Quizá nunca se sepa si Victoria Fernández hubiese sobrevivido de haber sido atendida un rato antes, o si su destino era inevitablemente fatal. Lo cierto es que las circunstancias que se sucedieron este fin de semana en el nuevo hospital Iturraspe de Santa Fe, harán que esta duda perdure para siempre.
Sucedió durante el sábado por la noche, cuando los familiares de Victoria decidieron llevarla a la Guardia del hospital porque manifestaba síntomas de algún tipo de patología gastrointestinal. La recibió un enfermero, que determinó que su caso no era de urgencia extrema.
Por eso la hicieron esperar, hasta que con el correr de los minutos su situación empeoró. Primero los familiares y luego el resto de la gente que se encontraba en la sala, reclamaron infructuosamente a los médicos que le dieran prioridad a Victoria. Cuando finalmente se descompensó y decidieron atenderla, ya era demasiado tarde.
El caso de esta mujer reflotó viejas polémicas y dejó al descubierto que ni siquiera algunos de los principales protagonistas del sistema de salud están conformes con la manera en que funcionan las cosas.
Tanto es así que hasta el director del Iturraspe, Francisco Villano, reconoció las falencias, dijo que el personal con que cuenta el hospital no alcanza para atender la creciente demanda y advirtió que las guardias de los hospitales Mira y López y Sayago no debieron ser desarticuladas desde el momento en que comenzó a funcionar el nuevo nosocomio.
Hasta el 19 de octubre de este año los vecinos del norte sabían que podían contar con las guardias del Mira y López y el Sayago. Pero, desde entonces, se dispuso que toda la atención quedara centralizada en el nuevo hospital.
Esto hizo que el número de pacientes que llegan a la Guardia del Iturraspe se triplicara y que se generaran inconvenientes en la atención.
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Desde un principio, las dudas sobrevolaron la conveniencia de poner en funcionamiento al nuevo Iturraspe en el momento y en la forma en que se lo hizo. Tanta fue la polémica, que en un hecho posiblemente inédito debió intervenir la Justicia para autorizar el traslado.
Ahora, a dos meses de la puesta en funcionamiento del hospital, una serie de preguntas retumban con fuerza:
- ¿Cómo es posible que un efector de alta complejidad como el nuevo Iturraspe, se aboque a atender un 70% de consultas que no representan situaciones de riesgo?
- ¿No hubiese sido conveniente que las guardias del Sayago y el Mira y López continuaran funcionando, hasta que el nuevo sistema estuviera realmente aceitado?
- ¿Fue acertado concentrar las atenciones de esta manera, cuando desde hace décadas se intenta avanzar en la descentralización de la atención de salud?
- ¿Es factible incrementar en el corto plazo la cantidad de médicos y enfermeros en el Iturraspe, teniendo en cuenta la situación que hasta el director del hospital plantea?
- ¿Un enfermero es el profesional adecuado para determinar si un paciente representa un caso de urgencia o puede ser derivado a la sala de espera, como sucedió con Victoria?
- ¿La forma y el momento en que se produjo la puesta en funcionamiento del nuevo Iturraspe, estuvieron condicionadas por las urgencias electorales del gobierno anterior?
- Finalmente, el más doloroso de todos los interrogantes: ¿la muerte de Victoria Fernández pudo haber sido evitada?
Por ahora se multiplican las preguntas. Mientras tanto, la necesidad de respuestas resulta impostergable.
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