sábado 24 de octubre de 2020
Política | Economía | Banco Central | Alberto Fernández

Alberto Fernández da un golpe de timón para recuperar la confianza en la gestión

El presidente Alberto Fernández necesita reconstruir capital político para poner en marcha una economía colapsada, pero las obsesiones de Cristina Kirchner abren otros frentes de conflicto.

En medio de la incertidumbre generalizada, el presidente Alberto Fernández enfrenta un desafío clave: recuperar la confianza en su gestión. La confianza es un insumo fundamental de todo gobierno; sin ella, cualquier medida, cualquier política pública que se anuncie corre el riesgo de diluirse y de erosionar, aún más, el capital político de quien gobierna.

Con ese objetivo –el de recuperar confianza-, el Gobierno anunció el jueves pasado una serie de medidas para reactivar una economía colapsada por la recesión acumulada de los últimos años y los efectos de la cuarentena. Los datos son alarmantes: el PBI cayó un 19,1% en el segundo trimestre de este año respecto del mismo período del año anterior y la pobreza trepó al 40%. En este contexto de extrema fragilidad económica, azuzado por los conflictos políticos y judiciales –fogoneados por el kirchnerismo-, Fernández busca a dar un golpe de timón que resucite las expectativas de la sociedad en general –y del empresariado en particular- en su gestión.

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El objetivo primordial de las medidas anunciadas es generar divisas que le permitan al Banco Central recuperar reservas y evitar, en el corto plazo, una brusca devaluación de la moneda. El set de iniciativas que los ministros Martín Guzmán, Matías Kulfas y Luis Basterra presentaron en Casa Rosada muestra dos temporalidades, según las urgencias existentes. Una apunta a los grandes exportadores agroindustriales para que liquiden antes de fin de año parte de sus dólares y busca contener la sangría de reservas que pierde día a día el Banco Central.

Otra, en cambio, apuesta a una agenda de mediano plazo con planes productivos para reactivar el mercado interno, pero también para sumar divisas en el futuro. Allí el equipo económico pone el acento en programas de exportación, principalmente de sectores (carnes, vinos, economía del conocimiento, automotriz, petróleo y gas, foresto industrial, textil, calzado, minería y metalmecánica), vinculados a la agregación de valor industrial.

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Las medidas que anunció el gobierno tienen el objetivo de recuperar reservas y evitar una nueva devaluación.

Las medidas que anunció el gobierno tienen el objetivo de recuperar reservas y evitar una nueva devaluación.

En forma paralela y simultánea, el Banco Central anunció una nueva estrategia para regular el tipo de cambio oficial: concretamente, se abandonará la estrategia de minidevaluaciones diarias y a partir de ahora permitirá mayor volatilidad en la variación del tipo de cambio. En otras palabras, admitirá devaluaciones mayores del peso si así lo cree necesario.

Todas estas medidas apuntan a iniciar un circuito virtuoso en la economía que le permita a la Argentina frenar la caída. La pregunta es si no llega demasiado tarde o si está a tiempo de recuperar la confianza perdida. Los empresarios tienen sus dudas, agravadas por la influencia de Cristina Kirchner en la gestión. En el Congreso está por discutirse, por caso, el proyecto de ley que grava con un impuesto extraordinario a las grandes fortunas, iniciativa impulsada por Máximo Kirchner y Carlos Heller. Los empresarios ya le anticiparon su malestar al presidente Fernández: con este impuesto se castiga al empresariado nacional y se perdona a las multinacionales, se quejaron.

Fernández no sólo debe hacer frente a los problemas propios; también debe pagar las facturas por los problemas que le ocasiona su socia y mentora, Cristina Kirchner. Obsesionada en su objetivo de moldear la Justicia a su conveniencia, la vicepresidenta buscó la salida de tres jueces –Leopoldo Bruglia, Pablo Bertuzzi y Germán Castelli- que la investigaban en distintas causas. La Corte Suprema, en un fallo tan sorpresivo como inédito, impuso un límite a la avanzada kirchnerista al admitir, el martes pasado, el pedido de per saltum solicitado por los tres jueces.

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Todavía resta resolver la cuestión de fondo –esto es, si los tres jueces deben regresar a sus cargos de los que fueron removidos-, pero lo cierto es que Fernández se ganó un conflicto con la Corte Suprema cuando esto no estaba en sus intenciones originales. Tampoco estaba en su intención primigenia romper todos los puentes con la oposición pero, instigado por la vicepresidenta, se enfrentó a Horacio Rodríguez Larreta al echar mano de la coparticipación porteña para atender los problemas fiscales de la provincia de Buenos Aires y de su gobernador, el kirchnerista Axel Kicillof.

El presidente asume como propios los ensayos de Cristina y detona otro fenómeno: la desconfianza. Aterrados por el presente, crece el número de argentinos que temen por el futuro.

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