Sergio Morresi, licenciado en Ciencias Políticas y autor —junto a Pablo Semán— del libro “Está entre nosotros: ¿De dónde sale y hasta dónde puede llegar la derecha que no vimos venir?”, habló con AIRE sobre el desafío de la oposición, que aún no tiene un programa ni un liderazgo claro, para disputar alguna posibilidad de volver al poder.
“Hay una parte muy importante de la oposición, la que algunos medios llaman 'oposición blanda', que parece pelearse para ver de qué manera acercarse o formar parte, sin ser deglutida del todo por el oficialismo. Y luego, otra parte, la que los medios llaman ‘oposición dura’, que está tratando de resolver sus problemas internos y sus pases de factura, que acaba de ser derrotada, pero que aún no promueve ningún tipo de renovación, ni propuestas, ni alternativa”, indica el especialista.
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Sergio Morresi, licenciado en Ciencias Políticas y autor —junto a Pablo Semán— del libro “Está entre nosotros: ¿De dónde sale y hasta dónde puede llegar la derecha que no vimos venir?”.
Maiquel Torcatt / Aire Digital
Con relación al primer sector, que integran sectores de Juntos por el Cambio, explica que “se busca una especie de acuerdo, que en algunos casos será la fusión y en otros la disolución. Otra alternativa es lograr un acuerdo entre partes que se mantengan independientes al oficialismo”.
En cuanto a la oposición “dura”, que aun habiendo pasado ya cinco meses de la derrota electoral, no propuso hasta el momento un programa o un liderazgo. “Es lógico que cuando un partido o fuerza política es derrotada, como sucedió con el peronismo, se tarde y demore, porque hay pases de factura, disputas internas”, señala.
En tanto, opinó que es probable que la propia base del peronismo del campo nacional y popular le termine cobrando a sus propios dirigentes la demora en sugerir algo con más claridad o en colocar algún liderazgo que renueve las posibilidades de volver al poder.
—Parafraseando el título de tu libro: ¿de dónde sale y hasta dónde puede llegar la derecha que no vimos venir?
—Se trata de un fenómeno que venimos estudiando desde hace bastante tiempo, mucho antes de que Javier Milei fuera candidato a nada. Tenía que ver con cambios culturales y sociales, como también de la cristalización de cambios incluso más estructurales que tienen que ver con la economía a largo plazo, no solo de la Argentina, sino del capitalismo.
Javier Milei presidente argentina asunción
Es especialista sostuvo que este fenómeno llegó para quedarse. "La gente pidió esto y me parece que hay que aceptarlo", indicó.
NA: MARCELO CAPECE
Entre esos cambios importantes vimos lo que llamamos “fusionismo”. Las visiones de derecha estaban muy separadas. Estaba la derecha nacionalista, reaccionaria, la ultramontana, la proteccionista, tradicionalista, localista, nativista, y la derecha más bien liberal y conservadora, republicana, muy jerárquica pero respetuosa de las formas liberales.
Lo que vimos es que en los últimos 10 ó 15 años las bases sociales y las ideas de todas estas se fueron fusionando. Aun cuando los dirigentes no se fusionaban, las bases ya lo estaban haciendo y en un punto eso permitió la emergencia de una nueva fuerza política.
—¿Qué otros fenómenos posibilitaron la llegada de Milei al poder?
—Lo que advertimos también como proceso más largo es el avance de lo que llamamos el mejorismo. La idea de que “yo quiero estar mejor y por culpa del Estado no puedo estar mejor”. Más adelante va a ser por “la casta” y luego volverá a ser el Estado.
Ese mejorismo tiene que ver con una visión de que mis cosas son mías, la libertad no implica otra cosa que hacer lo que yo tengo ganas y si eso no lo tengo o no lo puedo tener es culpa de la política como se viene desarrollando.
Veíamos cómo eso impactaba en una serie de frases e ideas que escuchamos repetidamente cuando hacíamos investigación de campo. Por ejemplo, que “los derechos humanos al final siempre son los derechos de los delincuentes” o que los “derechos sociales empobrecen”.
