Al congelar la avena hidratada, los gránulos absorben el líquido y se ablandan, logrando una consistencia mucho más cremosa que la avena tradicional remojada en la heladera. Para quienes buscan desayunos fríos en verano, es un diferencial enorme.
Solo necesitás mezclar avena con agua, leche o bebida vegetal en un recipiente hermético. Podés sumar yogur si querés más cremosidad. La clave es dejar reposar la mezcla antes de congelarla.
Luego, simplemente dividís en porciones y las llevás al freezer. Dura hasta tres meses sin perder calidad.
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Este truco es ideal para desayunos frescos y nutritivos.
Ideas para combinar tu avena de desayuno
La avena congelada combina perfecto con frutas frescas, mantequilla de maní, chips de chocolate o semillas. Al sacarla del freezer, solo la dejás unos minutos a temperatura ambiente y ya está lista para comer.
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Un método económico para conservar alimentos y tener tus desayunos listos en minutos.
También podés usarla como base de licuados más espesos.
Congelar avena permite comprar más cantidad cuando está económica y reducir desperdicios. Además, deja armado el desayuno para días con poco tiempo, algo clave en rutinas agitadas.