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Salud teléfonos celulares | Santo Tomé | Ministerio de Educación de Santa Fe

Celulares en el aula: la estrategia de una escuela de Santo Tomé para regular su uso sin prohibirlos

La distracción que generaban los dispositivos en el aula, obligó a la comunidad educativa de la escuela 340 a implementar el uso de boxes.

Frente a este escenario, un gran número de países tomaron medidas concretas, mientras que otros analizan la forma de combatir la epidemia que genera el "chupete digital". En el caso de Suecia, desde este año, prohíbe los celulares en las escuelas; Países Bajos ya los vetó en las aulas y reporta mejoras en la concentración y el clima escolar; en esa misma línea Chile avanzó en 2025 con una ley que entró en vigencia este 1° de enero. Incluso organismos internacionales como la UNESCO respaldan estas regulaciones.

Mientras el Ministerio de Educación de Santa Fe avanza en protocolos para regular e incluso prohibir el uso de celulares en las escuelas, la escuela decidió probar un camino propio: ordenar su uso sin quitarlo del todo.

En ese contexto, la escuela 340 República del Perú (EESO) de Santo Tomé, implementó desde el 2025 un sistema de guardado obligatorio de teléfonos durante las horas de clase. La iniciativa nació de una preocupación concreta: tras la pandemia, la distracción y la dependencia al celular se volvieron un problema cotidiano en las aulas.

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 Cada casillero de la caja está numerado según el listado del curso.

Cada casillero de la caja está numerado según el listado del curso.

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“Nos dimos cuenta de que la sanción no estaba dando resultado”, explica a AIRE la directora de la institución, Mariela Catena. Antes del nuevo esquema, el uso indebido del celular se resolvía con llamados de atención y, en caso de reincidencia, sanciones disciplinarias. El problema era que las observaciones se repetían a diario y siempre con los mismos estudiantes. “Si seguíamos así, muchos iban a perder la regularidad por sanciones”, admite.

De la sanción a la organización

En la actualidad, la 340 tiene 41 divisiones distribuidas en dos turnos y una matrícula que supera los 1.100 alumnos. El desafío de implementar esta estrategia no era menor, pero la comunidad educativa lo tomó como un desafío.

La prueba piloto comenzó el año pasado en primero y segundo año. La cooperadora compró 21 cajas con compartimentos individuales, uno por estudiante. Cada casillero está numerado según el listado del curso. Al ingresar al aula, los alumnos deben apagar o silenciar el teléfono y colocarlo en el espacio que les corresponde, con la pantalla mirando hacia la pared.

Un delegado retira la caja antes de cada clase. Si algún dispositivo no está guardado, el docente lo recuerda. Al finalizar la hora, los estudiantes lo retiran. El procedimiento se repite en cada bloque.

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La prueba piloto comenzó el año pasado en primero y segundo año. Este año, la estrategia se extiende al resto de los cursos.

La prueba piloto comenzó el año pasado en primero y segundo año. Este año, la estrategia se extiende al resto de los cursos.

LEER MÁS ► Menos pantallas, más vínculos: el debate por la restricción del celular en la infancia y la adolescencia

A pesar de que parece un procedimiento simple su puesta en práctica implicó acuerdos internos y diálogo con los alumnos. La resistencia también se hizo presente, advierten desde la escuela, sin embargo el respaldo fue mayor y los resultados positivos. Es por esto que el sistema se extendió a todos los cursos.

No prohibir, sino enseñar a usar

La decisión institucional se apoya en una convicción: prohibir no alcanza. La directora coincide en que la regulación que impulsa el Ministerio de Educación de Santa Fe, es necesaria, pero advierte que su implementación no será sencilla.

“Nosotros no estamos en contra de la tecnología. Queremos que aprendan a usarla de manera responsable”, señala. De hecho, cuando un docente necesita el celular con fines pedagógicos —por ejemplo, para buscar imágenes en una clase de arte— se permite su uso, pero luego debe volver a la caja.

La pandemia marcó un punto de inflexión. Durante la educación remota, el celular fue la herramienta central. Después, su presencia en clase se volvió difícil de regular. Muchos estudiantes argumentaban que utilizaban el dispositivo para leer o estudiar, aunque en la práctica la atención estuviera puesta en redes sociales u otras aplicaciones.

El problema excede la distracción. La ansiedad que genera desprenderse del teléfono durante 80 minutos fue uno de los primeros indicadores del nivel de dependencia.

Según datos recogidos en encuestas internas, hubo alumnos que declararon pasar hasta 18 horas diarias frente al teléfono. “Es una generación que en algunos casos llega a una adicción”, advierte Catena.

Salud mental y delitos digitales

El enfoque de la escuela integra la dimensión educativa y la sanitaria. En línea con estudios que vinculan el uso excesivo de pantallas con ansiedad, problemas de sueño y dificultades vinculares, durante el 2025 la institución sumó talleres para docentes, padres y estudiantes.

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La decisión institucional se apoya en una convicción: prohibir no alcanza.

La decisión institucional se apoya en una convicción: prohibir no alcanza.

También organizó cine-debates y encuentros con profesionales para reflexionar sobre cómo funcionan los algoritmos y el impacto de las redes sociales en la autoestima y la conducta adolescente. Este año el proyecto institucional profundizará en delitos informáticos, consentimiento en el envío de imágenes y riesgos de viralización de contenidos íntimos.

“El mensaje es claro: una vez que algo se publica en una red social, ya no se puede controlar”, resume la directora.

El trabajo incluye a las familias. Muchas valoran poder comunicarse con sus hijos cuando llegan a la escuela, sobre todo en barrios complejos. La institución no prohíbe que los estudiantes lleven el celular, pero insisten en la necesidad de regular su uso dentro del aula. “No podemos controlar quién entra con teléfono. Lo que sí podemos hacer es ordenar qué pasa durante la clase”, explica Catena.

Más atención, pero dentro de un conjunto

¿Mejoró el rendimiento? La directora prefiere hablar de un proceso. Asegura que disminuyó la distracción en clase, aunque aclara que la atención adolescente rara vez supera los 15 o 20 minutos continuos, con o sin celular. Por eso, la estrategia se combina con cambios en la dinámica pedagógica.

El sistema de cajas no eliminó por completo los conflictos. Cuando un alumno incumple la norma, recibe una observación disciplinaria. Pero el eje ya no está en castigar, sino en construir acuerdos de convivencia.

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En la actualidad, la escuela 340 tiene 41 divisiones distribuidas en dos turnos y una matrícula que supera los 1.100 alumnos.

En la actualidad, la escuela 340 tiene 41 divisiones distribuidas en dos turnos y una matrícula que supera los 1.100 alumnos.

En una escuela de más de mil estudiantes, nada funciona sin trabajo en equipo. Facilitadores de convivencia, preceptores, docentes y directivos sostienen la iniciativa con un objetivo común: que el aula vuelva a ser un espacio de concentración y vínculo cara a cara.

En un contexto donde la provincia debate cómo actualizar una ley que quedó vieja frente a la transformación digital, la experiencia de la EESO 340 muestra que, más allá de la norma, las respuestas también pueden construirse desde abajo. Con organización, diálogo y una idea simple: estar 80 minutos sin celular no es el fin del mundo.