Santa Fe. Hasta la trágica crecida del Salado, la “gran inundación” era la de junio de 1905, la misma que atrasó las obras del nuevo Puerto de Santa Fe y alcanzó un pico de 7,83 metros.
El agua del riacho llegó hasta Tucumán y San Martín, rodeó la estación francesa de trenes -en donde hoy está la terminal- y toda la zona de Plaza España. La intersección de Crespo y Rivadavia se podía cruzar en canoa.
Unos sesenta años más tarde, otra crecida en la cuenca del Paraná, la de 1966, se “comió” buena parte del hermoso Parque Oroño, que terminó de desaparecer cuando se construyó el Viaducto Oroño.
La creciente de 1983 es famosa porque “tumbó” una de las antenas del Puente Colgante, el símbolo de la ciudad. También inundó algunos tramos de la costanera y arrasó el complejo Piedras Blancas, en la punta de lo que hoy es la Costanera Este. Los funcionarios decidieron “volar” una parte de la ruta nacional 168 para reducir la presión del agua sobre el casco de la ciudad.
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Todavía faltaba lo peor. En abril del 2003, la creciente del río Salado, la otra cuenca que rodea a la ciudad, inundó un tercio de la ciudad. Fue la peor catástrofe que enfrentó Santa Fe y lo más triste es que se hubiera evitado si las obras hídricas se finalizaban con responsabilidad.
La historia del Puente Colgante, el símbolo de Santa Fe
En la década de 1920’, el Puente Colgante se proyectó como un puente y como un acueducto, para traer agua de la toma del río Colastiné, pero terminó siendo el símbolo más fuerte de la ciudad.
En 1928, cuando se inauguró el puente, Santa Fe era una ciudad con el puerto lleno de barcos. Había tranvías, todavía quedaba alguna carreta y para ir hasta Paraná no quedaba otra que tomarse una balsa al lado del Club Regatas.
El proyecto de un puente que resistiera las crecidas del río -ya se habían caído varios-, lo encargó el ingeniero Marcial Candioti, que administraba Vialidad Nacional. En 1924 empezaron a construir los pilares y anclajes. La estructura metálica la construyó una empresa francesa en Cherburgo, a más de 10.000 kilómetros de la laguna Setúbal. La trajeron en barco.
Después de hacer las pruebas de resistencia, lo habilitaron al público el 8 de junio de 1928. La obra garantizó el abastecimiento de agua y la conexión con los barrios y localidades de la costa.
El puente resistió más de 50 años, hasta que lo tumbó la creciente de 1983. El 28 de septiembre de ese año, a las 16.25, se derrumbó una de las antenas, que cayó al agua enredada entre fierros y viejos cables. Durante 19 años, el símbolo de la ciudad quedó mutilado, roto, arrodillado.
La reconstrucción del Puente Colgante
A la caída del Puente Colgante, le siguieron años con mil polémicas, sobre si valía la pena reconstruirlo. Los fondos para restaurarlo los consiguió Juan Carlos Mercier, ministro de Hacienda del gobernador Carlos Reutemann.
La obra comenzó en abril del 2000 y la siguieron desde la costanera todos los santafesinos.
Hubo tres momentos claves:
- El 6 de julio de 2001, cuando se colocó la nueva antena y el Colgante dejó de ser una postal renga.
- El 23 de octubre de 2001, cuando se colocó el último de los 20 tramos del tablero del puente.
- El 8 de septiembre de 2002, cuando se volvió a habilitar el puente sin ningún acto, como había ocurrido el 8 de junio de 1928.
A 21 años de ese día, el símbolo de Santa Fe sigue de pie.
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