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La pandemia del miedo: Rosario vive paralizada por el temor a las balas

Lunes y martes, la ciudad de Rosario volvió a conmoverse por la repetición de amenazas y ataques. La militarización de los barrios no logra parar la estrategia de los grupos criminales que buscan generar terror.

Cuatro años después del covid, otra pandemia irradió las calles de Rosario: el miedo. En sólo 24 horas, el transporte público quedó dos veces paralizado por ataques planeados para exacerbar ese terror de manera muy simple, con un tiro, un piedrazo o un papel escrito con pésima caligrafía y errores de ortografía.

No hizo falta matar a cuatro trabajadores elegidos al azar como ocurrió a principios de marzo. Desde ese momento, la población absorbe el miedo de forma literal, porque, además, a lo largo de los últimos diez años, la violencia legitimó este escenario en el que las amenazas se cumplen, a pesar de que sean rudimentarias, un reflejo de los grupos criminales.

El crimen organizado domina Rosario con una precariedad y una simpleza que deja al Estado desnudo. En una ciudad patrullada por dos helicópteros del Ejército que sobrevuelan todo el tiempo y con el ruido de las aspas, pretenden sembrar esa sensación de “guerra”.

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Este último capítulo comenzó el lunes a la madrigada en el country Funes Hills, donde vive la familia de Ángel Di María. “Ni (Maximiliano) Pullaro te va a salvar”, fue la amenaza que apareció en la puerta del barrio cerrado.

La nota fue arrojada desde un auto en una bolsa negra. La intimidación se conoció cuando Di María analiza volver a Rosario Central para disputar la Copa Libertadores. Por eso, Patricia Bullrich, ministra de Seguridad de la Nación, opinó que se trata de un hecho vinculado al fútbol. El problema es que cualquiera puede amenazar en el lugar que desee.

Un par de horas después, durante la madrugada del lunes, un chofer de la empresa de colectivos Movi encontró en el ómnibus un cartel con una amenaza que advertía que iban a matar a un colectivero. Minutos después un mensaje de Whatsapp del chofer, que contaba este episodio, provocó que quedara paralizado el transporte de público de pasajeros, una medida que irradió en otras actividades, como las escuelas, muchas de las cuales quedaron despobladas de alumnos durante la mañana en el único día de clases porque hay dos días de paro antes del feriado largo.

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El peligro de salir a trabajar. El 2 de diciembre de 2023, delincuentes armados asesinaron en la ciudad de Rosario a César Roldán, un chofer de colectivos de 43 años. La misma situación se repitió tres meses después y tuvo como víctima a Marcos Daloia, de 39 años.

El peligro de salir a trabajar. El 2 de diciembre de 2023, delincuentes armados asesinaron en la ciudad de Rosario a César Roldán, un chofer de colectivos de 43 años. La misma situación se repitió tres meses después y tuvo como víctima a Marcos Daloia, de 39 años.

Ese mismo día a la noche las amenazas volvieron. Según el ministro de Seguridad Pablo Coccocioni, se produjeron cinco “incidentes” que paralizaron la ciudad el martes a la mañana.

El funcionario detalló que “hubo un total de cinco incidentes de relevancia: cuatro relacionados con colectivos de transporte público, que tuvieron lugar entre las 9 y las 11 de la noche. El primero, simplemente cartel con amenazas, pero no hubo ataque físico. Los otros tres, hubo ataque, se está esclareciendo investigativamente la modalidad del ataque y si habría involucrado o no disparos con arma de fuego. Eso, en su momento, lo confirmará Fiscalía luego de hacer los peritajes correspondientes. Luego tenemos un quinto hecho, que fue el cartel encontrado en un supermercado a las 23.40”.

La reacción de los choferes volvió a ser la misma. Y tiene su lógica en una ciudad que aún está marcada por la muerte de cuatro trabajadores al azar que ocurrió a principios de marzo, entre ellos el colectivero Marcos Daloia, de 39 años, que fue atacado de dos disparos en la cabeza en México y Mendoza, en la zona noroeste de Rosario. Murió tres días más tarde en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca).

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Con el recuerdo fresco del homicidio de Daloia, la aparición los ataques y las amenazas volvieron a paralizar el servicio. Los alumnos de las escuelas públicas y privadas quedaron sin clases el lunes. Era el único día de la semana que podrían concurrir al colegio, ya que hay un paro de 48 horas antes del inicio del feriado largo.

Lo extraño es que Rosario está convulsionada y golpeada por el accionar de los grupos criminales que no se enfrentan entre sí, como ocurría antes.

Desde el asesinato del playero Bruno Bussanich en una estación de servicios, el sábado 9 de marzo, el último de la saga de cuatro crímenes que paralizaron y conmocionaron Rosario, que el gobierno catalogó como una estrategia “terrorista”, no volvió hasta este martes a correr sangre en la ciudad.

sicario playero rosario
El salvaje asesinato del playero que se encontraba trabajando en una estación de servicios provocó conmoción entre los rosarinos.

El salvaje asesinato del playero que se encontraba trabajando en una estación de servicios provocó conmoción entre los rosarinos.

El lunes y martes de la semana pasada ocurrió algo que llamó la atención a los funcionarios. No ingresó en ninguna guardia de los hospitales ni un solo herido de bala, algo atípico. Por ejemplo, en febrero del año pasado, se contabilizaron 98 personas lesionadas con balas. Hasta el 26 de marzo se cometieron 31 homicidios. En el mismo lapso, en 2023, se produjeron 80 homicidios.

Rosario atraviesa un escenario novedoso y particular. Una instancia que no tiene antecedentes. El problema no es la cantidad de casos de violencia, como sucedió a lo largo de la última década, sino el tipo de acción que llevan adelante los grupos criminales, que el gobierno provincial y nacional coinciden en encuadrar como actos terroristas. Y está ahí puesta la preocupación del gobierno porque se observaron movimientos que abren como hipótesis que hubo acciones coordinadas entre miembros de las dos principales bandas rivales, como la de Los Monos y la que comanda Esteban Alvarado, ambos presos en las prisiones federales de Marcos Paz y Ezeiza, respectivamente.

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Este nuevo capítulo genera no solo preocupación, sino también cierto desconcierto sobre dónde pueden golpear la próxima vez. Porque el objetivo que quedó de manifiesto la primera semana de marzo es que se buscó causar conmoción.

Ese escenario se repitió antes de que comience la Semana Santa. “Pensaron que esta situación iba a arrinconar al gobierno y ocurrió lo contrario. La respuesta tanto de la Nación como de la provincia fue que con las mafias no se pacta, sino que se las combate”, señaló una alta fuente del gobierno de Santa Fe. Este perfil no está dando resultados, si se lo mide con el terror que provocan las operaciones de los grupos criminales.