miércoles 28 de octubre de 2020
ROSARIO | Juntos por el Cambio | Macri | pandemia

La interna de Juntos por el Cambio emerge en el portazo de una concejala en Rosario

La concejala Renata Ghilotti dejó el bloque de López Molina y deslizó falta de firmeza en las críticas al kirchnerismo. La salida se da en un momento donde las diferencias internas del PRO se dirimen en función de los posicionamientos en torno al kirchnerismo. La interna con Angelini y los acuerdos políticos en danza.

La concejala rosarina Renata Ghilotti abandonó el bloque Cambiemos, presidido por Roy López Molina, para armar uno propio, el quinto del universo Juntos por el Cambio dentro del Concejo Municipal, que ya cuenta con 14 bloques políticos sobre un total de 28 concejales.

Ghiliotti comunicó este martes por escrito a la Presidencia del Concejo Municipal la decisión de armar rancho aparte. No sigue con López Molina, pero tampoco se va al otro bloque PRO que preside el concejal Alejandro Roselló y que tiene como jefe político al diputado nacional Federico Angelini.

En las charlas con sus pares, la concejala aclaró que la movida está relacionada a su propia fuerza política y no al marco de gobernabilidad en el que se desenvuelve el bloque del que era parte. En principio seguirá siendo parte de la mayoría de 20 voluntades sobre 28 que, voto más voto menos, acompaña desde el inicio a la gestión del intendente Javkin, y que integran concejales de centroizquierda, La Cámpora, radicales, socialistas y el bloque de López Molina.

RENATA-GHILOTTI-PRO-ROSARIO
En la salida de la concejal Renata Ghilotti quedó flotando la idea de que el bloque que lidera Roy López Molina no es lo suficientemente crítico.

En la salida de la concejal Renata Ghilotti quedó flotando la idea de que el bloque que lidera Roy López Molina no es lo suficientemente crítico.

Ghilotti también está pensando en 2021, cuando tiene que renovar banca. Su alejamiento de López Molina coincide con el acercamiento al tándem que integran el expresidente del partido Ricardo Schlieper y el ex diputado Lucas Incicco.

Ghilotti justificó su salida en “el avasallamiento que sufre la República y la solicitud de mayor firmeza por parte de los ciudadanos afines”. Dejó flotando la idea de que el bloque Cambiemos que preside López Molina y también integra Agapito Blanco no es lo suficientemente crítico. La partida se hizo pública horas después del banderazo promovido por los duros de Cambiemos, del cual López Molina no participó ni adhirió.

Además de perder un concejal, el liderazgo de López Molina enfrentó circunstancias que no estaban en sus planes. Su adversario interno cobró relevancia cuando fue elegido segundo de Patricia Bullrich en la conducción del PRO nacional.

La interna

Roy López Molina es la figura más competitiva del PRO en Rosario. Articula a nivel provincial con el santafesino José Corral y a nivel nacional se refleja más en el perfil acuerdista de Horacio Rodríguez Larreta que en el rol de Macri.

El portazo de Ghilotti le implica perder una pieza en la durísima disputa que mantiene con el sector del diputado nacional Federico Angelini. López Molina acusa a Angelini de hacer y deshacer a su conveniencia con el partido. También de pretender una “alianza contra natura” con el socialismo que significaría regalarle el partido a Miguel Lifschitz para que haga un frente de frentes.

Del otro lado le enrostran a López Molina haber impedido, en beneficio propio, que Juntos por el Cambio haga valer su condición de primera minoría en el Concejo Municipal a la hora de elegir autoridades, lo que “se le pagó” con la vicepresidencia primera, dos presidencias y doce firmas en comisión, cargos en el gabinete del Concejo y la Oficina Municipal del Consumidor.

“Roy quedó atrapado en su juego. Esos acuerdos lo obligan a bancar a (el intendente Pablo) Javkin y a posiciones muy tibias con el gobierno nacional. No puede ser duro con el presidente y Cristina si después tiene que sentarse y acordar con La Cámpora. ¿Alguien lo vio decir algo o colgar una foto en Twitter de la marcha del 12 O?”, lo apuntan cerca de Angelini.

