Hígado graso en niños: la enfermedad silenciosa que crece de la mano de la mala alimentación y el sedentarismo
El aumento de casos de esteatohepatitis no alcohólica en consultorios pediátricos revela una cruda realidad: la falta de juego, el abuso de pantallas y el entorno familiar sostienen una problemática global que ya muestra sus secuelas.
El hígado graso infantil suele detectarse mediante análisis de sangre y ecografías realizadas por sospecha de sobrepeso u obesidad.
La aparición cada vez más frecuente de cuadros de hígado graso en los consultorios de nutrición infantil preocupa a los especialistas. Esta patología, técnicamente llamada esteatohepatitis no alcohólica y antes asociada exclusivamente a los adultos, avanza en los niños como una consecuencia directa de una problemática que se refleja a nivel nacional pero que en realidad recorre el mundo: el aumento del sobrepeso, la mala alimentación y el sedentarismo.
Te podría interesar
Si no se detecta y trata a tiempo, este diagnóstico funciona como la puerta de entrada al síndrome metabólico, la diabetes tipo 2, problemas cardíacos, hipertensión arterial y, en casos extremos, fallos hepáticos graves con necesidad de trasplante. En diálogo con AIRE, la doctora Luisina Escobar, licenciada en nutrición (Mat. Provincial 7059), e integrante del Comité de Nutrición de la Sociedad de Pediatría Filial Santa Fe, advierte sobre los riesgos de llegar tarde a una enfermedad que no presenta síntomas visibles y que requiere un cambio urgente en la estructura familiar.
El aumento de casos tras la pandemia
El incremento de casos en el consultorio responde a un contexto global sumamente preocupante del cual nuestra región forma parte. "La realidad actual argentina y también a nivel mundial, o sea, no escapa, pero Argentina está con los mayores números, es que tenemos más números de sobrepeso y obesidad", advierte Escobar.
Según la última encuesta de nutrición, que la especialista considera desactualizada porque fue realizada en 2018/2019, entre cuatro y cinco chicos de cada diez ya tenían sobrepeso u obesidad.
Esta situación se profundizó notablemente desde la pandemia en adelante, donde el confinamiento generó un pico de aumento de peso y un claro retroceso en los hábitos cotidianos de las infancias.
El gran peligro del hígado graso es que se trata de una patología silenciosa. Al ser extremadamente raro que presente síntomas, solo se puede diagnosticar si existe una preocupación familiar que motive la consulta, o bien mediante la pesquisa y el control de rutina que realizan los pediatras al sospechar del exceso de peso.
El diagnóstico se confirma a través de un laboratorio de sangre y una ecografía abdominal, o resonancia en algunos casos, aunque la ecografía es la más solicitada. "La mayoría de los casos ya nos vienen con lo que se llama esteatosis hepática, que es el depósito graso en el hígado que ya es una complicación de ese sobrepeso, o sea, ya estamos un poquito más tarde, digamos, en la intervención y sí hay un aumento considerable de casos", explica la especialista.
Salvo casos excepcionales de disfunciones genéticas o metabólicas más raras que corresponden al territorio del hepatólogo o gastroenterólogo, el hígado graso que se observa en la práctica diaria está directamente asociado al exceso de grasa corporal secundaria a la mala alimentación.
Los riesgos de la grasa abdominal y la evolución hacia el trasplante
La acumulación de grasa corporal, detectable clínicamente cuando la grasa se centra en la zona abdominal y se mide el perímetro a nivel del ombligo, habla de un riesgo metabólico importante porque esa grasa está depositada dentro de órganos vitales. Escobar detalla que la enfermedad evoluciona por etapas bien marcadas.
Comienza con una esteatosis leve a moderada donde hay infiltración grasa en el hígado visible por imágenes, pero el órgano todavía funciona bien y las pruebas de sangre muestran transaminasas normales.
