Adicciones 2.0: ansiedad, uso obsesivo de apps, depresión y aislamiento

El psiquiatra santafesino Matías Marzocchi repasó los principales síntomas que se evidencian en la consulta cotidiana y algunas investigaciones en desarrollo sobre el consumo y uso problemático de las tecnologías actuales.


Por Mariano Ruiz Clausen

Un “estado de alerta constante, de hipervigilancia, la atención puesta en los avisos y en las notificaciones de las redes sociales, la «instagramización» de la vida cotidiana; la ansiedad, el aislamiento y hasta la depresión”, son algunos de los ‘síntomas’ y problemáticas vinculados a la omnipresencia de las tecnologías en todas las esferas de la vida, según describió a Aire Digital el psiquiatra santafesino Matías Marzocchi. 

“Si bien no suelen ser motivo de consulta frecuente los vamos detectando en el relato del paciente, porque aparecen en él el uso de dispositivos inteligentes, de aplicaciones y redes sociales vinculados a casi la totalidad de sus acontecimientos cotidianos”, explicó el profesional.

Además sostuvo que este es un fenómeno que el “mercado” y la penetración y expansión de las tecnologías digitales se han encargado de “naturalizar”, lo que supone diversas consecuencias.  

Matías Marzocchi es médico egresado de la UNR, especialista en Psiquiatría por el Hospital Escuela de Salud Mental de Entre Ríos, magíster en Psicofarmacología Clínica, y cursa actualmente la maestría en Salud Pública.

Sus principales áreas de estudio e intervención son el vínculo entre derechos humanos y salud mental; y las distintas problemáticas del consumo (lo que antes de algún modo se definía como adicciones, o dependencias, en general).

—Marzocchi, ¿cuáles son –según su experiencia clínica o institucional– las principales problemáticas que aparecen, se disparan o recrudecen con el uso masivo de las tecnologías digitales?

—Si bien no suelen ser motivo de consulta frecuente las vamos detectando en la escucha del relato del paciente, porque aparecen en él el uso de dispositivos inteligentes, de aplicaciones y redes sociales vinculados a casi la totalidad de sus acontecimientos cotidianos. Se suele decir que es un problema de niños y adolescentes (algo real por el riesgo potencial que ello supone, a futuro) pero nos alcanza a todos.

“Porque hoy –describió Marzocchi–, los teléfonos inteligentes sustituyeron gran parte de las funciones y acciones que realizábamos sin tecnología digital; o reemplazaron a otros dispositivos. Nos levantamos con el despertador del móvil y nos vamos a dormir saludando a nuestros afectos vía WhatsApp. Esa concentración de tantas funciones de la vida en un solo aparato durante tanto tiempo trae consecuencias“.

Efectos probados y otros en estudio

El psiquiatra aseguró además a Aire Digital que “si bien estamos en una primera etapa de investigaciones sobre los posibles efectos a largo plazo de las tecnologías actuales, se observa que pueden producir alteraciones agudas y sostenidas en áreas específicas de la cognición, afectando a las capacidades de atención, de memoria y a las interacciones sociales”.

Y profundizó: “Las redes sociales virtuales pueden provocar un estado de alerta constante e hipervigilancia; los avisos y notificaciones le proponen al usuario mantener una atención dividida, lo que a su vez puede disminuir la capacidad para mantener la concentración en una sola tarea. La «instagramización» de la vida propone que la persona realice un ejercicio de selección de qué es lo que quiere mostrar al mundo, a ese mundo en donde pareciera que lo que no se muestra no existe”.

“Esto supone una extensión del comportamiento en la vida cotidiana con el adicional de la espera de la valoración del otro a partir de algo más reducido y cuantificable como el número de ‘likes’ de una foto. La consecuencia de esto puede ser un abanico de respuestas que van desde una ansiedad constante y el uso obsesivo de las aplicaciones hasta depresión y aislamiento social”, advirtió el profesional. 

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“Miedo a perderse algo de lo que pueda estar pasando”

Matías Marzocchi sostuvo, incluso, que “algunos expertos describen lo que denominan síndrome FOMO (sigla en inglés de fear of missing out), que sería algo así como el «miedo a perderte algo de lo que pueda estar pasando en tus redes sociales», o incluso en las noticias del mundo”.

—¿En qué momento todo esto que enumera podría poner en riesgo la salud mental de una persona?

