Energizantes en adolescentes: una bebida que promete energía, pero suma riesgos en una etapa clave del desarrollo
Las bebidas energizantes contienen cafeína, taurina, azúcar y otros estimulantes que pueden afectar a los adolescentes. Cuáles son los riesgos de consumirlos y por qué tampoco se recomienda el café en los jóvenes.
Las bebidas energizantes contienen cafeína, taurina, azúcar y otros estimulantes que pueden afectar a los adolescentes.
Las bebidas energizantes se instalaron entre los adolescentes como una opción rápida para mantenerse despiertos, estudiar, entrenar o simplemente acompañar una salida.
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Pero detrás de esa promesa de energía hay una combinación de sustancias que, según advierte la pediatra María Sol Ballarini, especialista en adolescentes y deportología infantojuvenil e integrante de la Sociedad Argentina de Pediatría, filial Santa Fe, no está recomendada durante la infancia ni la adolescencia.
La discusión volvió a instalarse a partir de un proyecto presentado en la Legislatura santafesina que busca prohibir la venta y el consumo de bebidas energizantes en menores de 18 años. Para Ballarini, la iniciativa sería positiva porque, desde la perspectiva pediátrica, estas bebidas directamente no deberían formar parte de la alimentación de los menores.
“Desde la parte pediátrica y la parte de viatría, que es la parte de los adolescentes, son sustancias o bebidas que están completamente prohibidas. De hecho, debería estar prohibida la venta y el consumo en menores de 18 años, igual que lo que sería el alcohol”, sostiene en diálogo con AIRE.
El problema no está solamente en el azúcar. Las bebidas energizantes contienen cafeína, taurina y otros estimulantes del sistema nervioso. Y el momento de la vida en que suelen comenzar a consumirse coincide con una etapa de intenso desarrollo neurológico.
“El cerebro está en crecimiento hasta los 25 años”, explica Ballarini. En la adolescencia, agrega, se produce un proceso conocido como poda neuronal, mediante el cual se van especificando las conexiones nerviosas que permitirán posteriormente desarrollar un pensamiento más complejo.
Por eso, advierte, la exposición a sustancias estimulantes durante esta etapa no es un dato menor. “Todas estas sustancias están completamente prohibidas, tanto a nivel cerebral como de otro tipo de factores que en realidad afectan, como la parte, por ejemplo, de problemas cardiológicos que pueden generar”.
Los efectos cardiovasculares aparecen entre las principales preocupaciones. Ballarini señala que se han observado casos de taquicardia, arritmias y aumento de la presión arterial. Además, remarca que los energizantes no deben confundirse con las bebidas deportivas y cuestiona la evidencia científica disponible sobre este tipo de productos.
“Los riesgos son mucho más que los beneficios”, resume. A eso se suma el impacto metabólico asociado al consumo de azúcar, ya que el consumo de estas bebidas pueden favorecer la obesidad y problemas dentales. No se trata de un único ingrediente aislado: el problema está en el conjunto de sustancias que contienen estas bebidas y en su consumo durante una etapa de desarrollo.
Café y otras formas de buscar energía
La búsqueda de una bebida que permita “rendir más” tampoco se resuelve reemplazando el energizante por café. Ballarini es categórica: el café tampoco está recomendado en la edad pediátrica, incluida la adolescencia.
“Estamos viendo mucho consumo de cafeína en los adolescentes”, señala. Y entre las consecuencias que observa menciona problemas para dormir y dificultades en la concentración.
La escena, además, se volvió cotidiana: adolescentes que salen a merendar y eligen bebidas con cafeína como parte de ese espacio de encuentro. Para la especialista, sin embargo, que una práctica se haya naturalizado no significa que sea recomendable.
En cuanto a la guaraná, Ballarini diferencia esta bebida de los energizantes propiamente dichos. Señala que no está prohibida y que podría consumirse, aunque mantiene la recomendación general de moderar las gaseosas por su contenido de azúcar.
Para reemplazar el café, menciona alternativas como la malta, aunque tampoco las considera la primera opción para una merienda o desayuno, entre otras razones porque pueden interferir con la absorción del calcio de los lácteos.
“Si uno tiene que darle opciones a un adolescente, toda la vida vamos a preferir que consuma una leche blanca que una leche con café o con algún otro tipo de ingrediente”, afirma.
El deporte tampoco justifica el energizante
Uno de los escenarios donde el consumo de estas bebidas aparece con mayor facilidad es el deportivo. Adolescentes que entrenan durante varias horas pueden percibir al energizante como una solución rápida para conseguir energía o mejorar su rendimiento.
Pero Ballarini descarta esa idea. “No hay ningún tipo de sustancia con la cual la puedan reemplazar porque no se recomienda ninguna sustancia”, sostiene.