Si el cuadro avanza sin modificaciones en el estilo de vida, se produce la elevación de estas enzimas y una inflamación del hígado que puede conducir a la fibrosis. "Fibrosis es como cuando tenemos un tejido cicatrizal que ya se endurece y que ya no funciona. Esos son los pasos que: vamos acumulando grasa, después el hígado se inflama, después ya se fibrosa porque ya se hace esa secuela, digamos. Y ahí tenemos más riesgo de cáncer de hígado. Y en el fallo hepático puede conducir al trasplante hepático. Estar en insuficiencia hepática es una condición bastante grave que requiere hospitalización", describe con preocupación.
Cuando se llega a este punto, la situación es crítica porque ya se considera una complicación instalada de la obesidad, demandando una intervención interdisciplinaria mucho más intensiva junto a pediatras, nutricionistas y gastroenterólogos que en aquellos niños que solo tienen sobrepeso sin esteatosis.
La falta de conciencia y la encrucijada en la mesa familiar
La causa detrás de este diagnóstico está "100% directamente relacionado al consumo excesivo de azúcares ultra refinados, ultraprocesados, grasas y en exceso también. O sea, no hay consumo o es muy nulo de frutas, de verduras, de agua".
Escobar remarca que en el ámbito pediátrico el niño no se maneja solo y depende exclusivamente de un adulto. "El niño repite lo que ve en la casa y si el niño toma gaseosa es porque ve a su mamá o a su papá tomar gaseosa o a su hermano, y es por lo porque es lo que tiene disponible, porque ellos no son los que hacen las compras en supermercado, no son los que manejan la economía de la casa", afirma.
Esto genera una encrucijada difícil de resolver en la consulta médica. Como las consecuencias de estas enfermedades crónicas no transmisibles no se ven en el corto plazo, no existe una conciencia clara del peligro.
Incluso se generan contradicciones frecuentes en la mesa familiar, donde los tutores pretenden que el niño coma verdura mientras ellos consumen una hamburguesa al lado, provocando que el hijo asuma que él es el problema.
Niños encerrados: el abuso de pantallas y la pérdida del juego
A este panorama alimentario se le suma el sedentarismo tecnológico. Hoy los niños pasan entre cuatro y seis horas diarias frente a una pantalla, ya sea un celular, una tablet, una computadora o el televisor.
La preocupación de los pediatras es alarmante al notar en el consultorio que "hay niños que no saben jugar, o sea, eso es gravísimo. No saben lo que es salir al parque, a la vereda, no conocen al vecinito que vive al lado, están realmente encerrados". La especialista advierte que enviarlos a un club una hora dos veces por semana es insuficiente ante la necesidad biológica de movimiento.
La recomendación médica es promover la actividad física diaria e integrada a la rutina: movernos todos los días, ir caminando a la escuela si se dan las posibilidades en lugar de usar el auto o la moto, ayudar en las tareas del hogar o salir a hacer los mandados con los padres.
La receta médica: alimentación saludable y compromiso familiar
Escobar enfatiza que las intervenciones terapéuticas deben ser guiadas por los adultos y abarcar a toda la familia bajo el concepto de educación y empoderamiento, eliminando del vocabulario las palabras permitido o prohibido. Si la alimentación saludable es la norma en el día a día del hogar, el consumo de otros productos en un cumpleaños o un evento familiar no debe generar culpa ni daño.
Para revertir y prevenir la enfermedad en casa, las pautas indispensables consisten en intentar que los niños desayunen, cumplir con las cuatro comidas diarias, asegurar que la mayoría del plato contenga vegetales, garantizar la presencia de proteínas a través de las carnes e incorporar frutas frescas.
Asimismo, es fundamental evitar el picoteo constante, reducir al mínimo los ultraprocesados, no comprar productos de panadería todos los días, evitar agregar azúcar a las preparaciones y erradicar por completo los jugos y gaseosas, estableciendo el agua como la única bebida de la familia.
La recomendación final para los padres que detecten que su hijo aumentó de peso en el último periodo es no quedarse con eso y manifestar la preocupación activamente ante el pediatra de cabecera o consultar con licenciadas en nutrición y especialistas en nutrición infantil, un servicio disponible también en el hospital público para iniciar a tiempo el cambio de hábitos desde los adultos hacia los niños.








