El índice de inflación de marzo (6,7%), el peor registro mensual de los últimos 20 años, fue una mala noticia para la Casa Rosada pero no causó sorpresa: el ministro de Economía, Martín Guzmán, ya había anticipado, días antes, que sería el guarismo más alto del año. Pese a los embates del kirchnerismo, que hace tiempo que reclama su salida de la cartera económica, Guzmán se mantiene firme en su puesto y, lejos de darle el gusto a La Cámpora, redobló la apuesta: reivindicó su esquema económico y advirtió que continuará adelante “con aquellos que estén alineados con el plan económico del Gobierno".
Guzmán no se quedó solo en palabras. En el primer día de la Semana Santa, pese a la resistencia del kirchnerismo, finalmente formalizó la convocatoria a las audiencias públicas necesarias para aumentar las tarifas de gas y electricidad por segunda vez en el año. Se realizarán a mediados de mayo en cumplimiento con uno de los compromisos acordados con el Fondo Monetario Internacional: reducir los subsidios energéticos en un 0,6% del PBI este año.
Los funcionarios del área de Energía que responden a la vicepresidenta Cristina Kirchner son reacios a una segunda ronda de aumentos, que arrancaron a principios de año con una suba del 20%. Entienden que los incrementos serán impopulares y que no solucionarán el grueso de los subsidios.
Sin embargo, la decisión del presidente Alberto Fernández fue la de avanzar en la actualización del esquema tarifario pese a las objeciones del kirchnerismo. El fin de semana pasado mantuvo una larga reunión con Guzmán, blanco de numerosas versiones -alentadas por usinas kirchneristas- sobre su inminente salida del gabinete.
El jefe de Estado no sólo lo ratificó en el cargo, sino que además le dio rienda para mantener el rumbo de su programa económico. Tanto Guzmán como Fernández consideran que, salvo el problema de la inflación, la economía sigue mostrando incipientes signos de reactivación en diversas actividades, lo que se refleja en la suba de la recaudación del primer trimestre, en la reducción de la brecha cambiaria y de la emisión monetaria.
Sobre la inflación, Guzmán sostuvo que se trata de un problema cuya raíz excede la macroeconomía. “Se necesita que no haya acciones que generen ruidos e incertidumbre para que las expectativas de inflación no se disparen y presione sobre los precios reales. Si ahora logramos ordenar el apoyo necesario para seguir adelante con el programa, entonces podremos bajar la inflación", enfatizó el ministro, en un tiro por elevación al kirchnerismo.
En la Casa Rosada admiten que, si bien el índice de inflación de marzo fue malo, anticipan que los datos de abril muestran una “desaceleración”, especialmente en el rubro alimentos. Con cautela, cerca del presidente hablan de que marzo fue el techo del año.
En un escenario de crisis, hay tres datos con los que el Gobierno argumenta que la inflación de este mes será inferior: una menor emisión monetaria, menor brecha cambiaria y menos déficit. A eso, según explicaron fuentes oficiales, se sumó que se morigeraron los efectos inflacionarios sobre los alimentos en el mundo. Si bien nadie se anima a dar una cifra, en la Casa Rosada son optimistas de que abril marcará el camino de la curva descendente.
Alberto Fernández necesita como el agua demostrar que su embate contra la inflación empieza a mostrar signos alentadores. Es la carta con la que pretende doblegar la ofensiva de Cristina Kirchner y sus acólitos sobre su gestión.
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