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Preferir alimentos puede esconder algo más que ser "quisquilloso" con la comida

Una terapeuta ocupacional nos brinda claves para abordar la selectividad alimentaria, un comportamiento que afecta principalmente a la infancia, y en un alto porcentaje entre niños o niñas con dificultades del desarrollo, neurodivergentes, y con condición del espectro autista. A veces puede perdurar hasta la adultez repercutiendo en la calidad de vida.

La selectividad alimentaria se manifiesta de diversas formas, desde la resistencia a probar nuevos alimentos hasta la limitación extrema del consumo de pocos alimentos. Este comportamiento puede tener un impacto significativo en la nutrición y la salud general, especialmente si se reduce la variedad de nutrientes esenciales en la dieta.

Es muy frecuente que se detecte en la infancia, en un alto porcentaje entre niños o niñas con dificultades del desarrollo, neurodivergentes, y con condición del espectro autista, ya que tienen como característica conductual la rigidez e inflexibilidad de sus acciones.

AIRE dialogó con la Licenciada en Terapia Ocupacional (MN 2428) Mercedes Delise, especialista en patologías terapéuticas de las infancias y la integración sensorial, quien nos explicó cómo los profesionales, como los terapeutas ocupacionales, pueden desempeñar un papel crucial en el proceso de diagnóstico y acompañamiento a pacientes y sus familias.

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Los terapeutas ocupacionales pueden desempeñar un papel crucial en el proceso de diagnóstico y acompañamiento a pacientes y sus familias.

Los terapeutas ocupacionales pueden desempeñar un papel crucial en el proceso de diagnóstico y acompañamiento a pacientes y sus familias.

“La relación con la comida inicia desde el momento del nacimiento con la lactancia materna o consumo de leche de fórmula, y se empieza a completar a partir de los seis meses con la introducción de alimentos complementarios hasta el año de vida. Por eso se dice que hay ese tiempo «ventana» para lograr un acercamiento a este nuevo universo de nutrición de manera positiva”, comenzó a explicar la profesional.

En este sentido, aseguró que es en ese lapso que se debe aprovechar para mostrar al bebé la mayor variedad de opciones de alimentos saludables, sin procesados, buscando que esa acción se sostenga hasta los 3 ó 4 años, tiempo en el que la independencia de acción lleva al menor a elegir qué le gusta y qué no.

Sobre este punto, aclaró que es justamente en esas primeras infancias cuando el rechazo o desagrado por ciertas cosas puede empezar a aparecer, porque se está explorando en gustos.

“Es natural entonces que no se busquen ciertos consumos o se prefieran otros; pero el problema aparece cuando el adulto a cargo, angustiado por ver que el niño o niña no come, comienza a ofrecer opciones ultraprocesados con tal de que coma”, detalló la terapeuta.

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En las primeras infancias aparece el rechazo o desagrado por ciertas cosas o alimentos.

En las primeras infancias aparece el rechazo o desagrado por ciertas cosas o alimentos.

“Entonces pueden aparecer los problemas de la selectividad y se empiezan a rechazar los alimentos saludables. Las familias comienzan a notar que, si no se les ofrecen patitas de tal marca o pastas de otra, no comen. Y dicho comportamiento puede recaer en carencias nutritivas que tienen consecuencias en la salud general”, agregó.

La selectividad alimentaria es multifactorial, a veces tiene que ver con una cuestión de índole oral-motora, porque para comer un postrecito no se requieren las mismas habilidades que para masticar un trozo de carne o una manzana; o por cuestiones del procesamiento sensorial, es decir, la forma en la cual se procesan, registran o perciben la información de los sentidos.

También, puede darse por una rigidez o inflexibilidad de la conducta de los niños o niñas, una característica muy usual en los pacientes con diagnóstico de TGD, por ejemplo.

“Hay un porcentaje altísimo de niños con autismo que tienen desafíos en la alimentación. Entonces muchas veces llegan la consulta niños muy chiquitos que a lo mejor a la familia se les presenta como signo de alarma la rigidez en la alimentación o mucha selectividad, y finalmente cuando hacemos el proceso de evaluación se detecta que está aparejado a otras características que son propias del desarrollo”, aclaró Mercedes Delise.

Al mismo tiempo, dejó en claro que cada caso debe ser evaluado de forma interdisciplinar, con el acompañamiento de especialistas en pediatría, neurología, fonoaudiología, nutrición y terapia ocupacional.

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La especialista indicó que la selectividad alimentaria es multifactorial.

La especialista indicó que la selectividad alimentaria es multifactorial.

En esa línea, la profesional declaró que si el niño tiene mucha sensibilidad, se trabaja con un abordaje que se llama integración sensorial, que busca el acercamiento de los alimentos de forma lúdica, haciendo una expansión de los alimentos que come de forma gradual, para que vayan aceptando distintas variedades e incluyendo nutrientes.

Además, remarcó que en la terapia trabajan basados en ofrecer al paciente similitudes sensoriales de sabor, de textura y color; y mencionó que el proceso se hace con la familia, con tareas para el hogar, y a través de estrategias de juego.

“Es una condición abordable, que con acompañamiento de la terapia puede marcar una diferencia significativa”, cerró.

Sobre la profesional

Mercedes es licenciada en Terapia Ocupacional, ejerce desde hace 15 años sosteniéndose en el área pediátrica y con experiencia en integración sensorial. Realiza consultas de forma online y en su canal tiene a disposición un test para que familias o profesionales puedan responderlo y detectar si tienen esta patología. Pueden encontrarla en sus redes sociales: @mechi.terapeuta