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Política FMI | Deuda | Macri

El FMI ya definió los términos del acuerdo, ¿hay margen para un arreglo mejor?

El perfil del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional definirá como pocas cosas el sesgo ideológico y político de éstos cuatro años con vistas a una segunda etapa.

Antes de repasar números de espanto de la deuda tomada por el macrismo -y que deberíamos recordar para no repetir errores que hipotecan la vida de varias generaciones de argentines- habrá que decir que el inminente acuerdo con el FMI estaba cerca pero su anuncio se proyectaba para fines de noviembre o principios de diciembre, cuando las PASO fueran historia reciente y sin interferir la centralidad de los ejes de campaña elegidos para defender la gestión del FDT: las vacunas y la reactivación productiva.

Pese al hermetismo de Martín Guzmán y las definiciones generales de Alberto (“es un crédito alocado y vergonzo”), Cristina (“los términos bajo los cuales se está negociando la deuda con el Fondo son inaceptables”) y la dura advertencia de Máximo en el Congreso (“si un laboratorio nos obligó a cambiar todo el andamiaje, ¿qué vamos a hacer con el FMI?”), los términos ya se habían filtrado a principios de año.

Independientemente de la querella criminal contra ex funcionarios macristas –incluido Mauricio que es Blanco Villegas- hay indicios de que no se va a impugnar el monto adeudado, se van a pagar los U$S 57.100 millones sin beneficio de inventario ni quitas de capital; no va a haber 20 ni 30 años de plazo para abonarlos (como impulsaba un grupo de senadores del FDT) sino 10, el máximo permitido para un acuerdo de facilidades extendidas; la tasa base sería del 1,05% anual en dólares; incluye una Pari Passu tal que si el FMI cierra un acuerdo a más plazo o mejor tasa con otro Estado, esa mejora aplica automáticamente para el acuerdo cerrado con Argentina y exige una reducción creciente del déficit fiscal (algo que el gobierno hizo con creces en el primer semestre 2021) hasta llegar al mítico e irrealizable “déficit 0” en 2025, el año en que empezaríamos a pagar lo que el mismísimo Alberto Fernández definió como “la mayor malversación de caudales que nuestra historia recuerda”.

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El acuerdo con el FMI prevé un plazo de cuatro años para reactivar la economía argentina antes de retomar los pagos de la deuda.

El acuerdo con el FMI prevé un plazo de cuatro años para reactivar la economía argentina antes de retomar los pagos de la deuda.

Y si se trata de recurrir a la historia moderna para no volver a cometer errores en el presente dos apuntes:

- Antes de asumir, incluso durante la campaña electoral de 1983, el ex presidente Alfonsín armó un equipo para investigar la deuda externa tomada durante la dictadura: U$S 37.200 millones incrementándola en un 364% respecto de la existente al momento del golpe y cuyos pagos insumían el 50% de las divisas que generaba el país. Intervinieron prestigiosos profesionales entre los que se encuentra el más citado de todos hasta la actualidad, Eduardo Basualdo. La idea era discriminar entre deuda legítima e ilegítima –incluido el escandaloso pase mágico de Cavallo para convertir deuda privada en pública- para no cargar al Estado y al pueblo con una hipoteca enorme e inmerecida. Finalmente quedó en nada para asumirlo todo y Alfonsín decía algo destinado al FMI que hoy puede perfectamente ponerse en boca de muches: “La Argentina quiere pagar, está dispuesta a pagar pero todos debieran advertir que aquí hay culpas concurrentes”.

- Otra vez Cavallo y otro gobierno radical para el segundo recordatorio. La última vez que se intentó la distopía del ajustar el gasto para llegar al mantra del déficit 0, fue hace 20 años con la Ley 25.453, por exigencias del mismísimo FMI (el de siempre), con Cavallo y Patricia Bullrich como ejecutores, sobre final de la convertibilidad. El resultado de semejante programa fueron cuatro años de recesión con una caída de la actividad económica de 20 puntos y niveles de pobreza superiores al 55%.

Más cerca en el tiempo, a comienzos de éste año se empezaban a discutir sobre papeles las condiciones de un potencial arreglo con el FMI, todavía resonaban voces hacia el interior de la coalición gobernante que reclamaban investigar, querellar y luego arreglar, sin apuros; cuando aún se especulaba con aprovechar una reestructuración general de deudas soberanas por el "Guernica" (el de Picasso, no el de Berni) que dejaba la pandemia a nivel global.

Por entonces Martín Guzmán aseguraba que no se iba a firmar nada que no mejorara al menos dos de tres variables: plazo, tasa y monto de capital. Teniendo en cuenta las condiciones apuntadas más arriba y sin conocer con precisión las reformas estructurales impuestas por el FMI, pareciera que -al interior del FDT- perdió terreno la idea de no convalidar una estafa monumental, de hacer valer la violación del FMI del Artículo VI de su propio estatuto y del gobierno de Cambiemos de la Constitución Nacional y las leyes que regulan la administración financiera de la Nación, que aún no está respondida la pregunta de Cristina (que interpela al mismísimo gobierno) sobre quiénes y de qué manera van a soportar las condiciones resultantes de un acuerdo por el total contraído y que el Ministro de Deuda logró mejorar plazos y tasa respecto -no de las advertencias y expectativas de Cristina y Máximo o de los senadores que expresan al Instituto Patria - sino del ruinoso stand by impulsado por Trump para salvar a Macri.

