Salud mental y suicidios: el conmovedor relato de Sergio en primera persona y cómo volvió a elegir la vida

En diálogo con Ahora Vengo, contó su experiencia para ayudar a otras personas. Los primeros síntomas, la ansiedad, los miedos, la angustia y el acompañamiento que recibió. “Hoy me pone muy contento decir que amo la vida”, aseguró.

Sergio decidió hablar de uno de los momentos más difíciles de su vida con una intención concreta: que su experiencia pueda servirle a otra persona. Después de atravesar una crisis de salud mental que derivó en un intento de suicidio y de haber estado internado durante una semana en un hospital psiquiátrico de Santa Fe, hoy puede contar cómo vivió esos momentos.

“Quiero que mi relato sea de ayuda para muchas personas que tienen miedo de decir ‘a mí me pasa’ y que también se les cruzan esos fantasmas”, explicó durante una entrevista en Ahora Vengo, el programa de Luis Mino en AIRE.

Su historia se conoce en un contexto preocupante. Según los datos presentados previamente en AIRE, la tasa de suicidios en Argentina llegó a 11,8 cada 100.000 habitantes en 2025, mientras que en Santa Fe se ubicó en torno a 13,2 cada 100.000, por encima del promedio nacional. En el país, la tasa pasó de 7,8 en 2020 a 11,8 en 2025.

Pero detrás de cada número hay una historia. La de Sergio es una de ellas.

“No quería vivir la situación que estaba viviendo”

Una de las reflexiones más fuertes que dejó durante la entrevista tiene que ver con la diferencia entre querer morir y querer dejar de atravesar un sufrimiento que parece insoportable.

Sergio explicó que cuando una persona llega a pensar que no quiere existir más, no necesariamente significa que haya dejado de amar la vida. “Uno se confunde”, sostuvo. Según su experiencia, lo que aparece es una desesperación tan intensa que la persona siente que no encuentra una salida.

“Uno no quiere vivir la situación que está viviendo, que no la aguanta más”, describió.

Hoy Sergio dice que puede reconocer algunas de esas señales que antes no identificaba. Y esa capacidad de reconocerlas es, para él, una de las herramientas que consiguió después de atravesar la crisis.

Los miedos aparecieron antes que la crisis

Sergio contó que los primeros indicios habían aparecido mucho antes del momento más crítico. Habló de ansiedad, insomnio y de miedos que comenzaron a ocupar espacios de su vida cotidiana.

Durante años encontró en el trabajo una forma de mantener esa ansiedad bajo control. Podía trabajar hasta la medianoche, sin comer, y sentirse bien. Pero durante la pandemia esa posibilidad se interrumpió.

“En la pandemia se me apagó eso”, relató. A partir de entonces comenzó a experimentar insomnio y distintos miedos que continuaron incluso después de recuperar la posibilidad de salir y retomar la vida cotidiana.

Con el tiempo, esos pequeños síntomas se volvieron más difíciles de ignorar. Sergio recordó el miedo a salir, a caminar y hasta a realizar actividades que antes disfrutaba.

La primera alarma, cuando Luis Mino le preguntó qué había cambiado en él, fue concreta: los miedos.

“Empecé a sentir miedo y no sabía de dónde venía”

La ansiedad también generó otro problema: al no encontrar una explicación concreta para aquello que sentía, Sergio comenzó a buscarla en diferentes situaciones de su vida.

Sergio recordó una angustia interna vinculada a ausencias, pérdidas y situaciones personales que se acumulaban.

Sergio recordó una angustia interna vinculada a ausencias, pérdidas y situaciones personales que se acumulaban.

Podía pensar en la muerte de su padre, en la situación de su hermana, en su madre, en su pareja o en el trabajo. “Empezás a pensar qué puede ser”, explicó. Así se fue formando lo que definió como una encrucijada de la que necesitaba encontrar una salida.

