El rotundo triunfo de Sergio Massa en las elecciones generales de ayer no fue tanto por mérito propio sino, más bien, por errores ajenos que el candidato oficialista supo aprovechar. De otra manera, no podría explicarse cómo el candidato oficialista y ministro de Economía pudo salir airoso en medio de una crisis económica extrema y de escándalos sobre corruptelas protagonizados por dirigentes de su propio palo.
¿Cómo se explica, entonces, el triunfo de Massa? Obedece a múltiples explicaciones. En primer lugar, a que el aparato peronista resurgió con toda su vitalidad después de la derrota oficialista en las Paso para fidelizar su voto duro, sobre todo en Buenos Aires. A ello se suma la mala campaña de Juntos por el Cambio y de su candidata Patricia Bullrich, que no supo siquiera captar el voto a Horacio Rodríguez Larreta en las primarias y que, en buena parte, se habría mudado a las filas de Massa.
También le fue funcional a Massa la campaña radical de Javier Milei, quien no hizo otra cosa que espantar votantes con sus rugidos y amenazas de motosierra. Massa no solo se aprovechó de los errores ajenos; también hizo uso y abuso de todos los resortes del Estado para inclinar la cancha en su favor.
El “Plan Platita” en su máximo esplendor. Hubo bonos extraordinarios de dinero para trabajadores y no trabajadores; existió también una parcial eliminación del impuesto a las ganancias, que benefició a 800 mil personas de clase media, e intercedió la devolución del IVA a jubilados, empleados y monotributistas, que significó más dinero para nueve millones de argentinos.
El manual del buen peronista
Massa actuó según manda el manual del buen peronista y fue efectivo a la hora de instalar una campaña de miedo en los últimos días de la campaña. Eso explicaría el repunte inesperado de votos que logró en las últimas dos semanas.
La segunda vuelta que lo enfrentará a Milei será otra cosa y augura un nuevo partido. Massa parte con ventaja por el envión que recibe del sorpresivo triunfo de ayer, por los recursos con los que cuenta desde el control del Estado (de los que ya ha demostrado que es capaz de usar a discreción), por la ordenada campaña que realizó, por los temores que despierta Milei, y por los errores que el libertario y sus candidatos cometieron en la campaña y le impidieron ampliar su base de apoyos.
Sin embargo, también son varias las debilidades de Massa. La primera de ellas es su cercanía con el kirchnerismo. Milei machacará sobre este punto para captar el voto frustrado a Juntos por el Cambio; necesita como el agua que los votantes de Bullrich se inclinen a su favor, única posibilidad de torcerle el brazo al oficialismo.
“Estoy dispuesto a barajar y dar de nuevo para terminar con el kirchnerismo”, fue el guiño del libertario hacia los votantes de JxC. En sus filas descuentan que el votante halcón de Pro lo apoyará con tal de defenestrar al kirchnerismo. No recibirá el mismo trato de otros sectores de la coalición después de las diatribas y los ataques que recibieron del excéntrico libertario.
En el massismo son conscientes de que la estrategia de Milei se focalizará en profundizar la grieta con el kirchnerismo. “El triunfo de Sergio, y más por esta diferencia, podría activar los resortes del antiperonismo y del antikirchnerismo y unirlos a todos en su contra. Hay que trabajar para despejar ese camino y ampliar”, decía anoche uno de los hombres que desde hace más tiempo está junto a Massa.
El ministro candidato ya dio un anticipo en su discurso triunfal de anoche. Como ya lo hizo en su campaña, ratificó que si resulta electo convocará a un gobierno de unidad nacional a partir del 10 de diciembre. En buen romance, abrirá el gabinete a sectores no peronistas, lo que no deja de causar inquietud en el kirchnerismo. Que, dicho sea de paso, ayer brilló por su ausencia en el escenario del triunfo.
Te puede interesar





