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Inflación y sangría de reservas: dos bombas de tiempo que acosan a Sergio Massa

Los inversores confían en que el flamante ministro de Economía, Sergio Massa, al menos logre el objetivo de estabilizar un avión que caía en picada. En ese desafío hay dos variables que preocupan: la aceleración de la inflación y la sangría de reservas.

En medio de una crisis económica que todavía no da señales de revertirse, Sergio Massa debe enfrentar de manera urgente dos problemas que amenazan con profundizar el descalabro. Uno de ellos es la escalada inflacionaria provocada por el repunte que tuvo el dólar paralelo en las últimas semanas. El segundo tiene que ver con la sangría constante de reservas del Banco Central, la cual atenta contra la ya frágil estabilidad macroeconómica.

El Gobierno se prepara para enfrentar dos meses con datos de inflación que serán muy duros para la gestión de Alberto Fernández. Se estima que el índice de julio -que se conocerá el próximo jueves 11- va a superar el 7%, según estimaciones privadas. Si bien el flamante ministro de Economía no es responsable directo por ese dato, le coloca más presión de cara a los próximos meses.

No menos acuciante es el problema de las reservas del BCRA: en la primera semana de agosto registró ventas por la friolera de U$S 580 millones. La situación es dramática: las tenencias netas no alcanzan para cubrir 10 días de importaciones. Uno de los factores que explican la sangría tiene que ver con la demanda de dólares para importación de energía, cifra que solo el jueves pasado alcanzó los U$S 100 millones.

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Sergio Massa asume el timón de la economía argentina en un escenario crítico por la falta de reservas y el crecimiento de la inflación.

Sergio Massa asume el timón de la economía argentina en un escenario crítico por la falta de reservas y el crecimiento de la inflación.

Para Massa, la cuestión energética es la clave de su programa anunciado el miércoles pasado. Las importaciones de energía no sólo succionan cada vez más divisas del BCRA, sino que además profundizan el déficit fiscal, lo que atenta contra los esfuerzos del Gobierno de cumplir con las metas pactadas con el FMI.

Según trascendió del Ministerio de Economía, Massa anunciará el próximo martes los niveles de aumentos en las tarifas de gas, energía eléctrica, y agua que regirán en las distintas regiones del país. El nuevo esquema de subsidios, que incluirá además de la segmentación un límite a las subvenciones por consumo, implicará un ahorro fiscal de 500.000 millones de pesos, alrededor de 1% del PBI, según indicaron fuentes del Ministerio de Economía.

Paradójicamente, en medio de esta vorágine de medidas, el Gobierno sigue sin definir quién será el futuro secretario de Energía ante la probable salida de Darío Martínez. No es un cargo fácil de cubrir: la vicepresidenta Cristina Kirchner quiere mantener el control de esta área estratégica con un hombre de su extrema confianza. En las usinas kirchneristas impulsaban la designación de Federico Bernal, actual director del Enargas, un funcionario totalmente alineado con el kirchnerismo pero resistido por las empresas del sector. Massa aún no dio señales al respecto.

Con el primer paquete de medidas lanzado el miércoles pasado, Massa apuesta a dar señales de confianza a los mercados para ganar tiempo. La respuesta, hasta ahora, fue tibia. Una mayoría de inversores, empresarios y dirigentes de la oposición consideran que el mensaje del nuevo ministro dio señales de racionalidad sobre todo en el plano fiscal, exhibió un diagnóstico realista y mostró la decisión de adoptar un rumbo en la dirección correcta para corregir los principales desequilibrios económico-financieros.

La contracara de esa moneda es la falta de precisiones de las medidas para angostar la brecha cambiaria o de soluciones para reforzar las reservas y para obtener los recursos que permitan financiar el déficit.

Igualmente, los inversores confían en que Massa al menos logre su objetivo de mínima: estabilizar un avión que caía en picada. El objetivo de máxima, reencauzar la economía o resolver algunos problemas estructurales, aparece mucho más distante.