Según el médico especialista en Clínica Médica e Infectología santafesino Federico Detarsio, “el arribo de enfermedades tropicales como el dengue, zika y chikunguña –fundamentalmente en zonas del país en donde las veíamos muy esporádicamente–”; y la circulación de enfermedades estacionales como gripe en sus variantes más comunes, hasta las mutaciones más recientes, “llegaron para quedarse, y la sociedad debe estar consciente y preparada para convivir con ellas. Pero no hay razones para asustarse”.
Por diversas causas que detalló en diálogo telefónico con Aire Digital –se encuentra en estos días en San Francisco, Estados Unidos–, Detarsio también señaló que actualmente coexisten infecciones que antes se presentaban en distintas estaciones. Por eso es posible que en otoño o invierno puedan todavía reportarse casos de dengue al mismo tiempo que gripe. Aunque con la ola polar imperante, el mosquito Aedes dejará de reproducirse progresivamente.
Recapitulado, vale recordar como ejemplo que “entre mayo y junio se sumaron 69 casos de dengue, siendo unos pocos y aislados en las últimas semanas”, según el informe El brote más importante de dengue en la ciudad de Santa Fe escaló a 356 casos, publicado el 28 de junio por Aire Digital. En él también se consignaba que “tras seis meses de circulación sostenida del virus, desde el ministerio de Salud de la provincia confirmaron que la cantidad de casos escaló a 356″.
Al mismo tiempo, tres días antes, el 25 de junio, se publicaba el informe: Ya se vacunó contra la gripe a casi la mitad de la población de riesgo de Santa Fe, en donde Carolina Cudós de Epidemiología de la provincia asevera: “Hay circulación del virus de la gripe en la provincia. Hasta el momento solo se registraron casos de Influenza A (H3N2), de tipo estacional. Algunos fueron estudiados en situación de internación, pero la mayoría se dieron de manera ambulatoria y ninguno es grave y tampoco hay fallecidos a la fecha”.
—¿Cómo se explica este escenario en donde aparecen y reaparecen nuevas y viejas enfermedades, además, en momentos del año en los que no era habitual?
—Sin dudas el cambio climático es un factor desencadenante, fundamental, del arribo de enfermedades tropicales principalmente en zonas del país en donde las veíamos muy esporádicamente, generalmente asociadas a gente que viajaba hacia o desde el extranjero. Pero hay muchos factores: se observa un desplazamiento en las curvas isotermas (líneas que en los mapas meteorológicos unen los puntos de lugares del planeta que tienen la misma temperatura media anual); y el régimen de lluvias cambió. Todo esto acompañado de una urbanización desordenada, que favorece que queden aguas estancadas, reservorios para el desarrollo del mosquito transmisor del dengue; la precarización de las formas de vida, la falta de agua potable que obliga a que las personas deban tener agua reservada, depositada y estancada en determinados recipientes, son una combinación óptima para el vector que es el mosquito Aedes prolifere. Entonces, enfermedades tropicales como el dengue, zika y chikunguña han venido para quedarse. Hemos tenido (en la frontera norte del país) algún caso aislado de fiebre amarilla por la gran reemergencia de esta enfermedad en Brasil. Pero por el momento solo hay que profundizar todas las formas de prevención y no alarmarse.
Por otra parte, y en línea con lo anterior, el médico dijo que “este año hemos tenido un brote de dengue; pero se supone que ahora, cuando las temperaturas medias descienden por debajo de los 15 grados, el Aedes no se reproduce, así que hasta la próxima temporada no deberíamos tener más casos”.
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—¿Qué sucede con la influenza?
— La gripe es una “vieja conocida”. Lo que pasa es que en 2009 se produjo un cambio en sus genes, una mutación mayor, que generó una cepa más virulenta, pandémica, cosa que está perfectamente descripta, que ya ha ocurrido en la historia de esta enfermedad. A partir de allí se desarrolló una vacuna. El primer año se vacunó todo el mundo, después disminuyó la incidencia y la gente dejó de vacunarse. Ahora resurge. Así que, de todos modos, influenza hubo, hay y va a seguir habiendo.
“Por eso nuestro esfuerzo –enfatizó Detarsio– está y tiene que estar fundamentalmente apuntado a la vacunación de los grupos de riesgos; y a eso nos abocamos actualmente. Pero no alcanza todo lo que se hace y pueda hacer para prevenirla si los ciudadanos no toman conciencia de que, si están en los grupos de riesgo, deben ir a vacunarse”.
Los viajes y sus riesgos
Detarsio enfatizó que otro factor predisponente para la emergencia de estas enfermedades es el aumento significativo, en las últimas décadas, de los viajes.
“Hoy por hoy es mucho más frecuente que una persona viaje. La población se desplaza por trabajo, por vacaciones o por lo que sea. Entonces es muy fácil adquirir una enfermedad en un punto del planeta, y en 12 o 24 horas estar en el país nuevamente y desarrollar la enfermedad aquí. Sumado a ello si en su lugar de residencia está el vector (insecto), o si es de transmisión interhumana, sucede…”, describió el médico.
Y agregó: “Se trata de viajes ‘exóticos’, a zonas tropicales que eran muy poco frecuentes y ahora realmente se han transformado en destinos emergentes. Viajamos más y a lugares que antes no lo hacíamos. Ese también es un condimento a todos los que mencionaba anteriormente”.
