Sarmiento, Alberdi y Baradel. El eje de educación del debate presidencial cruzó los dilemas que tiene el país para construir un horizonte para los argentinos que vienen, los chicos de menos de 17 años. La mitad son pobres y en ese segmento son muy pocos los que logran terminar el secundario.
En el diagnóstico, la mayoría de los candidatos coincidió, pero al momento de definir una estrategia aparecieron las grietas, los lugares comunes y algunas ideas -pocas- para construir una estrategia educativa.
José Luis Espert fue uno de los que citó a Sarmiento, criticó a Baradel -como ejemplo de los 40 días de paro anuales en escuelas públicas- y dijo que hay que arancelar la universidad pública para becar a los chicos más pobres.
Roberto Lavagna propuso recuperar los principios educativos que caracterizaron a la Argentina en el siglo XIX y XX, heredero de Sarmiento y Alberdi, y dijo que es necesario centralizar las políticas educativas para terminar con “este mosaico de 24 sistemas distintos que hay en las provincias”.
Como Alberto Fernández, Lavagna también advirtió que Macri les cortó el presupuesto a los científicos, una de las áreas donde el país tiene mayor potencialidad.
Nicolás del Caño trató a Macri de enemigo de la educación pública. “Da bronca oír hablar de la educación del futuro cuando nuestros niños van con hambre a las clases”, acusó.
Fernández aseguró que el presupuesto educativo cayó un 40% durante la gestión de Cambiemos, le reprochó al presidente lo “mal que trata a los científicos e investigadores” y aseguró que la educación va a ser una prioridad en su gobierno. Pero estuvo más enfocado en criticar la gestión educativa de Macri, que en proponer algo diferente.
José José Gómez Centurión puso como prioridad crear escuelas de técnicas y de oficios, y desde la vereda opuesta a del Caño criticó con dureza a los sindicatos docentes. “Necesitamos restaurar una escuela pública que en los últimos años ha sido rehén de las mafias sindicales”, acusó.
El presidente Macri aseguró que su gobierno emprendió una revolución con la educación y “chicaneó” a Fernández cuando recordó que durante el kirchnerismo no se daban las resultados de las pruebas educativas.
“Capacitamos 75 mil docentes en nuevas técnicas para enseñar matemática. Le llevamos Internet a 5 millones de alumnos. Pusimos robótica y programación desde jardín de infantes”, enumeró el presidente. Lo que no hizo Macri fue rebatir con cifras el dato de que el presupuesto educativo cayó un 40% durante su gestión.
En el eje de salud, los candidatos replicaron sus propuestas y críticas desde el mismo arco ideológico. Para Espert, el problema son los sindicalistas. “Luego de quitarle las obras sociales a los sindicatos vamos a poder conformar un sistema de salud, que funciona perfectamente en otros países”, aseguró.
Lavagna casi no habló de salud, más que plantear que la prioridad debe ser la prevención. Macri destacó la gestión de su gobierno en el Pami. “Era una cueva de corrupción y hoy funciona en forma transparente”, dijo. Pero, llamativamente, tampoco se preocupó por replicar otro dato de Fernández: “El presupuesto de salud en su gestión cayó un 33%. Para los usureros todo, para la salud de la gente, nada”.
Quizás, los tres minutos que tuvo cada candidato -en este eje- para exponer sus ideas no alcanzaron para definir un camino más concreto para salir de esta encrucijada. Pero ese debería ser el desafío y no va a ser sencillo en un país con pocos dólares, endeudado y con los números en rojo.
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