Néstor Beroch, acusado de integrar el grupo de tareas que secuestró a los estudiantes de la Noche de los Lápices durante la última dictadura cívico militar, sin haber sido juzgado por ese hecho, murió en la localidad platense de City Bell. Con el retorno de la democracia, Beroch se desempeñó como profesor de literatura en un colegio de la ciudad de La Plata y fue descubierto por organizaciones de derechos humanos que acusaron al hombre de integrar el grupo de tareas que secuestró en septiembre de 1976 a los estudiantes secundarios que reclamaban por el boleto estudiantil, en el episodio conocido como La Noche de los Lápices.
Además, testimonios de sobrevivientes de excentros clandestinos de detención declararon haber visto al hombre en los centros de Arana y el Pozo de Banfield.
A pesar de los pedidos de los organismos de derechos humanos para que se impida al hombre el ejercicio de la docencia, recién en el 2004 el Tribunal de Disciplina de la Dirección General de Escuelas bonaerense le sacó el cargo docente por "exceso de autoridad frente a sus alumnos", no por las denuncias sobre su accionar durante la dictadura.
Marta Ungaro, hermana de Horacio, uno de los estudiantes secuestrado y desaparecido en La Noche de los Lápices, expresó que Beroch "se murió impune, sin que sea condenado por todo lo que hizo".
"Beroch fue integrante del grupo Tacuara en los '60, tenía causas por ataques antisemitas en Bahía Blanca y estaba reciclado en educación en diferentes colegios de La Plata a pesar de que fue integrante de grupos de tareas que participó en el secuestro de mi hermano", precisó.
La Noche de los Lápices
La Noche de los Lápices es el nombre con que se conoce una serie de secuestros y asesinatos de estudiantes de secundaria, ocurridos durante la noche del 16 de septiembre de 1976 y días posteriores, en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires.
En total, diez estudiantes secundarios fueron secuestrados y torturados por grupos de tareas de la dictadura gobernante, de los cuales seis fueron asesinados sin que se hallaran sus restos hasta la fecha: Claudio de Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel A. Racero y Horacio Ungaro. Los cuatro sobrevivientes fueron Gustavo Calotti, Pablo Díaz, Patricia Miranda y Emilce Moler.
Este suceso fue uno de los más conocidos entre los actos de represión cometidos por la última dictadura cívico militar argentina (1976-1983), ya que los desaparecidos eran estudiantes, en su mayoría adolescentes menores de 18 años, que fueron torturados antes de ser asesinados. La Conadep, estableció que la policía bonaerense había preparado un operativo de escarmiento para los que habían participado de la campaña por el boleto estudiantil, considerada por las Fuerzas Armadas como “subversión en las escuelas”.
El caso tomó notoriedad pública en 1985, luego del testimonio de Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes, en el Juicio a las Juntas. Además, Díaz participó de la creación del guion que llevó la historia al cine, días antes de cumplirse una década de lo ocurrido, en el filme homónimo. Cuatro de los estudiantes secuestrados sobrevivieron a las posteriores torturas y traslados impuestos por la dictadura.
Las víctimas fueron en su mayoría estudiantes de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), de la ciudad de La Plata. Esta agrupación, junto a otras escuelas, habían reclamado en 1975 ante el Ministerio de Obras Públicas, el otorgamiento del boleto de autobús con descuento estudiantil.
Esta circunstancia, junto al testimonio de uno de los sobrevivientes, Pablo Díaz, ha popularizado la hipótesis de que los secuestros hayan sido consecuencia directa de aquel reclamo. Sin embargo, otros sobrevivientes, como Emilce Moler, afirman que ese reclamo específico no tuvo ninguna incidencia en el episodio del 16 de septiembre.
Pablo Díaz afirmó que el boleto estudiantil, que habían conseguido los estudiantes secundarios en septiembre de 1975, fue suspendido en agosto de 1976 con la intención de detectar, mediante un trabajo de inteligencia, quiénes eran los líderes en cada escuela e ir a buscarlos. Al respecto, mencionó un documento hallado en la Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires, titulado La Noche de los Lápices, firmado por el comisario general Alfredo Fernández, en el que describía las acciones a realizar contra los estudiantes, a quienes se calificaba como “integrantes de un potencial semillero subversivo”.
Los secuestros y asesinatos
Las órdenes de detención, habían sido libradas por el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército y llevaban las firmas de Fernández y del coronel Ricardo Eugenio Campoamor, jefe del Destacamento de Inteligencia 101.
Lo más llamativo de las mismas es que, en todos los casos, se les asignó grado de peligrosidad mínimo a los estudiantes. Los secuestros fueron llevados a cabo por miembros de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en aquel entonces por el general Ramón Camps y Miguel Etchecolatz, usando vehículos Ford Falcon de la armada para cometer los hechos.




