martes 29 de septiembre de 2020
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Omar Perotti y la gobernabilidad: lo que muere, lo que persiste y lo que falta

Hasta aquí, a pesar del experimentado gabinete elegido, resaltan los cambios sobre la marcha, jugadas políticas que terminan en callejones sin salida y una poco conducente subordinación de toda la gestión a una ley de emergencia.

La asunción de Omar Perotti hace 100 días trajo aparejado mucho ruido político en Santa Fe, en parte porque cambió el partido gobernante y en parte por otras razones. Destaquemos tres: una transición traumática que repercutió sobre estos primeros tres meses de gestión; un déficit del propio gobierno a la hora de leer las relaciones de fuerza; y el comando de la Cámara de Diputados por parte del exgobernador Miguel Lifschitz.

La suma de esos ingredientes tensiona el sistema político santafesino desde hace 6 meses. Ya que estamos en tiempos de pandemia, digamos que esa tensión es el síntoma, pero la causa es la redefinición de la plataforma de gobernabilidad de la provincia, que en la práctica significa redistribución de cuotas de poder real.

Y esa redistribución no está escrita en los manuales: se disputa en el día a día, en los alcances de una ley de emergencia o un presupuesto, en la composición de las comisiones legislativas, etc.

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Miguel Lifschitz, exgobernador de Santa Fe y actual presidente de la Cámara de Diputados de la provincia.

Miguel Lifschitz, exgobernador de Santa Fe y actual presidente de la Cámara de Diputados de la provincia.

El día D

El hito más relevante de la política de Santa Fe desde la asunción de Omar Perotti fue la reunión que mantuvo el 26 de diciembre con el presidente del bloque de Senadores del peronismo, Armando Traferri, y un rato después con los otros cinco senadores alineados con el sanlorencino.

Es una de esas fechas que no figurarán en ningún libro de historia, pero ese día, en esa charla entre dos hombres de poder que se desconfiaban mutuamente, comenzó a ordenarse el nuevo eje de gobernabilidad. Básicamente esos senadores del peronismo demandan que se les respete el papel que jugaron en los dos últimos gobiernos del Frente Progresista: como núcleo de poder aliado y no como un apéndice del Ejecutivo.

Repasemos rápidamente. Hasta el 11 de diciembre pasado, la institucionalidad política de la provincia funcionó sobre un esquema de gobernabilidad transversal nacida a principios de 2012, cuando las urnas le concedieron a Antonio Bonfatti el dudoso privilegio de ser el primer mandatario, por lo menos con la Constitución de 1962, en gobernar 4 años en minoría parlamentaria.

Ese acuerdo le dio 8 años de gobernabilidad al Frente Progresista y al mismo tiempo empoderó a los senadores, en especial a los del PJ que controlaban la Cámara de Senadores.

El acuerdo nonato

Omar Perotti y el propio Miguel Lifschitz desafiaron ese esquema el 19 de septiembre pasado, en el primer encuentro que mantuvieron en condición de gobernador saliente y electo. Con una lectura incompleta del resultado de las elecciones y confiados en que al fin y al cabo eran los dos grandes electores de la política santafesina, se encerraron a solas e hicieron acuerdos.

Pero esos planes murieron nonatos: ni el Frente Progresista le reconoció a Lifschitz autoridad para cortarse solo y hacer acuerdos sin consultarlos, ni los senadores del peronismo (todos menos uno habían conseguido la reelección) estaban dispuestos a subordinarse a Perotti. Evidentemente hubo lecturas diferentes del resultado electoral.

Ni el Frente Progresista le reconoció a Lifschitz autoridad para cortarse solo y hacer acuerdos sin consultarlos, ni los senadores del peronismo estaban dispuestos a subordinarse a Perotti

Lifschitz entendió mucho más rápido lo que acababa de pasar y dio un giro un giro 180 grados. Eligió entre quedar mal con Perotti o correr el riesgo de perder la futura presidencia de la Cámara de Diputados. No lo pensó dos veces y reactivó el armado del Presupuesto 2020 en acuerdo con los senadores del PJ.

El quiebre peronista

Omar Perotti se sumergió en un enojo justificado pero inconducente. Recibió como respuesta una demostración de fuerza sin antecedentes en la historia institucional moderna de Santa Fe: senadores peronistas y del Frente Progresista sancionaron en menos de 24 horas el presupuesto que él no quería.

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Armando Traferri, senador por el departamento San Lorenzo.

Armando Traferri, senador por el departamento San Lorenzo.

