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Política Rosario | Legislatura de la Provincia de Santa Fe | Germán de los Santos

Suspensión o destitución: qué sanción podrían aplicarle al fiscal Matías Edery

El comportamiento del fiscal de Rosario Matías Edery fue inadecuado en su trato con testigos. Es probable que lo sancionen, pero no aparecen situaciones oscuras para apartarlo del cargo.

La Comisión Bicameral de Acuerdos de la Legislatura santafesina decidió por unanimidad abrir una investigación contra el fiscal rosarino Matías Edery, uno de los principales investigadores de la Agencia de Criminalidad Organizada, que quedó en el centro de la polémica luego de que dos colegas suyos difundieran en una audiencia capturas de pantalla de un celular de Mariana Ortigala, una testigo e informante que terminó acusada por realizar extorsiones en nombre de la banda de Los Monos.

Era previsible que la Comisión de Acuerdos tome esa decisión, que tendrá dos posibles resultados: la suspensión del fiscal o la destitución del funcionario del Ministerio Público de la Acusación (MPA).

Con la documentación y las pruebas que se recolectaron hasta ahora por la Auditoría del MPA es probable que los legisladores decidan dictar una sanción contra Edery por su comportamiento inadecuado para el cargo que ocupa.

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De toda la prueba recolectada no se desprende que haya algún tipo de estrategia oscura del fiscal, sino un descuido de las formas sobre todo teniendo en cuenta el cargo que ocupa. No es algo menor. No era conveniente para las investigaciones que se llevaban adelante que el fiscal tuviera un trato cotidiano con Ortigala, a pesar de que esa información, como argumentó Edery, después no prosperara en pesquisas. Ortigala se aprovechó del exceso de confianza.

En torno al fiscal cuestionado aclaran que nunca existió protección. En uno de los documentos de descargo que presentó el funcionario de la Agencia de Criminalidad Organizada constan que se canalizó a través de otros fiscales información que comprometía a Ortigala.

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Mariana Ortigala, una testigo e informante que terminó acusada por realizar extorsiones en nombre de la banda de Los Monos.

Mariana Ortigala, una testigo e informante que terminó acusada por realizar extorsiones en nombre de la banda de Los Monos.

Pero, más allá de la discusión puntual de este caso, lo que asoma es el desorden que impera en el MPA, que desde que comenzó a funcionar en 2014 tuvo una serie de retos importantes en una provincia donde la debilidad de la Justicia Federal, sobre todo por su parsimonia ante la realidad, llevó a que los fiscales provinciales se dedicaran a investigar tramas de crimen organizado que tienen una complejidad que no existe en otros lugares del país.

En este contexto y con cierta lógica los fiscales tomaron un protagonismo público importante, muchas veces desproporcionado con el lugar que ocupan. Más allá de los defectos, el MPA logró avanzar en estrategias más profundas para ir hacia un paradigma en el que los implicados no son sólo las figuras repetidas en las cárceles, personas pobres y marginales que conforman la mayoría de la población carcelaria.

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A la par del caso que analiza la Comisión de Acuerdos de la Legislatura, se abrió una causa penal contra Edery. Eso es lo que más preocupa en el entorno del fiscal, luego de que a fines de septiembre las fiscales María Laura Urquiza y Bárbara Ilera ordenaran una inspección a la oficina de Edery, que puso a disposición su teléfono celular. Lo que más molesta a este sector del MPA es que la causa no se cierre y quede como una especie de causa pendiente permanente.

María Eugenia Iribarren, fiscal regional de Rosario, había admitido durante su visita a la Comisión de Acuerdos que existe una fuerte “crisis” en el MPA. Habló de una cuestión de egos personales, lo cual dejó en claro que, si el origen del problema es ese, su rol sería evitar que el clamor personal impere en una institución clave como el Ministerio Público de la Acusación.

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María Cecilia Vranicich, fiscal general del MPA de Santa Fe.

María Cecilia Vranicich, fiscal general del MPA de Santa Fe.

La crisis no parece ser una cuestión sólo de egos sino de la propia conducción de ese organismo que enfrenta de alguna manera una crisis de crecimiento.

La nueva conducción de María Cecilia Vranicich debería aprovechar esta situación para redefinir estrategias internas de organización, porque el riesgo que existe es que este episodio, que es grave y cristaliza debilidades, afecte la manera de investigar.

Porque nadie va a querer comprometerse a escarbar en las relaciones oscuras del crimen organizado si el final va a ser que el protagonista de la investigación va a ir a parar al banquillo de los acusados.