Santa Fe cumple un papel central —aunque poco visible— en la producción del suero antiescorpiónico que se utiliza en todo el país. No lo fabrica, pero sí aporta un insumo indispensable: alacranes vivos de importancia médica, capturados bajo estrictos protocolos y enviados al Instituto Malbrán, el único organismo autorizado en la Argentina para elaborar este antídoto.
“La captura de alacranes es una actividad de alto riesgo. Tiene una técnica muy específica y debe ser realizada solo por equipos entrenados”, explicó a AIRE la doctora Analía Chumpitaz, directora de Promoción y Prevención del Ministerio de Salud de Santa Fe. La advertencia apunta directamente a la comunidad: no intentar capturas caseras ni salir a buscar al animal tras una picadura.
Captura especializada y trabajo en territorio
En la provincia, esta tarea está a cargo del Programa de Zoonosis y Vectores. Los equipos trabajan con habilitación sanitaria y ambiental, y planifican las capturas en sitios donde se sabe que hay presencia de escorpiones: galpones, sótanos, cámaras cloacales o lugares señalados tras un accidente.
El foco está puesto en especies del género Tityus, especialmente Tityus trivittatus (actualmente denominado Tityus carrilloi), responsable de la mayoría de los casos de alacranismo en la región.
Las capturas se realizan de noche, cuando el alacrán está más activo. Se usan pinzas largas para evitar el contacto directo, frascos de vidrio grueso con tapa perforada y linternas de luz ultravioleta, que permiten ver al animal fluorescente en la oscuridad. No se utilizan trampas ni productos químicos: el alacrán debe estar vivo y en buen estado para poder ser utilizado.
El alacranario y el envío al Malbrán
Una vez capturados, los ejemplares se alojan en un alacranario provincial, con temperatura y humedad controladas. Allí se los alimenta con insectos vivos y se lleva un registro detallado por especie y procedencia. Incluso se producen nacimientos dentro del mismo alacranario.
Cuando se alcanza un número determinado, los alacranes se trasladan al Instituto Malbrán, separados por especie y bajo condiciones seguras. Santa Fe realiza envíos cada dos o tres meses. El último, a comienzos de diciembre, incluyó alrededor de 100 animales. En primavera y verano los traslados suelen incrementarse, ya que aumenta la población de escorpiones.
Un sistema solidario y un proceso complejo
Aunque Santa Fe es una de las provincias que más alacranes aporta, esto no implica recibir más suero. “Es un sistema solidario. Lo que se envía sirve para todo el país”, aclara Chumpitaz.
Cada alacrán puede ser utilizado varias veces para extraer veneno mediante una leve estimulación eléctrica en el telson, sin que el animal muera. Ese veneno se utiliza para generar anticuerpos en equinos, que luego pasan por un largo proceso de purificación, control de calidad y validación sanitaria. Todo el circuito es complejo y lleva tiempo.
Casos estables en el Hospital Alassia
En Santa Fe, uno de los principales centros de referencia para la atención de picaduras es el Hospital de Niños Dr. Orlando Alassia. Desde la institución indicaron que los ingresos por alacranismo se mantienen estables respecto de años anteriores.
Si bien aún no cuentan con los números finales de 2024, en ese año se registraron 82 ingresos por cuadros graves, mientras que en 2023 habían sido 70. “Se ha mantenido con respecto a años anteriores”, señalaron desde el hospital.
Actualmente, el Alassia cuenta con suero antiescorpiónico disponible para atender los casos que lo requieran.
Prevención y consulta precoz
Desde el Ministerio de Salud insisten en que no todas las picaduras necesitan suero. Solo los casos moderados o graves, que suelen darse con mayor frecuencia en niños pequeños y en personas con comorbilidades.
Ante una picadura, la indicación es clara: consultar de inmediato al centro de salud más cercano, no colocarse sustancias ni automedicarse y, como única medida inicial, aplicar hielo en la zona. Tampoco se debe intentar capturar al alacrán.
En la provincia, la estrategia sanitaria prioriza trasladar el suero y no al paciente, para reducir tiempos y riesgos.
Detrás de cada dosis de suero antiescorpiónico hay un trabajo silencioso que combina técnica, cooperación entre provincias y prevención comunitaria. Un esfuerzo sostenido que, en Santa Fe, empieza mucho antes de que ocurra la picadura.





