La supervivencia política del presidente Alberto Fernández y, con ella, la posibilidad –hoy remota- de aspirar a una reelección, depende fundamentalmente de un solo factor: domar la inflación. Ante la perspectiva de que el índice de precios supere el umbral del 70% anual (lo que catapultaría a la Argentina al triste récord de ser uno de los países con más alta inflación de la región), la Casa Rosada no se ilusiona con una reducción drástica; su meta, más bien módica, es evitar “saltos” en los precios y crear un muro que frene la inercia que podría llevar a la inflación a ser la más alta desde 1991, por encima del pico de 2019 al cierre del gobierno Mauricio Macri.
El dramatismo de la situación la graficó el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, quien asumió su cargo con la misión de bajar la inflación. Feletti admitió que el índice de precios de marzo podría ser aún más alto que el de febrero pasado (algunas consultoras privadas lo estiman en un 6%) y lo atribuyó, en buena parte, al impacto de la guerra en Ucrania. “El índice de marzo va a dar mal. Ahí hay mucho impacto de la guerra, mucho impacto en los productos de harina. Eso va a pegar mucho y es lo que más me preocupa en alimentos”, advirtió. Y sentenció: “Milagros no hago”.
El acuerdo que suscribió nuestro país con el Fondo Monetario Internacional se proyecta un alza de los precios de entre el 38% y 48% para este año. El gabinete económico trabaja hoy para evitar que 2022 cierre con un alza de 65%, una perspectiva más parecida a la que manejan los economistas privados y en línea con el alza del primer bimestre que registró el IPC del Indec. “Si logramos que la inflación no supere el 50% anual, festejamos”, admitió a AIRE un dirigente muy cercano al presidente Fernández.
Con esa consigna como meta, en la última semana se multiplicaron las reuniones entre funcionarios del Gobierno. Empoderado por el presidente Fernández, Matías Kulfas, ministro de Desarrollo Productivo, desplazó al kirchnerista Feletti y lleva las riendas de las negociaciones pese a las críticas que recaen sobre él desde el kirchnerismo. El jueves por la noche Kulfas se reunió, en un encuentro de última hora –lo que refleja la preocupación del Gobierno por contener la situación- con representantes del empresariado y de las centrales obreras. Allí se habló sobre la necesidad de establecer consensos básicos y fundamentales para establecer una agenda de trabajo común para generar propuestas de medidas dirigidas a enfrentar la inflación, así como garantizar el acceso de bienes y servicios básicos, promover la inversión pública y privada y fortalecer la recomposición de los ingresos reales de los trabajadores.
En este contexto de emergencia en la economía, Fernández intenta contener las disputas internas dentro de la coalición gobernante para evitar que se profundice la crisis. Tarea difícil, teniendo en cuenta los dardos que lanza La Cámpora contra Martín Guzmán cada vez con más frecuencia. El último en hacerlo fue el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro.
El funcionario admitió que “no hay coincidencia” del kirchnerismo con la Casa Rosada en el plan para poder reducir la inflación. “Así como el FMI generó una discusión dentro del Frente de Todos, esta es otra de las discusiones que se vienen dando donde no hay coincidencia”, sostuvo.
Los dichos del ministro del Interior se dan en el contexto de una presión del kirchnerismo para que Fernández haga un cambio en el equipo económico, a quienes responsabilizan por la derrota electoral del año pasado y la caída de la imagen de todos los dirigentes del Frente de Todos. En el kirchnerismo algunas voces aconsejan dar un ultimátum el 10 de mayo próximo, cuando se realice la primera revisión del acuerdo con el FMI, la cual fue adelantada por el propio organismo internacional.
En esa revisión, los técnicos del Fondo analizarán las metas del período enero-marzo 2022, que son la acumulación de reservas, la reducción del déficit fiscal primario y la reducción de la emisión monetaria. En el kirchnerismo creen que la Argentina tendrá serias dificultades en pasar el examen; si efectivamente esto ocurre, se multiplicarán las voces que pedirán la salida de Guzmán y Kulfas.
Fernández quiere mantener armado su gabinete y que los altos números de inflación no lo arrasen en los próximos meses. Ya se encargó de decir en público que no hará cambios en la estructura de ministros e insiste con los pedidos de unidad en la coalición. Necesita paz para gestionar en el medio de la tormenta y, para ello, azuza el fantasma del posible retorno de Juntos por el Cambio al poder. Para eso, insiste, el diálogo y la unidad del peronismo son vitales.
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