“Por eso –enfatizó Federico Detarsio– antes de cualquier desplazamiento consultar, conocer los riesgos sanitarios potenciales de cada zona geográfica, aplicarse las vacunas que correspondan, y tomar todas las medidas de prevención que se le indique”.
El médico de cabecera también tendría que poder brindar esa información, sugirió además.
“La coexistencia de enfermedades emergentes, reemergentes o el incremento de la virulencia de las mismas es un desafío para la comunidad médica, pero está perfectamente descripto y claro cómo debemos actuar ante un síndrome febril”, dijo el infectólogo.
—¿Y cómo se los diagnostica?
—Si consulta una persona con fiebre de menos de una semana de evolución sin síntomas respiratorios claros, se considera que es un síndrome febril inespecífico. Podría tratarse de una en un conjunto de enfermedades como: leptospirosis, hantavirus, dengue, zika, chikunguña, Fiebre Hemorrágica Argentina, paludismo, entre otras. Y por supuesto que es ahí adonde hay que agudizar el criterio clínico, basarse en los exámenes de laboratorio comunes, en primera instancia; en los antecedentes epidemiológicos y de contacto con algún caso positivo, algún viaje a zona de riesgo, etc., etc.; y, en función de eso, se solicitan los estudios específicos.
En vínculo con ello, el médico clínico e infectólogo valoró y enfatizó: “Tenemos todas las herramientas para diagnosticar con precisión lo antes mencionado en la red pública de salud. En ese sentido se completa una ficha epidemiológica, muy minuciosamente con todos los datos que se solicitan, se procesa y se realiza lo que indican los protocolos. Justamente para eso, en parte, existimos los infectólogos… No le podemos hacer a una persona con fiebre análisis para todas las enfermedades que mencioné, porque es inviable, entonces hay que agudizar el criterio”.
“Es el conjunto de signos y síntomas caracterizado por fiebre de menos de 7 días de duración y sin afección de las vías aéreas superiores ni otra causa definida. Además puede acompañarse de dos o más de los siguientes signos: dolor de cabeza y/o detrás de los ojos, malestar general, dolor articular y/o muscular, diarrea, vómitos, falta de apetito y náuseas, manchas en piel, petequias o prueba del torniquete positiva, leucopenia, plaquetopenia”, según el artículo Vigilancia de síndrome febril inespecífico
Gentileza: Ministerio de Salud de la provincia de Santa Fe
—¿Hay más personas que mueren en el país o en la región por enfermedades como dengue o gripe?
—No. La carga de mortalidad no está aumentando. De hecho hubo un montón de casos de dengue en esta temporada pero la mayoría en sus formas leves. Gripe hubo dos fallecimientos en el sur provincial. Pero de personas de grupos de riesgo que no estaban vacunadas. Podemos insistir hasta el cansancio y por todos los medios. Pero la decisión de una persona adulta de vacunarse es estrictamente personal. Contra eso poco podemos hacer.
—¿Podrían agravarse estos escenarios de enfermedades ‘estacionales’ que coexisten?
—Claramente vinieron para quedarse. No sé si agravarse. En la medida que no cambie la cuestión climática, el régimen de lluvias –en realidad, el manejo humano de sus consecuencias, que no va a cambiar fácilmente porque para eso se necesitan estrategias hídricas e infraestructurales a largo plazo, que exceden a las políticas provinciales y muchas veces hasta del país, no soy muy optimista. Gripe siempre hubo. Ahora la conocemos mucho más desde la pandemia del 2009, sabemos tipificarla, si es H1N1, si es H3N2, si es B. Tenemos la vacuna, tenemos los antivirales, y además el sistema sanitario está preparado.
“Nosotros, la comunidad médica, sobre todo los infectólogos, ya actuamos en función de la presencia establecida de este tipo de patologías. Entonces si tiene fiebre inmediatamente pensamos en la posibilidad de dengue, o lo encuadramos como una gripe dentro de lo que son las ETI (Enfermedades Tipo Influenza), de los cuales la gripe no es la única, por supuesto. Así que para nosotros las ETI y los síndromes febriles ya son un tema totalmente instalado, no es de este año ni el anterior; está dentro de los diagnósticos, se les enseña a los residentes y a todas las especialidades clínicas cómo se actúa frente a un síndrome febril o una ETI, qué se indica y los protocolos a seguir”, profundizó Detarsio.
—Y por qué cree que si está tan instalado –y hasta ‘naturalizado’– en la comunidad médica y en la salud pública, que vamos a tener que aprender a convivir cuidándonos de estas enfermedades, ¿por qué la gente y los medios de comunicación se alarman y le dan tanta importancia?
—Siempre las enfermedades de infectocontagiosas, y sobre todo si no hay tratamiento específico, si no hay vacunas, generan cierto pánico. Miedo al agente externo, que viene a ‘atacar a nuestro organismo’, y nos enferma. Es mucho más fácil que la ‘culpa’ de cualquier enfermedad la tenga un microorganismo y no la propia persona, no cuidándose del sobrepeso, del sedentarismo, de su diabetes, de su hipertensión y demás. Entonces, al haber un agente externo, ‘el culpable’ es ‘otro’, y no uno mismo y sus hábitos.
“Creo que tienen que ver en parte con eso, con conductas humanas entendibles pero que debemos poner en cuestión y debate: genera mucho más pánico que venga un mosquito y me pique que no ponerme un casco manejando una moto, con la posibilidad de chocar y morir, por ejemplo. La explicación es más del orden de lo sociológico, psicológico y cultural que de lo médico, pero creo es así”, reflexionó Federico Detarsio.
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