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Política

Liberales argentinos, dueños de un fracaso cíclico que tiene nombres propios y deja graves secuelas

El control de cambios y las trabas al movimiento indiscriminado de capitales se adoptan para evitar las crisis. Sin embargo gobierno de Macri, que ahora se ve forzado a imponerlos, vendió dólares en forma irrestricta, eliminó los encajes bancarios y otorgó plazos de diez años para liquidar divisas a exportadores. La política que llevó a un default selectivo es una doctrina cuyos impulsores se reciclan sin pagar costos.

Por Hernán Lascano

La pregunta es tan elemental que puede hacerla un nene de diez años. ¿Qué sentido tenía desesperar por el tramo faltante de 5.400 millones de dólares del préstamo del FMI cuando en un solo día, el viernes pasado, para sostener el precio del dólar el Banco Central entregó divisas por 1.943 millones? Las medidas anunciadas ayer por Hernán Lacunza reconocen, si bien el ministro de Hacienda no lo declara, que la decisión de seguir regalando dólares para la fuga es de una insensatez suicida. Después de 45 meses de esa política que aplicó contra todas las advertencias, el gobierno se dispone a frenarla. Algo que tiene sentido pero que, a esta altura, es como poner el tapón a una pileta cuando casi se vació de agua.

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El gobierno se baja del dogma que llevó al país a este presente pero dice que hacerlo no le gusta. El freno a la política de libertad irrestricta del movimiento de divisas, lo que no tiene parangón en otros países capitalistas, llega a tres meses del final de mandato de Mauricio Macri. La necesidad tiene cara de hereje. Cambiemos no renuncia a su credo, sino a aplicar su credo. Lo dijo Lacunza a la mañana al señalar que las medidas anunciadas un domingo, lo que da la idea de una situación de urgencia, son de emergencia y que no le gustan. Cuando con los resultados prácticos de la fe se van a pique suspenden la política pero no abjuran de esa fe. Como el guerrero que enfrenta la artillería enemiga que lo cortará al medio gritando el nombre de su Dios.

Al iniciarse la gestión en 2015 el macrismo eliminó el cepo que impedía la compraventa de dólares, una medida que tenía muchos problemas y con la que el kirchnerismo no resolvía la crisis de fondo, que es no generar las divisas que necesita para que funcione el mercado interno y asumir sus compromisos externos. El drama fue que Macri levantó aquel cepo sin ningún mecanismo gradual. Para una economía estructuralmente carente de dólares fue como abrir una canilla de un tanque a medio llenar.

Cambiemos hizo todo para agudizar esa fragilidad con otras premisas que son estandarte del liberalismo. Desde el arranque levantó el tope mensual de dos millones de dólares impuesto a las empresas como el límite mensual de compra de divisas. Eliminó de cuajo los encajes bancarios, medida que imponía que un treinta por ciento de los depósitos bancarios debe quedar inmovilizado a un plazo mediato, para evitar la especulación de los capitales golondrina y las inestabilidades que producen sus salidas veloces cuando intuyen crisis. También les otorgaron a los exportadores un inédito e innecesario plazo de diez años para liquidar divisas, que son los dólares que le entran al Estado, a partir del momento de sus operaciones comerciales.

No existe país en el mundo, menos los que tienen un déficit estructural en su frente externo, que haga todo esto de manera simultánea. No lo hacen para eludir las consecuencias que ahora Macri, que ya se va, tiene que implementar. En 2018 ensayó un tímido retorno a las retenciones agropecuarias que había levantado al asumir y volvió a imponer a regañadientes las restricciones a la compra de dólares.

El acto de renuncia a aplicar la doctrina en la que se cree es lo que cifra la dimensión del quebranto. El volantazo de ayer es la admisión muda de que el rumbo económico elegido lleva al fracaso. La tragedia de los liberales argentinos es la de ver naufragar su doctrina. Para los sectores de ingresos medios argentinos el drama es más que una herida en el amor propio. Es hundirse en lo material -al pagar la harina, la leche, la carne- con el naufragio de esas ideas en repetido fracaso.

La descripción del paisaje tan duro no implica hacer traspolaciones mecánicas con etapas del pasado reciente. El sistema financiero actual no se compara con el de 2001. Los dólares esta vez están para responder por los depósitos. La situación que llevó al corralito hoy no se verifica. El Banco Central desde 2004 impuso políticas más racionales que las que tuvo en los noventa. Por ejemplo, al prohibir a los bancos que prestara dólares a gente que solo genera pesos. El Estado actualmente presta dólares solamente a quienes generan dólares como los exportadores. Es lo que se llama calce de monedas.

Sin embargo, la economía producida por estas ideas está en recesión, con una inflación que supera el 50% anual, con desempleo de dos dígitos, pymes en caída libre y un endeudamiento récord en cuatro años. A parte de la deuda contraída, unos 12 mil millones de dólares, Lacunza acaba de postergar los vencimientos a los deudores. A ese dinero que implica un default selectivo no lo pagará Macri sino quien gane en diciembre. Y en el primer semestre de su gestión.

No es un problema de desajustes en la aplicación de una idea sino de la propia idea. Los liberales argentinos con su programa de libertades irrestrictas en un mundo competitivo y desigual llevan puntualmente a estos resultados. Pasó en distintos contextos tres veces en 40 años. Ocurrió con la crisis de la economía de la dictadura en 1976-1983 que generó la deuda externa y pulverizó con su apertura la industria nacional. Con la del menemismo que terminó de estallar en 2001. Y ahora con la de Macri que sin un estallido no tiene un solo indicador positivo en el desempeño económico.

Es un fracaso con nombres propios que se repiten pero a los que la experiencia histórica parece no hacerles mella. En distintos momentos fueron los hermanos Juan y Roberto Alemann, José Martínez de Hoz, Alvaro Alsogaray, Domingo Cavallo, Roque Fernández, Adolfo Prat Gay, Federico Sturzenegger o Lucas Llach. Ellos más las instituciones educativas y empresarias que los sostienen profesan el modelo que acaba de llevar de nuevo a Argentina a una situación ya vivida merced a las mismas recetas. El principal problema de Cambiemos no fue la mala suerte. Fue su ideología económica.

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