En medio de una crisis de ansiedad llegó incluso a quedarse dormido en una plaza. Para Sergio, uno de los problemas fue no haber aprendido antes a reconocer aquello que estaba atravesando.

“Desde pequeño no se nos enseñó en una escuela salud mental”, planteó. En su mirada, muchas personas llegan a la adultez sin herramientas para atravesar situaciones difíciles y sin saber cuándo es necesario pedir ayuda.

Una angustia que no siempre puede explicarse

Sergio también habló de momentos en los que pasaba las noches llorando. No siempre podía explicar exactamente por qué.

Recordó una angustia interna vinculada a ausencias, pérdidas y situaciones personales que se acumulaban. Para él, ese es uno de los motivos por los que resulta necesario recurrir a profesionales y buscar acompañamiento.

Su propia experiencia lo llevó a estudiar, leer y escribir sobre lo que le ocurría. También recordó que desde hacía años había intentado ayudar a otras personas y que había atravesado pérdidas de amigos y conocidos vinculadas a situaciones de depresión y sufrimiento.

Hasta que, finalmente, la situación le tocó a él.

“Hoy me pone muy contento decir que amo la vida”

Sergio contó que, más de un año y medio atrás, atravesó el momento más difícil y estuvo internado durante una semana en un hospital psiquiátrico de Santa Fe.

La pregunta fue inevitable: ¿qué cambió? La respuesta de Sergio fue una frase que sintetiza el sentido que quiso darle a su testimonio: “Hoy me pone muy contento decir que amo la vida”.

Para Sergio, el acompañamiento tuvo un papel central.

Para Sergio, el acompañamiento tuvo un papel central.

El cambio, explicó, estuvo en comenzar a reconocer sus propios síntomas y entender que una tormenta emocional también pasa. Que puede haber otro día. Que puede aparecer otra oportunidad, otra música, otra luz. “Hoy sé cuáles son mis síntomas”, afirmó.

El valor de un abrazo y de no juzgar

Para Sergio, el acompañamiento tuvo un papel central. Mencionó especialmente a la persona que considera sentimentalmente más importante en su vida, que nunca le soltó la mano, además de sus cuatro hijas, su madre, su hermano y sus amigos.

Pero destacó algo que, según su experiencia, muchas veces se subestima: acompañar sin juzgar.

Habló del valor de un abrazo, de permanecer al lado de quien está sufriendo y de no minimizar aquello que para otra persona puede resultar insoportable.

“Escuchalo, no lo juzgues”, fue uno de los mensajes que dejó. Para Sergio, cuando alguien atraviesa una crisis, necesita primero sentirse acompañado y comprendido.

“Cuando no puedo conmigo mismo, buscar ayuda”

Sergio no presenta su historia como una fórmula ni como una solución para todos. Por el contrario, insiste en que cada persona atraviesa situaciones diferentes.

Su mensaje apunta a reconocer las señales, hablar y pedir ayuda cuando sea necesario. También destacó el acompañamiento psicológico y psiquiátrico como parte del proceso que atravesó.

A sus casi 62 años, dice que hoy conoce mejor sus propios miedos y puede advertir cuándo empiezan a aparecer. Sabe que algunos días puede costarle más levantarse, pero también encontró recursos para atravesarlos: salir, moverse, escuchar música, encontrarse con otras personas y buscar aquello que le hace bien.

Y hay una frase que resume el sentido de haber decidido contar públicamente su historia: “Quiero que mi relato sea de ayuda”.

Porque, para Sergio, hablar puede ser una forma de tender una mano antes de que alguien llegue al límite. Y escuchar puede ser, muchas veces, el primer paso para que esa persona no atraviese sola la puerta de una crisis.

Si vos o alguien que conocés está atravesando una crisis emocional o tiene pensamientos de hacerse daño, es importante buscar ayuda profesional y no quedarse solo. Ante situaciones críticas, en Santa Fe se puede solicitar asistencia a través del 107.

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