La causa que investiga el secuestro extorsivo del hijo de un empresario de la ciudad de Gálvez reveló nuevos detalles en las últimas horas sobre cómo fue la inédita maniobra que terminó con dos hermanos detenidos y puestos a disposición de la Justicia federal de la ciudad de Santa Fe.
Se trata de Franco Lionel (35) y Martín Uriel Quevedo (36), quienes fueron detenidos el último viernes luego de tres allanamientos ejecutados por el Departamento Antisecuestros de la Policía Federal que tuvieron lugar en Gálvez y San Lorenzo y en los cuales se encontró el auto que posiblemente fue utilizado para raptar a Nicolás M., el joven de 27 años, que fue víctima del inédito secuestro.
Tanto Franco como Martín Quevedo fueron indagados el sábado en una audiencia que tuvo lugar en la Fiscalía Federal N°1, a cargo de Gustavo Onel, y en donde se les atribuyó haber cometido un “secuestro extorsivo agravado por ser la víctima una persona discapacitada”. Tras escuchar los cargos en su contra, ambos galvenses se abstuvieron de prestar declaración y fueron trasladados a la sede de la Policía Federal de Santa Fe, en donde permanecen privados de su libertad hasta que el juez Reinaldo Rodríguez resuelva su situación procesal.
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Su reciente detención marcará un hito en la historia criminal de la ciudad de Gálvez, ya que no existen registros de un hecho policial de tales características en la localidad ubicada a 80 kilómetros de la capital provincial, en pleno departamento San Jerónimo.
Noticia de un secuestro
El caso ocurrió el 14 de abril pasado, cuando la víctima caminaba por Maipú y Corrientes de la ciudad de Gálvez. Minutos después de las doce de la noche, fue abordado por los secuestradores que, según estiman los investigadores, circulaban a bordo de un Ford Focus gris.
El muchacho, que es insulino dependiente y además posee una discapacidad, fue cargado en la parte trasera del coche, en donde le colocaron una bolsa en la cabeza para luego huir de la zona. En el camino, le dijeron que el día anterior habían ido a su restaurante, que las milanesas con papas fritas estaban ricas y que además sabían quiénes eran sus padres, cuáles eran sus contactos y donde vivían. La dramática secuencia continuó cuando los secuestradores le dijeron que si sus padres no pagaban el rescate, matarían a su familia.
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La víctima fue llevada luego hacia un lugar hasta el momento no definido, aunque se estima que fue un domicilio ubicado entre Aldao y la ciudad de San Lorenzo. Allí, lo hicieron acostar en un colchón en donde amenazaron con matarlo, si no dormía.
Mientras estuvo cautivo, el joven no comió ni bebió nada y a su vez fue obligado a grabar un mensaje en el cual le decía a sus padres que entreguen el dinero, ya que quería irse con ellos. La secuencia continuó cuando uno de los captores le sacó un buzo y colocó un mameluco para luego llevarlo hasta el asiento trasero de un vehículo.
Doce horas después del rapto, los secuestradores llevaron a la víctima hasta un camino rural, en donde uno de ellos lo ayudó a descender y le dijo que se quedara boca abajo y cubra sus ojos con las manos. Segundos después, el auto salió a toda velocidad del lugar.
Escuchas en vivo
Durante el secuestro, los raptores se comunicaron en reiteradas oportunidades con el teléfono de la madre de la víctima y le exigieron el pago de 200.000 dólares a cambio de liberar a su hijo. Primero le enviaron un mensaje, minutos antes de la 7 de la mañana, que decía "no es joda, 200 mil dólares o no le ve más, si llama a la cana no lo ve más".
Horas después, llamaron desde el teléfono del joven secuestrado a la madre y le reiteraron el pedido de dinero. Sin embargo, la mujer les indicó que no tenía el monto que requerían, pero los secuestradores insistieron con la suma exigida.
"Se acabó el tiempo señora, se empeñó más en rastrear el celular que en encontrar a su hijo, que tenga suerte", le dijeron en uno de los llamados que para ese entonces ya estaban interceptados por la Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos y Crimen Organizado en la Investigación Criminal (Dajudeco).
En otra comunicación, le indicaron que deje el dinero que tenía debajo del puente del río Carcarañá que atraviesa la autopista Rosario-Santa Fe. “Cucahme dejá la plata tirada en el puente Carcarañá, abajo hay una calle”, le indicaron. "Tu hijo está en Ricardone camino de tierra que va Aldao", agregaron en la llamada.
Finalmente, el pago del rescate nunca se concretó y la víctima fue liberada por los captores y hallada después por un hombre que transitaba la zona rural y dio aviso a la policía. A partir de ahí, se inició una rápida investigación que terminó con los hermanos Quevedo presos.
Una llamada perdida, la pista clave
De la pesquisa, realizada por la División Antisecuestros de la Policía Federal, se desprende que una de las pistas claves que llevó a terminar con los hermanos Quevedo, presos fue que el teléfono de uno de ellos, el de Franco, hizo una llamada perdida a la línea telefónica de la madre de la víctima.
Esa llamada fue la huella que conectó a los hermanos con el secuestro, ya que el celular del joven secuestrado registró impactos en la misma posición de cobertura que el teléfono de Franco Quevedo.
Mientras que Martín Uriel quedó ligado a la causa luego de comprobarse que su teléfono, durante las horas en que la víctima estuvo secuestrada, tuvo por lo menos 14 impactos de antena en la zona de Rosario, San Lorenzo y Aldao, las zonas a las que el joven galvense fue llevado tras ser raptado.
Sumado a ello, los investigadores comprobaron un dato que terminó de vincular a Martín Uriel Quevedo con el caso. Su nombre figura como el titular registral del Ford Focus que se presume fue utilizado para cometer el secuestro extorsivo.
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