El gobierno de Alberto Fernández sufrió un fuerte golpe político el pasado jueves cuando el Indec informó que el índice de inflación de abril fue de un 6% y que el acumulado anual trepó al 58%. El presidente recibió la noticia en Europa, adonde se entrevistó con los primeros mandatarios de España, Francia y Alemania; un viaje que surtió el efecto de una bocanada de oxígeno en medio de las tensiones de la economía y la fuerte disputa interna que corroe a la coalición gobernante.
Fernández regresa al país a sabiendas de que Cristina Kirchner recrudecerá su embestida contra el ministro de Economía, Martín Guzmán, quien a esta altura se convirtió en una obsesión casi personal de la vicepresidenta. Matías Kulfas y Claudio Moroni, ministros de Desarrollo Productivo y de Trabajo respectivamente, secundan la lista de los funcionarios a los que Cristina quisiera ver fuera del Gobierno. Fernández no sólo no dará el brazo a torcer, sino que cada diatriba de Cristina o de sus laderos hacia la política económica no hará otra cosa que alargarles la vida a sus ministros dentro del gabinete.
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Guzmán no sólo se siente respaldado por el presidente. También recibió un fuerte apoyo de la cúspide empresaria la semana pasada. Para los hombres y mujeres de negocios, Guzmán es el mal menor dentro de un menú de opciones poco atractivo. En el mundo empresario ya se hicieron a la idea de que no habrá en el Gobierno grandes definiciones; sin embargo, lo prefieren antes que las ideas económicas arcaicas de la vicepresidenta y sus adláteres.
Empoderado, el ministro de Economía comenzó a responder a las diatribas que le propinan sus “compañeros” del kirchnerismo. La misma táctica siguieron Kulfas y Moroni. Lo hicieron por mandato del presidente, cansado de los ataques de la vicepresidenta hacia su gestión.
En efecto, el ministro de Economía, al igual que el presidente, insiste en su compromiso de respetar la letra del acuerdo con el FMI, que establece una reducción gradual del déficit, de la emisión monetaria y un aumento de las tarifas energéticas. “Los subsidios (a las tarifas de gas y de luz) no segmentados favorecen a los ricos. ¿En qué país del mundo ha funcionado para encauzar un sendero de desarrollo con inclusión social tener subsidios energéticos por 3 o 4 puntos del producto?”, acicateó Guzmán en un dardo dirigido a Cristina, contrario al esquema tarifario segmentado propuesto por el ministro. El presidente siguió la línea de Guzmán y advirtió que echará de sus cargos a aquellos funcionarios de La Cámpora que obstaculicen la aplicación del nuevo marco tarifario. Todo un giro en la actitud presidencial, hasta ahora pasiva y resignada ante las críticas de su socia.
Guzmán, que supo cultivar un diálogo fluido con el empresariado, busca afirmarlo como su aliado en la guerra interna con el kirchnerismo. Prometió que no avanzaría con el proyecto de ley para cobrarles un adicional a aquellos que hubieran obtenido “una renta inesperada”, iniciativa que en su momento anticipó para intentar congraciarse con el kirchnerismo, sin éxito según se ha visto. El ministro se comprometió, además, a impulsar un régimen especial de divisas y estabilidad fiscal para Vaca Muerta, clave para dinamizar un sector –el energético– que se ha convertido en un drenaje constante de reservas. En la Cámara de Diputados de la Nación, el oficialismo comenzó el tratamiento del proyecto de Ley de Compre Argentino, una iniciativa que permitiría que las grandes empresas nacionales compitan en mejores condiciones que las extranjeras en las licitaciones que realiza el Estado.
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Aun fortalecido, Guzmán es consciente de que el problema de la inflación pende sobre él como una daga. En diálogos reservados con el presidente, le transmitió que el índice de precios comenzará a aflojar a partir de este mes. Fernández espera con ansias ese instante para poner fin a los embates de su vicepresidenta. Cristina Kirchner es escéptica y cree que el cuadro inflacionario va a empeorar, máxime si se cristaliza el aumento de las tarifas. Por las dudas, Sergio Massa promocionó una cena suya con su equipo económico: rodeado de Martín Redrado, Marco Lavagna, Miguel Peirano, Diego Bossio, Lisandro Cleri y Martín Rapetti, el presidente de la Cámara de Diputados busca exhibir que “tiene equipo” para, eventualmente, reemplazar a Guzmán.
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