Y también en permanentes críticas al discurso del Estado presente que no se veía reflejado en las vidas cotidianas, en un colectivo que no pasa como tiene que pasar, en un servicio de salud que está, pero que no da turnos, en una escuela que está y es pública, pero que por diferentes motivos cierra y que entonces no cumple ni la función de educar ni la función de guardería que permite a los padres que no tienen un empleo formal salir a trabajar porque se tienen que quedar a cuidar los pibes. Todo eso implicaba que el Estado no estaba para lo que se suponía que tenía que estar, pero sí estaba para molestar.
—¿Eso fue suficiente para el surgimiento de la propuesta política de Milei?
—Hubo un sector de centro-derecha, el del PRO y Juntos por el Cambio que fue a coquetear con esas ideas. Desde 2019, principios de 2020, Mauricio Macri y Patricia Bullrrich se empezaron a reunir con influencias de derecha diciendo que estaban de acuerdo con sus ideas.
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"Desde 2019, Mauricio Macri y Patricia Bullrrich se empezaron a reunir con influencias de derecha diciendo que estaban de acuerdo con sus ideas", explica el especialista.
Pero también hubo una decisión de algunos dirigentes del Frente de Todos que en aquel momento dijeron que había que levantar a Milei para dividir la derecha y que gracias a eso se podía llegar a ganar en las elecciones con una derecha dividida. Si no se creía que se iba a perder con el PRO.
Entonces los factores de más largo plazo fueron creando un actor que demandó representación política y otros de más corto y mediano plazo, que hicieron que esa opción política ganara las elecciones.
Igualmente, creo que aún si no hubiera ganado, esa fuerza política ya estaba y llegaba para quedarse. No es que ganó por una carambola y de ahí atrás no hay nada. Siempre un triunfo electoral implica una serie de carambolas, pero por detrás del triunfo electoral hay cambios sociales y políticos de más larga data que podrán o no expresarse en Milei, pero que están y esos sí llegaron para quedarse.
—¿Hasta dónde puede llegar la “derecha que no vimos venir", como dice el libro?
—Creo que si a este gobierno no le va bien —y hay muchas razones para pensar que económicamente va a tener muchísimas dificultades— hay mucha gente que se va a desilusionar. Sin embargo, no es que se vaya a arrepentir por no haber votado a Sergio Massa o al Frente de Izquierda. No es razonable pensar eso, al menos en el mediano plazo.
Cuando terminó el gobierno de Macri en, en un contexto muy problemático, casi caótico y de desequilibrio económico muy fuerte, con un endeudamiento muy grande y una situación social muy difícil, no es que desapareció, se fue con un 40% de los votos.
Creo que hay cosas que quedan, que la historia no pasa en vano. Esto que llegó va a formar parte de la sociedad argentina en los próximos años. Uno no puede hacer de cuenta que no sucedieron las cosas. Me parece que hay una especie de pensamiento mágico en este sentido. La gente pidió esto y me parece que hay que aceptarlo.
—Y en función de estos primeros meses de gobierno, ¿qué crees que nos espera para el futuro?
—Dependiendo de cómo le vaya en los próximos meses, Milei puede perder las elecciones el año que viene y las puede perder feo. Pero aún así va a haber un porcentaje importante de gente que no era de derecha radicalizada y finalmente terminará siéndolo.
Hay que aceptar que esa gente ya está ahí y no va a irse a ningún lado. Incluso si Milei fracasa estrepitosamente, la gente que lo votó va a buscar otra forma de expresar eso que le demandó a Milei que no vio cumplido. No es que va a virar hacia la izquierda.
Aun con el ajuste, con los recortes y con el corrimiento del Estado, creo que hay mucha gente que puede cambiar y pensar que Milei no era la persona adecuada para hacer lo que había que hacer. Es decir, el problema va a ser Milei, pero no la derecha.
Insisto, me parece que se sigue insistiendo en un pensamiento mágico y eso no va a suceder en el corto plazo.
Esto puede suceder después de un largo trabajo, de muchos años, de mucha activación, de pensar nuevas formas y estrategias, nuevas formas de hacer política y el surgimiento de nuevos liderazgos políticos.