Argentina atraviesa una situación sanitaria delicada en medio de la pandemia de coronavirus, con un panorama a nivel mundial marcado por la escasez de vacunas y la aparición de múltiples cepas más letales o más contagiosas y en las puertas de la temporada de otoño e invierno, cuando el frío empuja a las personas al encierro, lo que aumenta las posibilidades de transmisión de esta y otras enfermedades. Luis Cámera, jefe de Geriatría del Hospital Italiano, médico clínico y uno de los especialistas que integran el comité de asesores del gobierno nacional, dialogó con Aire de Santa Fe y realizó un análisis de los desafíos que enfrenta la sociedad.
Durante la entrevista con Luis Mino en Ahora Vengo, el especialista insistió en la necesidad de respetar los protocolos de cuidado para mantener la transmisión del virus en "un grado de contagio tolerable" sin tener que cerrar actividades. Para lograrlo, Cámera considera que es necesario aumentar el control del comportamiento de la población. Advirtió que la cepa de coronavirus surgida en Manaos, Brasil, tiene el doble de letalidad en los jóvenes y explicó que hay tres datos que siguen siendo fundamentales de observar para tomar las medidas necesarias: el porcentaje de ocupación de las camas UTI, la frecuencia de duplicación de casos y la tasa de mortalidad.
— ¿En qué cambia la situación si no tenemos las vacunas?
— Habrá que emplear algunas estrategias un poco más creativas que ya están circulando, con las que estaría de acuerdo, como aplicar una sola dosis. Tanto la vacuna de Sputnik como la de Astrazeneca están fallando en su producción y no tenemos certezas de cuándo van a llegar. Me parece muy bien que el presidente haya hablado y haya sincerado la situación, poniendo el problema sobre la mesa. Los países ricos se llevaron toda la estantería y no dejaron ni las migajas, y ahora estamos esperando si aparecen más fabricantes de vacunas, que hayan quedado un poco atrasados. La escalada de producción tiene problemas mundiales, incluso los países de Europa no consiguen las vacunas que necesitan.
— ¿Cómo se puede calificar la situación?
— Es una situación difícil pero manejable. No creo que sea más grave que lo que pasó el año pasado, porque el sistema de salud ya está preparado. Si hacemos un control del comportamiento de la población, podemos mantener funcionando muchas actividades en coexistencia con un grado de contagio tolerable y no tener que caer en cuarentena general. En todo caso, si en alguna región la situación se complica, se aplica una cuarentena estricta de 14 días para mitigar la circulación viral. También se está considerando la posibilidad de utilizar la Sinopharm en los mayores de 60 años.
— ¿Son fundamentales los testeos?
— No tanto. Hay datos científicos que demuestran que en la Argentina se testeó bastante: la Ciudad de Buenos Aires hizo un estudio que afirmaba que para diciembre, el 15% de la población ya había tenido coronavirus. Cuando eso se contrastó con la cantidad de testeos, se vio que la relación era 1 a 3 o sea que cada tres casos positivos uno había tenido testeo positivo, que en los términos de la OMS esta bien. La provincia de Buenos Aires hizo un trabajo similar en el conurbano y la relación que le dio fue de 1 a 3,5. La cantidad de testeos no fue insuficiente. Lo que sí falló un poco fue el aislamiento: tanto el control social de la población una vez que tenía el diagnóstico y mucha gente que tenía síntomas seguía circulando. Ante el más mínimo síntoma, uno se tiene que aislar y hacer lo posible para no contagiar a sus convivientes. Y eso se logra mediante el aislamiento y el uso de barbijo dentro de la casa, que protege de la transmisión aérea.
— ¿Cómo pueden complicar la situación las nuevas cepas?
— Bueno, claramente van a significar una complicación. En Europa el panorama se complicó por las nuevas cepas y nosotros tenemos Brasil al lado con una cepa que tiene dos cosas feas: por un lado, contagia más; y por otro, es más letal con los jóvenes. Me acaban de mostrar un estudio hecho en Manaos y la mortalidad entre los jóvenes ya es del doble. Y como si no fuera poco, a los que ya han tenido covid, los vuelve a infectar. Esto es preocupante porque tenemos una gran frontera con Brasil y hay ciudades como Uruguayana, frente a Paso de los Libres, que tiene su hospital colapsado. Para tomar las mejores medidas frente a esta situación, necesitamos el informe del Malbrán, que está analizando muestras de todas las provincias y en estos días va a informar en qué ciudades hay circulación de la cepa de Manaos. Si hay circulación, creo que nos va a hacer falta una fuerza pública para controlar a la población.