La especialista extiende la advertencia al universo de los suplementos deportivos, un mercado al que los adolescentes también tienen acceso. Explica que muchos productos no cuentan con respaldo suficiente y que solo algunos tienen evidencia científica considerada de tipo A, entre ellos la creatina y la proteína.
Incluso en el deporte de alto rendimiento, asegura, son pocos los jóvenes que realmente requieren suplementos. Se refiere específicamente a deportistas de elite que compiten en instancias como los Juegos Sudamericanos u Olímpicos y que, por la cantidad de horas de entrenamiento y estímulo, pueden tener necesidades particulares.
Para un adolescente que entrena una o dos horas por día, de lunes a viernes, la indicación es mucho más sencilla: alimentación adecuada, completa y equilibrada.
“Un paciente que entrene de lunes a viernes una hora, dos horas por día, ni siquiera necesita ningún tipo de suplemento más que la alimentación balanceada y completa en la casa”, afirma.
La prioridad, entonces, debería estar en no saltear comidas y sostener desayuno, almuerzo, merienda, cena y colaciones cuando correspondan.
El mismo criterio sirve para cuestionar otra práctica cada vez más extendida: reemplazar una comida por un batido de proteínas porque resulta más rápido. “Me hago un cup de proteína, me hago un batido y con esto reemplazo y en realidad no se reemplaza nada”, advierte.
El exceso de proteínas tampoco es inocuo. Ballarini señala que no todos necesitan la misma cantidad y que una ingesta excesiva puede generar sobrecarga renal. La cantidad de proteína que un adolescente necesita, remarca, no es necesariamente la misma que requiere un adulto.
La otra mitad del problema: dormir
En la conversación sobre energizantes aparece una cuestión central: ¿por qué los adolescentes sienten que necesitan algo para mantenerse despiertos?
Para Ballarini, la respuesta muchas veces está en otro lugar. El descanso es uno de los pilares del rendimiento y, sin embargo, es uno de los aspectos que más se descuidan.
“Un adolescente recomienda nueve horas por día y cuando uno se pone a hablar con ellos ni siquiera llegan a seis horas”, cuenta a partir de lo que observa en el consultorio de deportología.
La falta de descanso aparece incluso en adolescentes que realizan actividad física con frecuencia y llegan a la consulta por lesiones, calambres o dolores. Cuando se analiza su rutina, muchas veces entrenan, calientan y cumplen con la actividad, pero fallan en cuestiones básicas: alimentación y sueño.
El problema alcanza también a los adolescentes que no practican deportes y pasan buena parte del día frente a pantallas.
La siesta tampoco compensa necesariamente la falta de sueño nocturno. “Lo primero que te dicen es: ‘Bueno, sí, pero yo duermo cuatro horas de siesta’”, cuenta Ballarini. La explicación que les ofrece apunta a que durante la noche se producen procesos hormonales vinculados al crecimiento y funciones de reparación del organismo.
La especialista utiliza una comparación para que los adolescentes puedan comprenderlo: “Les hacemos el cuento como Cenicienta: a las 12 tenés que estar, el cuerpo tiene que estar ya dormido hace por lo menos dos horas como para empezar a reparar y a cumplir todas las funciones”.
En los deportistas, la relación entre descanso y rendimiento se vuelve todavía más evidente. El músculo necesita recuperarse después del entrenamiento y el organismo requiere del sueño para desarrollar funciones de reparación.
“Si vos realmente querés un buen resultado, tenés que comer bien y dormir bien”, resume.
Y agrega una definición que atraviesa todo el problema: “El sueño es creo que de todos los factores que debería ser, que yo siempre les digo, las cosas más baratas que hay en nuestra vida para poder tener un buen rendimiento y sin embargo es la que más cara sale porque ningún adolescente cumple con las horas de sueño”.
Una prohibición que necesita algo más que una ley
Para Ballarini, prohibir la venta de energizantes a menores de 18 años sería una medida positiva. Pero la existencia de una ley no garantiza por sí misma que el problema desaparezca.
“Sería la verdad que sería maravilloso. El problema es que nosotros muchas veces lo que tenemos es que las leyes están, pero no hay quien las cumpla”, advierte.
Como ejemplo menciona la prohibición de venta y consumo de alcohol para menores de 18 años y la facilidad con la que, en la práctica, los adolescentes pueden acceder a esas bebidas.
Pero la prevención no termina en el comercio. También empieza en la casa. Para los padres que encuentran a sus hijos pidiendo un energizante en el supermercado o consumiéndolo antes de entrenar, Ballarini plantea una herramienta que puede resultar incómoda: poner límites. “Decir, trabajar con ellos el no, por más que suene difícil y por ahí que uno crea que le va a hacer mal, es fundamental”, sostiene.









