Salud sexual en jóvenes: por qué tener más información no alcanza para perder los miedos y cuidarse
En el marco del Día Mundial de la Salud Sexual, una especialista analizó qué pasa con los jóvenes frente a la sexualidad, el uso del preservativo y las infecciones de transmisión sexual. La sobreinformación en redes, los prejuicios y la dificultad para hablar del tema pueden pesar tanto como la falta de información.
Las infecciones de transmisión sexual vuelve a poner el foco en la prevención, sobre todo entre los jóvenes.
El aumento de las infecciones de transmisión sexual vuelve a poner el foco en la prevención y en una pregunta que atraviesa especialmente a las nuevas generaciones: ¿tener más información significa realmente estar más preparados para cuidarse?
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En Argentina, en lo que va de 2026 se confirmaron 32.377 casos de sífilis. La mayor incidencia se concentra entre los 15 y los 39 años y el grupo de 20 a 24 años aparece como el más afectado.
Para profundizar sobre esta problemática, AIRE conversó con María Gabriela Ragogna, integrante de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y miembro de la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil (SAGIJ).
Sexualidad en los jóvenes: mucha información, pero también confusión
Ragogna explicó que la salud sexual no se limita a la prevención de embarazos o al uso del preservativo. También implica bienestar físico y emocional, información, respeto, libertad y la posibilidad de vivir la sexualidad sin presiones, coerción ni violencia.
Uno de los principales desafíos actuales, según la especialista, es que los adolescentes tienen un acceso a la información mucho mayor que generaciones anteriores, pero eso no garantiza que esa información sea correcta.
Las redes sociales ocupan un lugar central. Influencers, experiencias personales y contenidos sin respaldo científico pueden mezclarse con información confiable y generar confusión.
“Están llenos de información, pero mezclan las cosas”, señaló Ragogna durante la entrevista en AIRE.
Por eso, la especialista plantea que el objetivo no debería ser alejar a los adolescentes de las redes, sino ayudarlos a desarrollar una mirada crítica: preguntarse quién brinda la información, si tiene respaldo científico y si se trata de evidencia o simplemente de una experiencia personal.
Prevención: el preservativo sigue siendo una herramienta central
El crecimiento de la sífilis vuelve a poner en primer plano el uso del preservativo como una de las principales herramientas de prevención de las infecciones de transmisión sexual.
Ragogna remarcó que la prevención debe contemplar las distintas prácticas sexuales y que el preservativo debe utilizarse durante toda la relación sexual, no solamente antes de la eyaculación.
También aclaró un punto que suele generar dudas entre los adolescentes: utilizar dos preservativos al mismo tiempo no brinda mayor protección, sino que la fricción puede favorecer que se rompan. La recomendación es utilizar uno por práctica.
La sífilis, además, puede transmitirse a través del contacto entre mucosas y no solamente mediante relaciones sexuales con penetración. Por eso, el sexo oral también puede implicar un riesgo de contagio.
Salud sexual: la sífilis puede pasar inadvertida
Uno de los problemas que presenta esta infección es que sus primeros síntomas pueden no llamar la atención.
Según explicó Ragogna, la primera lesión puede ser una úlcera que no produce dolor y que puede desaparecer después de algunos días. Eso puede hacer que la persona no consulte y que la infección continúe evolucionando.
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La sífilis puede detectarse mediante un análisis de sangre y tiene tratamiento con antibióticos. El problema, señaló la especialista, está muchas veces en llegar al diagnóstico y cortar la cadena de transmisión.
Adolescentes: cómo influye la presión de los pares
La conversación sobre sexualidad en adolescentes tampoco puede separarse de la presión social.
La integrante de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y miembro de la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil (SAGIJ) explicó que algunos jóvenes pueden sentir que iniciar relaciones sexuales es una condición para pertenecer a un grupo. Esa presión puede aparecer incluso en espacios de socialización como los viajes de egresados. Al mismo tiempo, ocurre el fenómeno inverso: adolescentes que nunca tuvieron relaciones y sienten vergüenza de contarlo.
Por eso, la experta plantea que es necesario encontrar un punto medio entre los viejos tabúes y una idea de libertad que no siempre viene acompañada de herramientas para el cuidado.
Hablar de sexualidad antes de que aparezca el problema
Para Ragogna, la conversación sobre sexualidad no debería comenzar cuando un adolescente tiene su primera pareja o inicia sus relaciones sexuales. La construcción de ese vínculo puede empezar mucho antes, aprovechando situaciones cotidianas para hablar sobre el cuerpo, los vínculos, el cuidado y las dudas que puedan aparecer.
La especialista considera que el contacto temprano con profesionales de la salud también puede ayudar a construir confianza. En ese sentido, explica que una consulta durante los primeros cambios físicos de la adolescencia puede convertirse en una oportunidad para que, años después, el joven se anime a consultar sobre sexualidad.
También hay un desafío para las familias: muchos padres no saben cuándo ni cómo empezar a hablar sobre estos temas. La recomendación no es esperar a que aparezca “el momento indicado”, sino aprovechar noticias, situaciones cotidianas, contenidos de televisión o redes sociales para abrir conversaciones y construir confianza desde antes.
Cuidarse también es una decisión propia
Otro de los conceptos centrales que dejó la entrevista es que acompañar a un adolescente no significa decidir por él.
La especialista sostiene que los profesionales deben brindar información sobre los distintos métodos anticonceptivos y ayudar a cada paciente a tomar una decisión informada, pero no decidir en su lugar. acompañamiento adulto es necesario, pero no debería convertirse en vigilancia o imposición.
Y el problema de la falta de prevención, advirtió Ragogna, no termina con la adolescencia. También aparece entre adultos que vuelven a formar pareja y que pueden tener dificultades para negociar el uso del preservativo después de años de matrimonio o de relaciones estables.
La pregunta, entonces, no es solamente cuánto saben los jóvenes sobre sexualidad, sino qué herramientas tienen para transformar esa información en decisiones de cuidado.
Porque, como plantea Ragogna, la prevención no consiste únicamente en tener preservativos disponibles: también requiere generar conciencia sobre el propio cuerpo, los vínculos y la responsabilidad de cuidarse.




