Milei y el reclamo por Malvinas: ¿oportunismo electoral o giro diplomático estratégico?
El giro de Javier Milei sobre la cuestión Malvinas abrió interrogantes respecto de los motivos detrás de la nueva estrategia del Gobierno nacional.
Milei tuvo un cambio y de tinte nacionalista que desató de inmediato la desconfianza de los detractores del presidente.
En un giro copernicano respecto de la postura inicial de su gobierno sobre el conflicto con el Reino Unido por las Islas Malvinas, Javier Milei anunció el jueves último por cadena nacional una serie de medidas para reforzar el reclamo argentino sobre el archipiélago. Un cambio radical y de tinte nacionalista que desató de inmediato la desconfianza de los detractores del presidente, convencidos de que el oportunismo electoral y la necesidad de desplazar de la agenda los problemas económicos más urgentes motivaron esta nueva estrategia.
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En concreto, el Presidente anunció la decisión de endurecer las sanciones contra empresas que exploten recursos naturales –sobre todo petróleo– en las aguas que circundan las islas ocupadas y una extensión de las penalizaciones a los accionistas, directivos y compañías que les presten servicios. Una medida que apunta directamente contra el proyecto petrolero británco-israelí Sea Lion, que se propone extraer crudo a partir de 2028.
Por otro lado, Milei anticipó la creación por ley de un Consejo de Seguridad Nacional, y, lo crucial, la construcción de una base naval integrada en Tierra del Fuego que convertiría a la Argentina "en el polo logístico más importante del Atlántico Sur". Este último punto despertó no pocas suspicacias, ya que es bien sabido el interés de los Estados Unidos por hacer pie en la provincia más austral de nuestro país en su enfrentamiento con China por el control de uno de los puntos geopolíticos más importantes del planeta. De hecho, el 5 de abril de 2024 el propio Milei había anticipado que esa base se haría junto con los Estados Unidos, al acompañar a Tierra del Fuego a la jefa del Comando Sur de ese país, la generala Laura Richardson. La proyección sobre la Antártida también aparece allí como un elemento central.
Milei y el reclamo por Malvinas: abrazado a una “causa nacional”
En la Casa Rosada esgrimen que la Argentina podría aprovechar el cambio de clima global que se desató con el conflicto con Irán, sostienen, podría resultar beneficioso para el país en una eventual negociación con Gran Bretaña por Malvinas. Milei, de hecho, hizo su anuncio luego de que Donald Trump, molesto por la falta de apoyo de Londres en sus ataques a Irán, advirtiera que su país podría revisar su respaldo al Reino Unido en la disputa por la soberanía en las Malvinas.
Así, cuando menos se lo esperaba, se instaló la cuestión malvinera con un Milei abrazado a una “causa nacional” cuando lo cierto es que ésta ha sido ignorada en lo que va del mandato libertario. Es más, el presidente no ha ocultado su admiración por la primera ministra británica, Margaret Thatcher, quien declaró la guerra y dispuso la recuperación para Gran Bretaña. El 2 de abril del año pasado Milei expresó su anhelo de que los malvinenses prefieran ser argentinos, postura que cambió radicalmente en su discurso por cadena nacional, en la que enfatizó que los habitantes de Malvinas constituyen “una población implantada en un territorio usurpado” y, por lo tanto, “no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación”.
La nueva posición: ¿oportunismo electoral o giro diplomático estratégico?
Todas estas contradicciones le achacó la oposición, que advirtió que, en rigor, las medidas anunciadas por Milei no tienen nada de nuevo, pues la posibilidad de sancionar a quienes financien la explotación de hidrocarburos en Malvinas está vigente desde que se sancionó la ley 26.659 durante el gobierno de Cristina Kirchner. En cuanto a la base naval integrada, la piedra basal se colocó en 2022 y el gobierno de Milei no aportó un solo peso del presupuesto desde que asumió para avanzar en las obras.
Lo cierto es que para la oposición la reacción presidencial sobre Malvinas tiene un trasfondo oportunista y electoral en momentos en que su gestión goza del rechazo de más de dos tercios de los argentinos, especialmente por los efectos de su política económica sobre la vida cotidiana, y en medio de un reverdecer de cierto sentimiento nacionalista en la sociedad, exaltado por el triunfo argentino en el partido frente a Inglaterra en el último mundial de fútbol.
En tal contexto, la apelación presidencial a la cuestión Malvinas parece exceder largamente a la reivindicación de la soberanía. Habrá que ver cuánto tiempo más el presidente podrá seguir enarbolando esta bandera.