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Sobre el período de gracia concedido por el FMI antes de iniciar los pagos, habrá que apuntar que si bien le permite al gobierno ejecutar durante cuatro años un plan de reactivación de las actividades industriales y agropecuarias para impulsar el crecimiento de la economía y conseguir dólares genuinos, es altamente probable que se capitalicen una parte de los intereses que corran durante ese lapso y por lo tanto aumenten las acreencias de un organismo que no hace autocríticas por su complicidad con el macrismo y que desde el inicio de las conversaciones con el Frente de Todos asegura -a través de su vocero Glenn Rice- asegura que el préstamo fue inusual pero no ilegítimo y que no piensan aceptar ninguna quita de capital, se pagan la totalidad de los U$S 45.000 millones recibidos.

También a principios de año, existía un debate en torno de la conveniencia o no de expandir el gasto por sobre lo presupuestado, por el equivalente al 1% del PBI de cara a las Paso, o sea unos U$S 4.344 millones. Era eso o utilizar los derechos especiales de giro (DEG) que ingresaron hace un par de días por un monto prácticamente idéntico para sostener salarios, fortalecer la asistencia social y promover la recuperación en sectores claves de la economía. Y ésta era la postura de un puñado de legisladores que expresaban a la vicepresidenta hasta que Cristina en un giro pragmático que dejó a varios mirando la hora y revisando la dirección del viento, sostuvo que los DEG van a utilizarse para liberar reservas y pagar vencimientos con el FMI por U$S 3.600 millones entre setiembre y diciembre próximos, a menos que el acuerdo se concrete antes de ésos vencimientos.

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Macri, Dujovne y Caputo en los tiempos en los que se celebraba el millonario préstamo del FMI a la Argentina.

Macri, Dujovne y Caputo en los tiempos en los que se celebraba el millonario préstamo del FMI a la Argentina.

Fuentes consultadas para esta nota aseguran dos cosas con parecida intensidad y convicción: que la base del acuerdo es la que presentamos y sería inminente la redacción de la carta de intención correspondiente y que no es tal el apuro por cerrar antes de fin de año, que los términos presentados por el Fondo requieren aún un arduo debate interno y no se cierra en el corto plazo.

Macri quiere, Larreta no, ¿el gobierno tampoco?

En su segunda reaparición con estruendo y en una campaña donde el neoliberalismo que produjo uno de los mayores desastres económicos y sociales de nuestra historia, tuvo que cambiar la marca y esconderlo, Macri se revela idéntico a sí mismo, demuestra que es el que mejor interpreta y expresa al tercio siquiátrico que representa el voto duro cambiemita y revolea números retorcidos y maquillados para atacar el flanco menos defendible de su gestión, el volumen de un endeudamiento irresponsable e ilegítimo.

Así como se supone que anunciar un acuerdo como el que reseñamos con el FMI en plena campaña no ría sobre los votantes consolidados del gobierno y hasta podría granjearle la simpatía de indecises republicanes de derecha, las psicopatológicas mentiras del ex presidente no cambian los niveles de adhesión del voto duro y fiel que acompañará a les candidates de su espacio y le reportaría el beneficio de contener el drenaje de votos por ultraderecha.

Existía un acuerdo generalizado en Juntos por el Cambio para las Paso en todos los distritos para evitar el tema de la deuda y la plomiza herencia económica que aún quema en la memoria de muchos electores. Pero el crecimiento de las opciones libertarias en el electorado juvenil y la evidencia de que Larreta no retiene la totalidad de los votos ferozmente antirkichneristas, posibilitó el regreso del negado, de un Macri que sigue siendo la contrafigura más clara de Cristina y sueña con imitarla para ser el armador en jefe de Juntos por el Cambio, por encima de liderazgos coyunturales.

Las condiciones que el FMI considera inmejorables para cerrar un acuerdo llegan en un momento delicado para todes y Macri lo entiende perfecto. Es difícil de lucir y defender para el gobierno (que aún tiene diferencias potentes sobre el punto pero espera abrocharlo y anunciarlo más adelante) y le modifica el plan de campaña a quienes lo consideraban la auténtica "piedra de Tandil". Finalmente el gobierno se aviene a introducir el tema de la deuda en la campaña al ritmo que marca el líder natural de la oposición y hasta Roberto Navarro se fastidia con la eficacia de la jugada y la resiliencia de quien puede ser calificado de muchas cosas fuleras con bastante acierto, que ya no se molesta en ocultar que digita voluntad al gorilario de La Nación + (el medio del que se hizo por U$S 14 millones) pero cuya vigencia empieza a despertar sospechas de que no sólo se trata sólo de blindaje mediático para compensar su "analfabetismo funcional".

