Pese a que la inflación continúa en alza –en abril trepó al 8,4%– y la economía evidencia signos claros de recesión, el ministro de Economía de la Nación Sergio Massa comenzó a desplegarse como el potencial candidato presidencial del Frente de Todos. Cuenta con la bendición de Cristina Kirchner, aunque todavía debe sortear los obstáculos que le interpone el presidente Alberto Fernández, que insiste con dirimir la candidatura presidencial del espacio en las elecciones primarias de agosto.
Sergio Massa, al igual que Cristina Kirchner, quiere evitar esta instancia. Lo planteó públicamente en dos oportunidades en un claro mensaje al jefe de Estado. “Un gobierno, por más que sea un gobierno de coalición, tiene la obligación de dar certidumbre y parte de esa certidumbre es no exponer a la sociedad sus debates internos. Esto de querer exponer en una primaria si el gobierno tiene diferencias o no las tiene, la verdad que me parece un gravísimo error", dijo textualmente Massa en la charla abierta que mantuvo el martes pasado frente a la audiencia de empresarios convocados por la cámara que nuclea a las empresas estadounidenses en el país.
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En otro tono, durante un acto en el interior bonaerense, el ministro de Economía insistió. "¿No les parece que ya tenemos quilombos como para andar enquilombándole la vida a la gente con las peleas de la política? Yo creo que es clave la estabilidad económica y para que haya estabilidad tiene que haber orden político", lanzó Massa.
El presidente Alberto Fernández no tardó en responder: "No creo que se ponga en riesgo la gobernabilidad por una Paso, si no creería que estoy militando en un espacio de energúmenos", retrucó el jefe de Estado, cada vez más distante de su ministro de Economía y de la vicepresidenta.
Massa y Cristina consideran que la única posibilidad de que el Frente de Todos no afronte una catástrofe electoral en las primarias es que el espacio presente una sola candidatura presidencial. El razonamiento es el siguiente: si Juntos por el Cambio se presenta dividido –con Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich en sendas fórmulas–, el Frente de Todos tiene chances de salir segundo detrás del libertario Javier Milei. Esta situación lo haría competitivo de cara a las generales de octubre.
De allí la estrategia de Cristina Kirchner de polarizar con Milei y ningunear a Juntos por el Cambio. En el Frente de Todos evalúan más conveniente una puja con el libertario por el impacto que puede tener en la recta final una campaña del miedo, exponiendo sus posturas extremas y controvertidas, como la dolarización o la venta de órganos.
En Juntos por el Cambio la posibilidad de unificar posturas detrás de una sola candidatura presidencial parece lejana. Las rivalidades entre Larreta y Bullrich no tienen retorno. Cuando restan menos de 60 días para el cierre de listas, no hay atisbos de acuerdo ni siquiera en los dos distritos más importantes del país, Buenos Aires y Capital. Más allá de los gestos conciliadores que ambos candidatos ensayaron en la última semana, la pelea no tiene tregua.
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En el Frente de Todos se regodean de las pujas en Juntos por el Cambio, aunque su situación está lejos de ser promisoria. Al contrario, al problema de la inflación se suma la caída dramática de las reservas en el Banco Central, con los riesgos que esto implica en una economía con altos niveles inflacionarios.
Para peor, las negociaciones con el FMI para que acceda a un desembolso que alivie esta situación se presentan más complicadas y lentas de lo que preveía el ministro de Economía. Bien sabe Massa que si sin el adelanto del FMI no hay candidatura posible. Una nueva corrida cambiaria sin dólares en el Banco Central podría tener efectos devastadores.
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