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Política Frente de Todos | Alberto Fernández | Cristina Kirchner

Alberto vs. Cristina: una tregua frágil a la espera del próximo choque

Las tensiones no ceden pero no habrá ruptura. El presidente y la vice necesitan de la unidad del Frente de Todos para garantizarse su propia supervivencia política.

El matrimonio político entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner está en un punto de no retorno: el Frente de Todos atraviesa su momento más crítico, en un contexto económico aún más complicado. Las tensiones no ceden pero, por el momento, el divorcio no será explícito; aunque renieguen de ello, el presidente y su vicepresidenta necesitan de la unidad del Frente de Todos para garantizarse su propia supervivencia política. Pragmatismo puro y duro.

Cristina Kirchner y su hijo Máximo, no obstante, no cejarán en su obsesión por intentar encarrilar a Fernández, quien pecó de desobediencia cuando cerró el acuerdo con el FMI para financiar la deuda contraída por Mauricio Macri. Esta vez la vicepresidenta no apeló a sus clásicos pronunciamientos epistolares para poner en caja al presidente. Recurrió a otra herramienta: la movilización callejera. El contundente y muy organizado despliegue de militancia que dispuso La Cámpora el jueves 24 de marzo, con Máximo Kirchner en papel estelar, el madrinazgo explícito de Cristina y el acompañamiento de la mayoría de los intendentes y dirigentes más pesados del conurbano bonaerense, tenía un único destinatario: Alberto Fernández.

Tanto el primogénito de la vicepresidenta como Andrés Larroque, dos de los dirigentes de La Cámpora que marcharon hacia la Plaza de Mayo, se encargaron de dejar en claro con qué objetivo político organizaron la marcha. Kirchner advirtió que el Gobierno debe considerar un programa económico que deje “a la gente adentro” y Larroque, tras enfatizar que el kirchnerismo no se retirará del Gobierno, recordó que Fernández, cuando estuvo en el llano, había trabajado con un candidato (Florencio Randazzo) que sacó el 4% de los votos.

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El mensaje del kirchnerismo es explícito: por no tener volumen político propio, Fernández debería allanarse al rumbo que marque su mentora, la vicepresidenta. Ese rumbo es bien distinto al que decidieron emprender el presidente Fernández y su ministro de Economía Martín Guzmán tras el acuerdo con el FMI.

En la Casa Rosada el malestar ya no se disimula y mascullan todo tipo de improperios contra el ala dura kirchnerista. De todas maneras, insisten en que la ruptura con Cristina no será formalizada y que no habrá pedidos de renuncias a los dirigentes cristinistas que ocupan cargos relevantes en el Poder Ejecutivo. La idea que tiene Fernández es diferenciarse de la vicepresidenta con decisiones y gestos y, a la vez, seguir hablando de unidad y alabar en público a su compañera de fórmula.

Fernández recibió con alivio la noticia del apoyo del directorio del FMI al acuerdo para refinanciar la deuda de 45.000 millones de dólares contraída en 2018 por la gestión de Mauricio Macri. Los fondos frescos se utilizarán para reforzar las reservas –la semana próxima llegará un giro de casi 10.000 millones de dólares– y afrontar los vencimientos de ese préstamo. El período de repago es de 10 años, con un período de gracia de 4 años y medio, lo que implica que la Argentina comenzará a pagar la deuda a partir de 2026 y hasta 2034.

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El núcleo del plan es una reducción paulatina y gradual del déficit fiscal hasta equilibrar las cuentas públicas en 2025, disminuyendo el financiamiento monetario del Tesoro, ampliamente visto como una de las causas principales del fuerte aumento de los precios.

El ajuste fiscal se concentrará en el recorte de los subsidios a la energía, que tendrá como contrapartida un aumento en las tarifas de la electricidad y del gas a los hogares de mayores ingresos del país.

Esa instancia augura un nuevo frente de conflicto entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. El presidente debe disponer en las próximas semanas el aumento tarifario que, según anticipó Guzmán, promediará el 40% para la mayoría de los hogares. ¿Qué reacción tendrá el kirchnerismo? La novela continúa.

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