— ¿Usted es partidario de volver al aislamiento?
— Sería el último recurso. Si el virus se pone difícil sí, pero no me gustaría hacer ningún tipo de restricción en este momento, sacando la fronteras. En noviembre y diciembre tuvimos dos millones de personas circulando en manifestaciones –N. de R. en referencia, entre otras actividades, al velorio de Maradona–. Todavía estamos pagando las consecuencias de eso. El virus se estaba yendo en ese momento y lo invitamos a quedarse. Todo el rebrote lo debemos a esas movilizaciones y a las fiestas de fin de año. Fue un mes y medio de pérdida de la conducta de cuidado ante el virus.
— Ahora viene Semana Santa, con todo su movimiento turístico. ¿Cuáles son sus recomendaciones?
— Que se mantengan a rajatabla los estándares de cuidado. Los protocolos están escritos pero no hay un sistema de control, entonces sé lo que tengo que hacer pero me resisto y no lo hago. En mi opinión, habría que frenar la nocturnidad, que es muy complicada, porque no hay ningún tipo de cuidado. No se quiere controlar porque hay temor, aparece la palabra represión como si fuera los '70, y esto no tiene nada que ver con los '70. Si uno va a Europa, son muy fuertes las sanciones a quienes no cumplen las medidas sanitarias. Si cumpliéramos todos los protocolos, no habría necesidad de cerrar nada. Es necesario ceder un poco ahora para no tener que ceder mucho después.
— Según sus proyecciones, ¿cuántos casos diarios tendremos en mayo?
— Según las proyecciones, será similar a la primera ola, entre 10.000 y 14.000 positivos por día. Pero en realidad lo que hay que mirar es el porcentaje de ocupación de las camas UTI, el periodo de duplicación de casos y la tasa de mortalidad. Por ejemplo, hay estándares internacionales que establecen que en el caso de la Argentina, si tenemos más de 320 fallecidos por día hay que hacer una cuarentena estricta. Es un protocolo que el Ministerio de Salud ya aplicó y que hay que reflotarlo para que todos los gobernadores e intendentes lo tengan en cuenta, y poder hacer cierres parciales para controlar los brotes cuando sea necesario, con una precisión lo más quirúrgica posible para no afectar la economía. Hay que disminuir lo recreativo todo lo posible para poder sostener lo productivo.
— ¿Cómo les explicamos a los chicos de 18 o 20 años que tienen que colaborar?
— Es muy difícil. Sería importante que aprendan a obedecer de vez en cuando. Dejar de manejarse por sus pulsiones y obedecer. Sí es muy importante haber vuelto a la presencialidad en las escuelas. Por eso digo que no puede ser que aparezca una manifestación de 200.000 personas y luego tenga que cerrar las escuelas. Eso no puede ser. El otro día en el partido —N. de R. el superclásico que Boca y River jugaron el domingo 14 de marzo— había 10.000 personas amontonadas y sin barbijo. Si nos guiamos por las estadísticas, 150 tienen que haber tenido covid. Esas 150 contagiaron a otras 300. Esas 450 personas contagiadas vuelven a sus casas y contagian a sus familias. Se hace una escalera logarítmica imposible de controlar.
— ¿Cuáles son las principales consecuencias a largo plazo del covid en los jóvenes?
— Lo más notable y molesto para los pacientes jóvenes es que muchos quedan con el olfato y el gusto disminuido o alterado. Otra cosa muy frecuente es el llamado síndrome de fatiga crónica: el paciente está cansado continuamente, el físico no le da y tiene dolores. El cuerpo le demanda dormir más de una vez al día y ya no puede hacer los ejercicios que hacía antes. También algunos trastornos cognitivos, como la pérdida de atención. En las personas ancianas la principal afectación es a nivel pulmonar: los pulmones quedan mal y su reparación demanda mucho tiempo.
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