Ya hemos dicho que -sin subestimar el voto bronca contra la política como un espacio capaz de consolidar a un puñado de burgueses con buenas intenciones y desatender las necesidades de las mayorías- de lo que aquí estamos hablando es de la estupefacción de un nacionalpopulismo ilustrado, alfabetizado políticamente durante los noventa y los años felices kirchneristas, liberales de izquierda acaso, amigues de las peñas, las marchas, de la argumentación racional y encadenada, que no entienden ni el lenguaje ni los códigos de esgrima emocional del neofacismo que en estos años encarnaron Bullrich y Milei.
Tanto fue el extravío que se decían cosas como “hay que dejarlo hablar, se desprestigia solo” y se preguntaban “¿quién sería capaz de votar una motosierra podando ministerios y gente, dinamitar el Banco Central, eliminar toda protección social, arancelar la educación pública y conformar un mercado libre de órganos?”.
Pues el 30,05% de les argentines, que convirtieron a Alianza Libertad en la fuerza más votada, al binomio Milei-Villaruel en la fórmula ganadora por encima de Juntos por el Cambio (que perdió 12 puntos respecto de las PASO 2021) y Unidos por la Patria, que perdió 5 puntos respecto de las primarias anteriores (en la que ya había perdido 4 millones de votos en relación con las ejecutivas de 2019).
Otra pregunta de sincera ingenuidad: “¿no será que lo que se derechizaron son los políticos y no el electorado?”. Sí a las dos cosas, pues lo que en Argentina consideramos “izquierda viable, populismo o centro-izquierda con vocación de mayorías”, lo que los conservadores y neoliberales denominan con deliberada brutalidad “kirchnerismo o comunismo estatista” es en realidad un liberalismo clásico y progresista, a la izquierda el cual hay un puñado de patrullas extraviadas que acumulan poco más del 3% y a la derecha del cual hay -no un campo- sino un latifundio, o lo que acabamos de mensurar como el 58,47% de los votos válidamente emitidos. Una pesadilla inimaginable hace menos de cuatro años, dolorosamente presentida hace unos meses y hoy convertida en realidad.
Una más y jodemos con otros asuntos: “el votante de Milei y Bullrich es puramente emocional, no racional ni ideologizado”. Pues si así fuera, uno imagina que la promesa del candidato a vicepresidente de UP Agustín Rossi (“vamos a hacer lo que haya que hacer para ganar en octubre”) debería incluir el reemplazo o desplazamiento parcial del gurú catalán Antoni Gutiérrez Rubí, quien habiendo publicado en mayo pasado una extensa nota en Infobae titulada “Decálogo para comprender y competir con el nuevo autoritarismo”, no acertó definir un menú de conceptos y couchear candidates con actitudes discursivas capaces de materializar lo que él denomina “ideas para el combate cultural”, contra una derecha alienante e irracional.
El artículo, repleto de generalidades y data sobre la pérdida de valor de la democracia a nivel latinoamericano y global, cerraba con una especia de arenga por “una reacción inmediata, organizada e inteligente (…) sin renunciar a los mejores valores democráticos y haciendo un ejercicio de autoexigencia (¿?) que nos permita derrotar al autoritarismo”. Nos vamos al siguiente párrafo sin saber de qué habla.
El peso del factor local: un peronismo desperonizado
En el bunker de UP, donde la derrota parecía previsionada y las caras denotaban una frustración moderada, se lamentaba en voz alta la ola de asesinatos y hechos de violencia de las últimas 72 horas que salpicaron la campaña y produjeron un repunte de Milei y Bullrich, que fue medido en 2 y hasta 3 puntos en las encuestas. Pero si se trata de hacer lo que hay que hacer para “darla vuelta” en 60 días, hay que mirar de frente estos números.
Para entender la magnitud de la decepción del electorado con los dos frentes que gobernaron el país en los últimos 8 años (y sin caer en la tontería de que fueron dos expresiones gemelas o de que el Frente de Todos hizo “macrismo con perspectiva de género” y desarrollo industrial) todas las cifras son relevantes; pero es particularmente clave la caída ininterrumpida y acumulada de los Salarios Registrados y los Informales. Todo esto azuzado por una promesa inexplicablemente pospuesta (ya no es “Advierto Fernández” el problema) de implementar una “suma fija” que fue largamente militada por sectores políticos y gremiales kirchneristas desde la derrota en las PASO 2021.
Antes de las PASO, el Ministro-Candidato anunció 10 medidas que se implementarían desde mañana, ninguna de las cuales tiene (ni siquiera la extensión de “Precios Justos” y mucho menos la vana promesa de Déficit 0 para 2024) impacto directo en el bolsillo de los y las trabajadoras. Es de suponer que nadie va a leer que el tercer puesto de UP -que es en realidad un triple empate técnico- permite pensar mejor lo de la suma fija y que será confirmada (pese al previsible lobby de UIA) con precisiones sobre niveles salariales favorecidos o puntos de corte.
Retomando la analogía futbolística utilizada por Sergio Massa, se puede decir que sin salariazo (no 48 horas antes de las generales sino ahora mismo) y con la ausencia manifiesta de Cristina Fernández de Kirchner en una campaña en la que falta de todo y no sobra nada, emparejar el partido para llegar a los penales (con Milei, en el dibujo ideal de la vicepresidenta) puede ser muy complejo. “Cristina no quiere quitarle centralidad a Sergio y si se muestra junto a él espanta los votos que podríamos tomar de Larreta”, valoran encuestadores afines al Patria. Pero la otra cara de la moneda es que si no se involucra es probable que los votos kirchneristas y progresistas que UP aún no recupera, sean igualmente letales.
Santa Fe en la Patria Libertaria
La gran pregunta que se hacían los encuestadores nacionales, después de las PASO provinciales del 16 de julio, era cuántos puntos era capaz de sumar Sergio Massa, luego de una derrota por casi 40 puntos en Santa Fe (solo Pullaro duplicó los votos de todo el peronismo). La estrategia fue impulsar un reordenamiento local de tropas, dirigir la campaña desde Buenos Aires y no esconder al Chivo Rossi y obtuvo un cómodo tercer lugar, 10 puntos por debajo de Juntos por el Cambio y a 14 de La Libertad Avanza. La suma de la interna de UP obtuvo 386.865 votos, menos que los 421.000 del Frente Juntos Avancemos cosechara hace casi un mes. La clave que morigeró la diferencia en la derrota fueron los 646 mil votos de Milei, pero una vez más, la provincia de Santa Fe se presenta en su formato más antiperonista desde 1983 y se suma a los 16 distritos donde los libertarios impusieron el slogan fraticida de “acabar con el kirchnerismo y con toda la clase política chorra e inútil”.
El elector antiperonista se alimenta con la lógica de que “mejor que prometer es amenazar”, está convencido de que “la culpa es del otro, del planero, del piquetero, del inmigrante y por sobre todo del peronista” y está entusiasmado con la razzia ideológica y política que prometen sus líderes.
Seguramente Sergio Massa y Cristina Fernández ya tomaron nota de que un gobierno de “unidad nacional” contra tanto odio, tiene enormes limitaciones para pescar electores por derecha en esta segunda vuelta y es clave movilizar al tercio que persiste en no votar.
No va a alcanzar con duplicar actos y recorridas y redoblar el reparto de votos. Los mercados y el FMI, por mucho que les disguste Milei, tampoco van a ayudar demasiado. Sólo queda ser y parecer peronistas, si no es mucho pedir.
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