El gobierno de Alberto Fernández trabaja por estas horas contra reloj para presentar, antes de fin de mes, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por la renegociación de la deuda por 44.000 millones de dólares contraída en 2018. Su objetivo es dar a conocer el texto la semana próxima, antes del discurso que dará el presidente el 1° de marzo próximo ante la Asamblea Legislativa para inaugurar las sesiones ordinarias.
Si bien hubo avances en las últimas horas en las negociaciones con el staff técnico del FMI, aún quedan por resolver cuestiones cruciales, según trascendió ayer en la Casa Rosada. En efecto, todavía hay tironeos respecto al monto de los desembolsos que hará el FMI para refinanciar la deuda, los niveles de inflación que se prevén para los próximos años, los porcentajes de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) y la lógica de reducción y segmentación de los subsidios a la energía.
Estos son puntos claves que la oposición reclamará conocer antes de definir su posición en el debate parlamentario. Si bien Juntos por el Cambio anticipó que no bloqueará la sesión y que dará quorum en el recinto, exige saber qué condicionalidades se le impondrán a nuestro país en el acuerdo. Para ello esperan con ansias la presencia del ministro de Economía Martín Guzmán, quien ya confirmó su asistencia al Congreso para explicar los detalles.
Los opositores son escépticos sobre la sostenibilidad del acuerdo: están convencidos de que el Gobierno, por presión del kirchnerismo, no cumplirá exhaustivamente con las metas de déficit y emisión comprometidas y que, a la postre, la deuda deberá renegociarse nuevamente una vez que asuma un nuevo gobierno en 2023.
Con la prioridad puesta en cerrar el acuerdo antes de caer en default, la Casa Rosada dio la semana pasada varios guiños dirigidos al FMI: el Banco Central anunció una suba de tasas; acelera la devaluación del dólar oficial al ritmo del 3% mensual; avanza en el recorte de subsidios al transporte y anunció el congelamiento de los planes sociales.
En la Casa Rosada son optimistas y aseguran que el acuerdo finalmente será aprobado en ambas cámaras. De presentarse el texto la semana próxima, el Congreso tendrá escasamente un mes para debatirlo, pues el 22 de marzo el país debe afrontar un pago de 2.800 millones de dólares al FMI y las reservas del Banco Central son insuficientes.
Igualmente, pese al tiempo limitado, en el oficialismo prometen una discusión “amplia y plural” en la que no sólo estará presente Guzmán, sino también Sergio Chodos, representante argentino ante el FMI –quien en las últimas semanas desfiló por el Senado para disuadir a los senadores kirchneristas de las bondades del acuerdo- y, posiblemente, el jefe de Gabinete Juan Manzur.
No se descarta que también sean invitados expertos en materia de deuda externa. Se barajan los nombres de Daniel Marx, exdirector del Banco Central, y Chris Marsh, analista financiero y ex miembro del FMI. Marsh, quien la semana pasada se reunió con el senador kirchnerista Oscar Parrilli, es coautor de un trabajo en el que planteó que el acuerdo stand by que se suscribió en 2018 entre la Argentina y el FMI debería considerarse nulo.
En otro guiño al kirchnerismo, Alberto Fernández y Sergio Massa planean que también sean invitados los exfuncionarios de Mauricio Macri que, en 2018, firmaron el crédito stand-by por 44.500 millones de dólares que ahora se procura renegociar. La mira está puesta en el ex ministro de Economía, Nicolás Dujovne; el ex titular del Banco Central, Federico Sturzenegger y el ex ministro de Finanzas, Luis Caputo; la idea es dejar en claro, una vez más, que la responsabilidad de haber contraído tamaña deuda con el FMI es del gobierno del expresidente Mauricio Macri. Además, la presencia de los exfuncionarios macristas en las comisiones les servirá de escenario para despotricar contra la política de endeudamiento de la administración anterior.
El objetivo de Fernández y de Massa es contener al kirchnerismo y que sólo una minoría de ese sector no acompañe el acuerdo con el FMI. En ese marco publicitaron la reciente reunión entre el presidente y su ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro, distanciados desde la derrota del Frente de Todos en las primarias.
Este reencuentro fue interpretado como un intento de Fernández de tender puentes con Máximo Kirchner, uno de los detractores de Guzmán y del acuerdo con el FMI. Por ahora, el primogénito de Cristina Kirchner no anticipa cuál será su voto. La vicepresidenta, por su lado, se mantiene recluida en un hermético silencio.
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