En enero impuso en el tope de la agenda el retorno a la presencialidad escolar y logró una victoria cultural que forzó la gestión del gobierno hasta la desautorización explícita del ministro Trotta por parte del presidente y un fallo vergonzoso de la Corte a favor del estado libre asociado de CABA contra el gobierno nacional; sería un signo de fortaleza para la estrategia comunicacional y política del FDT que esta vez -al margen de les candidates del FDT y las notas periodísticas que salieron a cruzarlo- no logre lo que habitualmente consigue, fijar el tema central de debate y establecer condiciones imposibles para la racionalidad progresista: mentira la verdad, verdad la mentira y cifras desconextualizadas girando en el vacío para aterrizar sobre cualquier argumento, por delirante que parezca. A ésto -peinados e insultos aparte- no lo inventaron ni Milei ni Espert, sino Macri...y sigue siendo el rey.

El acuerdo tiene bases y quien lo escriba, falta quien lo defienda

En octubre del año pasado y ante la llegada de una misión técnica del FMI a la Argentina, Kristalina Giorgieva aseguraba que venían a "escuchar a las autoridades y al pueblo" y que "no tenemos intenciones de presionar en éstos momentos ni de ejercer presiones innecesarias". Pero el tiempo pasó, la segunda ola también y el impacto controlado de la variante Delta permite avizorar la pospandemia y volver a sus niveles normales la sensibilidad del organismo que expresa el proyecto global del G7: los entiendo, los escucho, pero no aceptamos ni un dólar menos.

Lo dijimos y hay que repetirlo tantas veces como haga falta: el préstamo más grande e impagable de la historia del FMI fue un salvataje para un gobierno que era un socio geopolítico esencial de los Estados Unidos y que -sin esa descomunal cantidad de dinero- hubiese estado acabado dos años antes. Pero ahora que Giorgieva se planta en acordar por toda la deuda comprometida, resulta igual de importante remarcar que existió un objetivo superior al sostenimiento de Macri y su plan de negocios: el de maniatar la voluntad soberana de cualquier gobierno que pretenda revertir la lógica de endeudamiento perpetuo, como intentó Néstor Kirchner en 2005.

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Para Claudio Lozano, uno de los directores del Banco Central, la deuda es ilegítima.

Para Claudio Lozano, uno de los directores del Banco Central, la deuda es ilegítima.

Un mesadinerista con menos prensa que Toto Caputto y por lo tanto mucho más eficaz y confiable nos asegura que "así como el arreglo con los bonistas no sirvió para volver al mercado de deuda en condiciones ventajosas para el gobierno, el arreglo con el FMI tiene el mismo destino, se trata de tranquilizarlos respecto de un giro populista que no le conviene a nadie". Dice el "gobierno" en vez de "país" y "nadie" en vez de "nosotros los que hacemos plata con plata".

El sueño húmedo que los excita es inconfesable pero se puede expresar del siguiente modo: que un gobierno populista fuertemente condicionado, que honra deudas legítimas y se ve conminado a legitimar estafas millonarias, incapaz de gobernar al hilo de sus promesas electorales y en sus propios términos, realice el país que ellos soñaron con Macri, sin Macri. Y creen que -mal acuerdo con el Fondo mediante- están a tiro de conseguirlo.

Para razonar desde la lógica de la coalición gobernante y contestar la pregunta que se impone -¿existía o existe una alternativa más honorable y soberana?- consultamos al referente máximo de Unidad Popular y uno de los directores del Banco Nación, Claudio Lozano, que es autor del libro “la deuda ilegítima, renuncia del parlamento, desafío de la democracia”.

Sobre la estrategia de negociación del Frente que integra asegura que “es el resultado de creer que la derrota del macrismo y sus socios daba margen para llegar armónicamente a un acuerdo político de otra naturaleza. El FMI y los Estados Unidos nunca cambiaron, no van a cambiar ni iban a resignar nada de lo actuado, pensar otra cosa es absurdo. Se perdió la oportunidad de acumular fuerzas políticas a nivel interno e implementar una estrategia de discusión a nivel mundial distinta, llevar el debate a la ONU y en el marco excepcional de la pandemia. Tendríamos que haber mantenido suspendidos los pagos e investigar la deuda antes de debatir ninguna condición. Sin impulsar algún tipo de modificación de las correlaciones de fuerzas internas y externas, no habrá más remedio que arreglar en las condiciones del FMI. La querella criminal está prácticamente parada y de poco va a servir si apuramos un acuerdo por la totalidad de una deuda ilegítima”.

Tanto para Martín Guzmán como para el gobierno, el perfil del acuerdo definirá como pocas cosas el sesgo ideológico y político de éstos cuatro años con vistas a una segunda etapa. Qué es lo que vinimos a hacer? Qué hicimos en concreto? Cuáles son los intereses que representamos? En la teoría está dicho y publicado, también hay señales claras en la gestión, pero éste acuerdo tendrá un peso diferencial, definitivo.

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