"Los voy a dejar sin un peso, los voy a fundir a todos", fue la frase con que el presidente Javier Milei amenazó a los gobernadores en plena reunión de gabinete cuando supo, de boca del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, que no están asegurados los votos para aprobar el paquete fiscal contenido en su megaproyecto de ley que envió al Congreso.
La filtración de sus dichos a los medios periodísticos fue la excusa para echar del gabinete a Guillermo Ferraro, quien se desempeñaba como ministro de Infraestructura.
Lo cierto es que, más allá de la polémica que generó esta salida, la frase revela el nerviosismo del jefe de Estado ante un escenario por demás complejo en el Congreso para la media sanción de su dilecta “Ley de Bases”.
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El Gobierno va hacia un choque de trenes en la Cámara de Diputados. La sesión será convocada para el martes próximo.
El oficialismo no tiene la mayoría para aprobar los artículos medulares del proyecto:
- El alza de las retenciones en el complejo agroexportador e industrial
- La nueva fórmula de movilidad jubilatoria –que propone indexar los haberes a partir de abril-
- Las privatizaciones de buena parte de las empresas y entidades públicas –incluso aquellas que dan superávit-
- Y el destino del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Ansés.
Todos ellos hacen al corazón de la iniciativa y son claves en la obsesión del Gobierno para alcanzar el déficit cero a fin de año.
Tras arduas jornadas de negociaciones entre los delegados del Gobierno con representantes de los bloques dialoguistas –PRO, UCR, Hacemos Coalición Federal e Innovación Federal-, el oficialismo accedió a modificar algunos puntos, como retrotraer a cero las alícuotas de retenciones en 36 productos de economías regionales o la suspensión de la actual fórmula de movilidad jubilatoria.
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Pero las diferencias en torno a la suba del 31 al 33% de las retenciones a los subproductos de la soja y la industria mecalmecánica y el rechazo a que el fisco engrose sus arcas a partir de la licuación de los haberes jubilatorios se mantienen inalterables.
Aun así, los bloques dialoguistas garantizan que votarán en general la iniciativa. No solo por la magnitud de la crisis y la complejidad del ajuste, sino por una cuestión de conveniencia: la popularidad de Milei es todavía alta y negarle las herramientas para que encare su gestión los emparentaría con el kirchnerismo, un costo político que no están dispuestos a padecer.
De todas maneras, los dialoguistas impondrán sus límites y plantearán sus disidencias durante la votación en particular de cada artículo. Es en esta instancia del debate en la que el proyecto correría serios riesgos de terminar desguazado.
Esto es lo que teme el Gobierno y el propio Milei, quien reaccionó con la amenaza contra los gobernadores de dejarlos “sin un peso”.
Si bien el presidente castigó a Ferraro por haber sido quien filtró esa frase a los medios tras la reunión de Gabinete, lo cierto es que dos días antes el ministro de Economía Luis Caputo había proferido una amenaza similar.
En los círculos políticos y empresarios descontaban que la salida de Ferraro obedeció más bien a sus diferencias con el hermético Nicolás Posse, el jefe de Gabinete y alter ego de Milei.
En efecto, a poco de empezar a gobernar, el funcionario perdió dos áreas centrales –minería y energía- que pasaron a la órbita de Caputo. Ferraro y su gente tampoco pudieron hacer pie en las empresas públicas bajo su comando, como Aerolíneas Argentinas y AySA: Posse fue quien se encargó de colocar allí a sus alfiles.
La salida de Ferraro es la primera de peso en el gabinete, a 45 días de la asunción presidencial. Hasta ahora los recambios se habían dado esencialmente en el área de la Secretaría de Medios, en Capital Humano y en Salud, pero a nivel de secretarios o subsecretarios.
Según trascendió, Milei no reemplazaría al ministro saliente sino que dispondrá que todas las secretarías que integraban el Ministerio de Infraestructura, entre ellas Obras Públicas, Comunicaciones, Vivienda y Transporte, pasen a la órbita de Economía.
Así las cosas, el ministro Caputo se encamina a convertirse en el nuevo “superministro” del gabinete de Javier Milei.
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