Ese evento tiene importancia porque el grupo de senadores demostró ese día lo que semanas más tarde, el 4 de diciembre, expresaría sin eufemismo el propio Traferri en la sesión preparatoria: “No volveremos al viejo Senado, cuando porque éramos mayoría bajábamos los votos y sancionábamos lo que nos pedía el Ejecutivo”, en referencia al período 1999 a 2007. Dijo que por momentos “sentía vergüenza” de ese accionar político. Y que el nuevo gobierno debía entender que “las cosas cambiaron, que desde hacía varios años en el Senado hay una búsqueda permanente de consensos, a veces es más, a veces menos, pero siempre con diálogo y respetando la división de poderes”.

Los senadores rebeldes avisaban que el modelo de poder reutemista era historia. Que el hecho de que el nuevo gobierno fuese peronista, no era razón para que resignen el rol protagónico que venían cumpliendo en la gobernabilidad de Santa Fe. Eso implicaba que se les respete el rol de interlocutores entre Ejecutivo y el resto de la Legislatura.

El mensaje era claro. Los seis senadores comandados por Traferri pueden no ser oficialismo, pero no renunciarán a ser mayoría. En ese desprejuiciado ejercicio del poder radica su fortaleza.

Los seis senadores peronistas comandados por Traferri pueden no ser oficialismo, pero no renunciarán a ser mayoría

El nuevo gobierno no pareció darse por enterado y exhibiendo falta de lectura y cintura política arremetió sin diálogo previo con la ley de emergencia sobre finales de diciembre. Hoy todos recordamos que ese proyecto murió en la Cámara baja cuando una mayoría de al menos 40 diputados la archivó de plano, en otro gesto de poder sólo comparable a cuando el peronismo hizo lo propio con la reforma tributaria que pretendía Hermes Binner.

Si no puedes vencerlos, únete a ellos

Sin embargo, estuvo a punto de correr la misma suerte en el Senado controlado por el peronismo. Y si eso no ocurrió fue porque el 26 de diciembre Perotti reaccionó a tiempo, levantó el teléfono y convocó a Traferri y a los otros cinco senadores rebeldes.

Al decir de un senador esos días: “Las sandías se acomodaron por su propio peso”. Los senadores valoraron el gesto del gobernador. Si bien le podaron parte del proyecto de emergencia, lo retribuyeron con otra demostración de fuerza, pero esta vez en clave positiva a los intereses de Perotti: en menos de 24 horas le sacaron la ley de emergencia del Senado sin votos en contra (hasta gestionaron la abstención de la UCR).

Los senadores peronistas no obtuvieron del gobierno todo lo que pretendían; pero es más de lo que el gobierno estaba dispuesto a darles al principio. Pareciera haberse construido un equilibrio.

El dilema

Por el momento, el nuevo intento por aprobar una ley de necesidad pública demuestra que el acuerdo entre el Ejecutivo y el grupo Traferri era imprescindible, pero no suficiente. Al eje de gobernabilidad le está faltando una pata sin la cual seguirá habiendo ruido más que consensos en la política santafesina.

Esa pata es la Cámara de Diputados. El gobierno deberá reestablecer un vínculo institucional allí, no porque le vayan a aprobar todo, sino para poder dialogar. El llamado del gobernador a Lifschitz este martes 17 de marzo, el primero desde aquel acuerdo fallido de septiembre de 2019, podría ser el primer paso en ese sentido.

Cien días enredados

Los primeros cien días de Perotti no lucieron, pero tiene tiempo y espalda para que la gestión tome vuelo. Hasta aquí, a pesar del experimentado gabinete elegido, resaltan los cambios sobre la marcha, jugadas políticas que terminan en callejones sin salida y una poco conducente subordinación de toda la gestión a una ley de emergencia, estrategia que generó rispideces con empleados públicos, docentes, oposición y trabajadores de la construcción.

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Así juraba Walter Agosto como ministro de Economía de Santa Fe el 11 de diciembre.

Así juraba Walter Agosto como ministro de Economía de Santa Fe el 11 de diciembre.

Como en todo gobierno, los primeros tiempos también delimitan las cuotas de poder internas. En el gabinete de Perotti, el hombre fuerte es Walter Agosto. Su poder sobre los recursos de la caja le valió distanciamiento con algunos de sus pares, pero eso es lo de menos. No son tan importantes los vínculos personales como que la disciplina fiscal desvirtúe el rol del Estado.

Este artículo debía terminar así: "superada la línea simbólica de los 100 días, el gobierno necesita salir de la emergencia económica como discurso omnipresente y poner a circular ante la sociedad los planes de gobierno". Pero bueno, ahora sí vino el lobo. Y está disfrazado de Covid-19.

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