“Los chicos con Asperger no tienen afectado el perfil intelectual, ni el lenguaje. Sin embargo, una de sus características es la literalidad. Les cuesta interpretar los chistes, entender el doble sentido”, explica Matías Cadaveira, licenciado en psicología y jefe de Clínica TEA de Fundación Ineco.
Lo que sucede con estos chicos en el aula, muchas veces, es que al no comprender dobles sentidos o el subtexto de lo que se está hablando, se pierden de lo que se está hablando, decodifican mal el sentido de algunas cosas y pueden tener metidas de pata. “En el aula pueden quedar como el buchón. Si la maestra dice que no hay que copiarse. Ellos lo van a cumplir a la perfección”, agrega Cadaveira. Entonces, si del otro lado, de parte de la docente o del grupo, “no hay empatía para entender que ese alumno tiene otra forma de procesar la información, termina siendo blanco fácil de bullying. Si la comunidad educativa no tiene una visión inclusiva, ese chico puede tener dificultades emocionales o conductuales”, agrega el profesional.
En 2003, la actualización de la Guía de Trastornos Mentales (DSM V) de la Asociación Americana de Psiquiatría, incluyó al síndrome de Asperger dentro del Espectro Autista, como la clasificación más leve. “No es una enfermedad que pueda ser curada. Es una condición del neurodesarrollo. Una variante. Una forma de ver, estar y sentir diferente”, dice Cadaveira.
“Lamentablemente, sigue habiendo gente que por ignorancia sigue discriminando. Hay muchos colegios que por suerte cada vez son más inclusivos. Pero hay otros que es la misma institución la que no quiere integrar, o que escucha más a un grupo de padres. La clave, siempre, es pensar qué pasaría si fuera su hijo, y estuviera en ese lugar”, finaliza.
Precisamente, para concientizar sobre el tema, el 15 y 16 de septiembre se realizará en la Sociedad Argentina de Pediatría el Segundo Congreso Argentino de Síndrome de Asperger.
Fuente: http://www.clarin.com
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