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Además de perder un concejal, el liderazgo de López Molina enfrentó circunstancias que no estaban en sus planes. Su adversario interno cobró relevancia cuando fue elegido segundo de Patricia Bullrich en la conducción del PRO nacional.

En Santa Fe, lo que se suponía que iba a ser una interna a dirimirse en las urnas entre él y Angelini se diluyó por la pandemia. Todo terminó en una lista única de la que no participó López Molina, pero sí el resto de los sectores: Angelini, el grupo de Ana Laura Martínez, el del centro-norte con Gisela Scaglia y el de Schlieper e Incicco; de hecho la propia Ghilotti, que hoy está articulando con estos últimos, es parte de las nuevas autoridades.

Hay otra circunstancia extraordinaria que hace olas dentro del PRO. Muy tempranamente encontró, entre la pandemia y las contradicciones internas del gobierno nacional, un “público” antikirchnerista entusiasmado con la calle, ávido de dirigentes dispuestos a saltar a la yugular con todo lo que haga o deje de hacer el gobierno, siempre con la vicepresidenta como blanco de todos los males habidos y por haber.

Clima de grieta, no de acuerdismo. En definitiva, un sector que demanda una representación furiosa e intransigente que repare el desengaño que se llevó con Macri. Es un electorado minoritario pero intenso, que por momentos pareciera estar un paso más adelante que los dirigentes. Es la interna de la derecha argentina: si Juntos por el Cambio (y específicamente el PRO) no se pone al frente, allí están carancheando los Milei y los Espert, entre otros. La derecha de la derecha.

Fuera de Sain, el PRO es hoy una oposición de baja intensidad con el gobierno de Perotti.

Oposición de distinta intensidad

En ese contexto general es que merece una lectura fina la salida de la concejala Ghilotti. Ella transmite que la salida del bloque se debe a dos razones: las relaciones de López Molina con La Cámpora y “la defensa” que hace del ministro de Seguridad de la provincia Marcelo Sain.

Este último es un tema para seguir en detalle. Así como en la interna le endilgan relaciones a López Molina con sectores del kirchnerismo, en el sector de Angelini se definen como opositores en la ciudad, la provincia y la Nación, pero hay matices: los posicionamientos sobre los gobiernos de Perotti y Alberto Fernández son muy diferentes. El argumento es la “prudencia” ante la delicada situación de pandemia, beneficio que no parece caberle a Alberto Fernández. “En lo único que somos inflexibles es con Seguridad, porque Sain no hace nada y sigue muriendo gente en niveles récord”, explica un dirigente cercano a Angelini.

Fuera de Sain, el PRO es hoy una oposición de baja intensidad con el gobierno de Perotti. No es sólo López Molina el que habla con el peronismo. También del otro lado hay contacto y diálogo, como el almuerzo días atrás que tuvieron el senador nacional Roberto Mirabella, Angelini y el jefe de la bancada de diputados provinciales Julián Galdeano, y que desde el oficialismo provincial se encargaron de hacer trascender.

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Se dijo que el temario giró sobre las próximas leyes a tratar en la Legislatura. No hay por qué descreer, aunque a nadie se le escapa que para el principal operador político del gobernador, futuro candidato a senador nacional y a gobernador en 2023, más que cinco votos de diputados que no definen nada, es estratégico evitar que el PRO arme un frente de frentes con Lifschitz y el resto del Frente Progresista.

La idea la empujan algunos senadores y dirigentes radicales que acompañaron a Macri, pero hoy por hoy desapareció de la agenda del Frente Progresista fagocitado por “el delicadísimo clima social que viven la provincia y el país”, amén de las opiniones críticas sobre una experiencia de ese tipo que se escucharon dentro del PRO, el socialismo y la UCR.

El perottismo no puede dormir tranquilo. Seguirá patrullando para detectar a tiempo y poder accionar sobre la posibilidad de un frente de frentes que unifique y ensanche la base electoral de la oposición. Que hoy suene a “alianza contra natura”, como dice López Molina, no es garantía de nada.

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