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Política Nicolás Maduro | Venezuela | Estados Unidos

A una semana de la detención de Nicolás Maduro en Venezuela: de la captura a la confesión

La detención de Nicolás Maduro marcó un quiebre histórico en Venezuela, pero fue el discurso posterior de Donald Trump el que reveló el eje de la intervención.

La madrugada en la que helicópteros sobrevolaron Caracas y las explosiones sacudieron zonas estratégicas de la capital de Venezuela marcó un punto de inflexión político y geopolítico difícil de dimensionar en tiempo real. En menos de cuatro horas, Estados Unidos ejecutó una operación militar directa, capturó al presidente Nicolás Maduro junto a su esposa y los trasladó fuera del país.

Una semana después, el foco ya no está solo en la espectacularidad del operativo ni en sus consecuencias judiciales inmediatas, sino en lo que vino después: las declaraciones de Donald Trump que dejaron al descubierto los intereses estratégicos de Washington en suelo venezolano, con el petróleo como eje central.

Bajo la luna caraqueña: la captura que sorprendió al mundo

La secuencia fue tan veloz como contundente. Trump anunció públicamente que las fuerzas estadounidenses habían llevado adelante “con éxito” un ataque a gran escala contra el gobierno venezolano.

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La operación, bautizada “Determinación Absoluta”, combinó meses de inteligencia de la CIA con un despliegue militar inédito en la región: más de 150 aeronaves, fuerzas especiales y ataques coordinados contra sistemas de defensa aérea y el complejo presidencial en Caracas. El saldo humano fue alto. Distintas fuentes confirmaron al menos 80 personas fallecidas, entre militares y civiles, además de decenas de heridos.

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La captura de Maduro fue presentada por Washington como un golpe decisivo contra el narcotráfico y una amenaza a la seguridad hemisférica. Sin embargo, a medida que pasaron los días, el discurso comenzó a mostrar otra capa de sentido. Trump no solo anticipó un juicio en Estados Unidos contra el mandatario venezolano, sino que empezó a delinear el futuro inmediato del país caribeño en términos económicos y energéticos.

La confesión de Donald Trump

La llamada “confesión” llegó poco después. El expresidente estadounidense anunció que Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos y que los ingresos por esa venta quedarán bajo control de Washington. Según explicó, el objetivo es garantizar que esos fondos se utilicen “en beneficio del pueblo venezolano y de Estados Unidos”. El mensaje fue explícito: el petróleo venezolano, una de las mayores reservas del planeta, pasó a ocupar un lugar central en la estrategia posterior a la captura de Maduro.

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Las definiciones no se limitaron a un anuncio aislado. Trump ordenó al secretario de Energía, Chris Wright, poner en marcha de inmediato el plan para transportar el crudo hacia puertos estadounidenses. Wright fue todavía más lejos al explicar que Washington gestionará de manera directa la comercialización del petróleo venezolano y controlará las cuentas donde se depositen los ingresos.

Necesitamos ese poder y ese control para impulsar los cambios que deben ocurrir en Venezuela”, sostuvo. La intervención militar, así, quedó ligada de manera directa a un rediseño del control energético del país.

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En declaraciones realizadas el miércoles por la noche al New York Times, el mandatario sostuvo que Washington espera dirigir el país y extraer petróleo de sus reservas durante años.

En declaraciones realizadas el miércoles por la noche al New York Times, el mandatario sostuvo que Washington espera dirigir el país y extraer petróleo de sus reservas durante años.

En esa misma línea, el propio Donald Trump explicitó hasta dónde imagina la presencia de Estados Unidos en Venezuela. En declaraciones realizadas el miércoles por la noche al New York Times, el mandatario sostuvo que Washington espera dirigir el país y extraer petróleo de sus reservas durante años, y aseguró que el gobierno interino venezolano —integrado por antiguos funcionarios del entorno de Maduro— está “dando todo lo que consideramos necesario”. Ante la consulta sobre la duración de esa supervisión directa, Trump evitó plazos concretos y respondió que “solo el tiempo lo dirá”, mientras mantenía latente la amenaza de una acción militar desde fuerzas navales estadounidenses desplegadas frente a la costa venezolana.

Trump enmarcó esa estrategia como un negocio político y económico de largo alcance. “La vamos a reconstruir de una manera muy rentable”, afirmó en una extensa entrevista, al detallar que Estados Unidos utilizará el petróleo venezolano como eje del nuevo esquema.

¿Cómo vive Venezuela tras el cimbronazo?

Mientras tanto, en Venezuela, el impacto político fue inmediato. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, calificó la captura como un acto “antijurídico y criminal” y exigió la liberación inmediata de Maduro, al que definió como presidente constitucional.

