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Salud

¿Realmente es posible comer pasta sin engordar?

Su alto contenido en carbohidratos hace que este alimento no encaje demasiado con las dietas de adelgazamiento. Pero se puede reducir su influencia sobre el peso.

No obstante, una investigación publicada el año pasado en la famosa revista británica ‘Nutrition and Diabetes’ dio un giro drástico a dicha creencia. Según los responsables de este estudio, el consumo de pasta no está relacionado con el sobrepeso; todo lo contrario, adelgaza. “Al contrario de lo que piensan muchas personas, el consumo de pasta no está asociado a un incremento de peso […], sino que permite tener un IMC normal, una cintura más esbelta y más equilibrio entre cintura y cadera”, ha declarado George Pounis, investigador del Instituto Neurológico Mediterráneo y autor del escrito. Y es que la pasta tiene un índice glucémico muy bajo, que provoca un incremento menor de los niveles de azúcar en sangre.

Eso sí, esta revelación no significa que a partir de ahora debamos alimentarnos exclusivamente de macarrones o espaguetis. Tal y como aconsejan los expertos, lo importante es saber comer pasta dentro de un patrón dietético saludable. Por ejemplo, olvida las salsas demasiado pesadas y procesadas, el queso rallado en cantidad o el uso de nata y mantequilla para dar jugosidad al plato. ¿Qué pautas debemos seguir para disfrutar de la pasta sin engordar?

Aunque pueda parecer un truco sin sentido, lo cierto es que hacer la pasta al dente, es decir, antes de que cumpla su tiempo de cocción, aporta al plato una consistencia más dura y resistente. Esto obliga al comensal a dedicar más tiempo a masticarla, el sistema digestivo también necesita esforzarse más en asimilarla y, por tanto, la sensación de saciedad que el estómago experimenta es también más intensa. Además, este proceso implica más energía y un menor índice glucémico, lo que retrasa la aparición del hambre durante algunas horas.

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Al igual que ocurre con el resto de comidas, el tamaño de las raciones es fundamental. Lo más aconsejable es preparar un plato de pasta que ronde entre los 80 y los 100 gramos por porción, sin contar con el resto de ingredientes adicionales. Esta cifra suele equivaler a media taza para las mujeres activas. En el caso de los hombres, la ración puede ascender a las dos tazas por comida. Eso sí, es fundamental combinar siempre su ingesta con ejercicio físico regular.

En primer lugar, la pasta que menos engorda es la fresca, siempre y cuando no incluya huevo y sales añadidas. En cambio, si optáis por adquirirla en el supermercado, lo mejor es seleccionar pastas integrales o libres de gluten. “Las harinas integrales a diferencia de las pastas tradicionales son hechas de carbohidratos de absorción lenta que se ajustan perfectamente a una dieta baja en calorías”, explica Sascha Barboza, personal fitness trainer. Esta opción aporta también mucha más fibra y vitaminas a la dieta diaria, lo que reduce de nuevo el índice glucémico y nos ayuda a sentirnos saciados.

La pasta siempre suele ir acompañada de ingredientes adicionales que aportan sabor al plato. Y no hablamos solo de las salsas, también de la carne, el pescado o las verduras que suelen incluir la mayoría de recetas. La ternera magra, la pechuga de pollo, el pescado blanco, los huevos, los frutos secos o el queso bajo en grasas son una excelente opción para calmar el apetito de manera saludable.

“Lo mejor es optar por salsas naturales hechas por ti mismo, así controlarás mejor el contenido de sal y elegirás lo alimentos menos procesados posibles. Por ejemplo hacer una salsa a base de tomate, cebollino, cebolla, con un toque de pimienta, sal marina y un poquito de stevia, es ideal para combinar tus pastas”, recomienda Barboza en su blog personal. En Italia, por ejemplo, el aderezo más utilizado es el aceite de oliva con unos ajos rehogados y especias, de intenso sabor y carente de calorías.

Fuente: El Confidencial

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