—Siempre decimos que estos usos se convierten en un riesgo cuando por ello la persona deja de realizar actividades fundamentales de su vida cotidiana: tener un sueño conciliador, sostener un patrón de alimentación saludable, respetando ciertos horarios; cumplir con las responsabilidades laborales o académicas, realizar actividades recreativas al aire libre; o, lo más importante, mantener vínculos afectivos cercanos y presenciales. Y a esto debemos detectarlo los especialistas en salud mental.

“Pero es importante aclarar que no se demoniza el fenómeno. La «vida virtual» es parte de nuestra cotidianeidad y posibilitó también que muchas personas puedan encontrar allí, quizás, un ‘refugio’ más seguro y saludable que lo que encuentran todos los días en la «vida real». El foco lo ponemos en la utilización excesiva o sustitutiva”, enfatizó Marzocchi.

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“El 50 por ciento de los adolescentes manifiesta sentirse «adicto» a sus teléfonos”

Consultado Marzocchi sobre las estrategias para abordar y prevenir estas problemáticas en el campo de la salud mental consideró fundamental, primero, “garantizar que los niños no  pierdan otras actividades cruciales del desarrollo, como la interacción social (cara a cara) y el ejercicio físico”.

“Para ello –dijo– hay aplicaciones y software que restringen el uso de Internet y el acceso desde los distintos dispositivos. Los padres pueden utilizarlos y establecer reglas claras sobre el tiempo que dedican y los tipos de contenido a los que pueden acceder”.

Luego, el especialista sostuvo que estudios actuales “afirman que aproximadamente tres de cada cuatro adolescentes poseen un teléfono inteligente, de los cuales el  24 por ciento se describe a sí mismo como «constantemente conectado» a Internet y el 50 por ciento  manifiesta sentirse «adicto» a sus teléfonos”.

También dijo que “algunas recomendaciones sugieren un consumo de pantallas limitado a una 1 hora por día para niños de 2 a 5 años; y para niños de 6 años o más, se aconseja establecer límites en el tiempo dedicado a los medios de comunicación, asegurar que no interfieran en el tiempo de sueño, en la actividad física, ni en otros hábitos y comportamientos esenciales para su salud”.

Además y fundamentalmente, puso el acento en que el resguardo y diálogo constantes estén puesto en evitar que sean objeto de cualquier forma de grooming

—Qué podría –o deberían– aportar la psiquiatría y las disciplinas vinculadas a la Salud Mental para que las tecnologías estén al servicio del bienestar de las personas, y no todo lo contrario.

—Además de lo ya señalado, creo que el desafío es seguir profundizando y trabajando en la promoción de hábitos de vida saludables, en donde la inclusión de las tecnologías no afecte de modo adverso las relaciones interpersonales. Pero fundamentalmente que no estimulen conductas de riesgo en aquellas personas con marcadas predisposiciones a afecciones de salud mental.

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Más de la mitad de los chicos de entre 8 y 12 años enfrenta amenazas online

Según un informe reciente del Foro Económico Mundial y el DQ Institute que sintetizó Télam, “más de la mitad de los chicos de todo el mundo de entre ocho y 12 años –que pasa en promedio 32 horas semanales solos frente a la pantalla– enfrentan amenazas online cuando utilizan plataformas digitales”.

La investigación analizó los hábitos de 34.000 niños de 29 países. “Los resultados del estudio confirman una asociación entre el tiempo que los chicos pasan ante una pantalla (a la que le dedican, en promedio, más tiempo que al colegio) y la exposición al acoso cibernético, la adicción a los videojuegos, los encuentros fuera de línea y los comportamientos sexuales online”, según esta agencia.

De acuerdo con el estudio, en las economías emergentes las amenazas cibernéticas están más extendidas y los riesgos son un 33 por ciento mayores, en gran medida a causa de la rápida adopción de la tecnología móvil y las plataformas digitales sin que los menores hayan recibido la formación adecuada.

Para hacer frente a estas amenazas se necesitan “acciones concretas por parte de los gobiernos, la industria y la sociedad civil para ayudar a los padres a combatir las amenazas a las que se enfrentan los internautas más jóvenes”, indicaron los autores del informe, según Télam.

Uso supervisado. El control parental tanto de los contenidos como el tiempo de exposición son fundamentales

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