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Desde las Fuerzas Armadas Bolivarianas denunciaron una violación a la soberanía nacional y advirtieron sobre los riesgos globales de este tipo de intervenciones. Sin embargo, la respuesta internacional fue dispar y, en muchos casos, silenciosa.

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El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, calificó la captura como un acto “antijurídico y criminal” y exigió la liberación inmediata de Maduro, al que definió como presidente constitucional.

El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, calificó la captura como un acto “antijurídico y criminal” y exigió la liberación inmediata de Maduro, al que definió como presidente constitucional.

En paralelo, el Tribunal Supremo de Justicia venezolano declaró la “ausencia temporal” de Maduro y Delcy Rodríguez juró como presidenta encargada por un período inicial de 90 días. La escena política interna quedó congelada en una transición incierta, con un chavismo que, según describen analistas desde Caracas, se comporta como “una fiera herida”: golpeado, pero todavía cohesionado y con capacidad de control territorial y social.

En ese escenario de fuerte repliegue institucional y discurso de confrontación hacia el exterior, el gobierno que quedó en funciones en Caracas comenzó a enviar señales de reacomodamiento. Tras los primeros gestos de entendimiento con la administración de Donald Trump, el Ejecutivo encabezado por los hermanos Rodríguez anunció el inicio de un proceso de liberación de presos políticos, presentado públicamente como una medida orientada a la “reconciliación nacional”.

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Más allá de la narrativa oficial, la decisión se inscribe en un nuevo equilibrio de poder: la necesidad de estabilizar el frente interno y responder a demandas concretas de Washington en un contexto de dependencia política y económica inédita. Las primeras excarcelaciones incluyeron dirigentes opositores, exfuncionarios, activistas de derechos humanos y ciudadanos extranjeros, varios de ellos con causas emblemáticas y seguimiento internacional.

Organizaciones humanitarias venían advirtiendo que en Venezuela permanecían detenidas más de 800 personas por motivos políticos, por lo que el proceso, aún parcial y sin listado completo, funciona como señal política hacia afuera más que como ruptura estructural hacia adentro. En la práctica, la liberación de presos aparece como una moneda de negociación en la nueva etapa: un gesto de apertura controlada que busca legitimar al gobierno de transición de facto y consolidar su vínculo con Estados Unidos, sin alterar de manera profunda el esquema de poder vigente.

Debate jurídico internacional: ¿qué dicen los expertos?

El debate jurídico internacional se volvió inevitable. Especialistas en Derecho Internacional coincidieron en que la operación estadounidense violó principios básicos de la Carta de las Naciones Unidas, en particular la prohibición del uso de la fuerza y el principio de no intervención. Al mismo tiempo, reconocieron la tensión entre ese marco normativo y la imposibilidad de reconstruir la democracia venezolana a través de sanciones, aislamiento diplomático y presión económica, estrategias que fracasaron durante años.

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En ese contexto, la detención de Maduro abrió un precedente inquietante. Para algunos analistas, el mundo ingresó en una etapa de reconfiguración de esferas de influencia, donde las potencias actúan de manera directa sobre territorios considerados estratégicos. Venezuela, con su colapso institucional y sus vastos recursos energéticos, quedó en el centro de ese nuevo tablero.

Nicolás Maduro dijo que es "prisionero de guerra"

La comparecencia de Maduro ante la Justicia estadounidense reforzó esa sensación de quiebre histórico. El exmandatario se declaró inocente y se definió como “prisionero de guerra”, mientras avanzan causas por narcotráfico y terrorismo. En paralelo, el Departamento de Justicia modificó la acusación y eliminó la referencia a Maduro como líder del llamado “Cartel de los Soles”, pasando a describir un sistema de corrupción estatal más difuso. El giro alimentó lecturas políticas y jurídicas sobre la estrategia de Washington.

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Nicolás Maduro Audiencia Nueva York Dibujo
La audiencia no fue transmitida de manera oficial, por lo que solo trascendieron ilustraciones realizadas por personas presentes, que mostraron a Nicolás Maduro durante su comparecencia ante la Justicia de Estados Unidos.

La audiencia no fue transmitida de manera oficial, por lo que solo trascendieron ilustraciones realizadas por personas presentes, que mostraron a Nicolás Maduro durante su comparecencia ante la Justicia de Estados Unidos.

Una semana después de la captura, el escenario sigue abierto. Estados Unidos consolidó un control inédito sobre el futuro energético venezolano, mientras en Caracas persiste un clima de silencio, vigilancia y tensión. La pregunta ya no es solo qué pasará con Maduro, sino qué tipo de Venezuela emergerá de este proceso y bajo qué reglas internacionales. Entre la fuerza militar, el petróleo y la redefinición del orden global, el caso venezolano se convirtió en una señal de época que excede largamente sus fronteras.