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Policiales Rosario | Patricia Bullrich | Gendarmería

Saturación y control, cómo será el nuevo desembarco de fuerzas federales en Santa Fe

Patricia Bullrich llegará a Rosario el lunes y pondrá en marcha junto con Pullaro el nuevo plan. La idea es apuntar a saturación y control en barrios violentos. No habrá más operativos de visibilidad en las calles céntricas.

Este lunes la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, anunciará en Rosario un nuevo plan de intervención con las fuerzas federales. Estará junto al gobernador Maximiliano Pullaro, con quien mantuvo el viernes una extensa reunión para definir cuál será el rol de los gendarmes en esta nueva etapa. Pullaro no quiere que la policía de Santa Fe pierda la centralidad, porque su idea es potenciar y cambiar el flojo accionar que venía teniendo la policía provincial, con una infraestructura destartalada como los móviles policiales.

Algo que llamó la atención es que en la cartera que lidera la presidenta de PRO el viernes no contaban aún con el detalle sobre cuántos efectivos están desplegados en Rosario. Señalaron que el informe que les dejó Aníbal Fernández no puntualizaba la cantidad de efectivos destinados a tareas operativas. “Creeos que hay menos de lo que nos pasaron”, resumió Bullrich en diálogo con AIRE. La estimación es que hay unos 1500 efectivos que están operativos.

La idea de Bullrich es ser práctico y efectivo con la irrupción de las fuerzas federales. El despliegue de gendarmes será focalizado en barrios donde hay altos índices de violencia y donde las bandas narco que están en la cárcel tienen influencia directa en base a la violencia extrema. Saturación y control, son las palabras que usó la ministra en diálogo con AIRE. La primera vez que desembarcaron fuerzas federales fue en abril de 2014 y ese esquema se repitió cada año. Los resultados no fueron buenos hasta ahora, según muestran las estadísticas. Sólo en 2017 hubo una leve baja de 18 homicidios en Rosario.

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Pullaro le pidió a Bullrich que sea la provincia la que coordine las acciones de los gendarmes, a partir de que sea quien lidere el llamado comando unificado. Pero en el Ministerio de Seguridad de la Nación no van a ceder a esa idea, porque consideran que la policía de Santa Fe, atravesada por una corrupción histórica, no está preparada. Siempre primó una desconfianza entre ambos sectores de las fuerzas de seguridad.

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En marzo de este año, el gobierno nacional había dispuesto el arribo de 400 gendarmes a Rosario.

En marzo de este año, el gobierno nacional había dispuesto el arribo de 400 gendarmes a Rosario.

El otro objetivo de Bullrich, que ahora también tiene bajo su jurisdicción el Servicio Penitenciario Federal, es blindar y aislar a los líderes narcos que están en los penales federales de Marcos Paz, Ezeiza, Resistencia y Rawson. “Se van a restringir muchas cosas. Los monitoreos van a ser 24 horas y las visitas van a tener contacto con los presos a través de un blindex. Van a estar sujetos a un régimen especial que vamos a dictar por una resolución los próximos días”, afirmó la ministra.

La cárcel es el nudo principal de la violencia que golpea a Rosario. Los líderes de las bandas están todos encarcelados, con altas condenas. Los calabozos se transformaron en un hogar perpetuo para estos grupos, que moldearon desde el encierro nuevos negocios, como las extorsiones, un modelo más cercano a la mafia tradicional que funciona sobre la base del terror. Si no hay miedo, nadie pagaría. Por eso deben alimentarlo con balas, con muertos que aparecen en las calles, con carteles, con sellos de la mafia. En lo que va de este año mataron a 247 personas. Probablemente, la cifra de asesinatos en 2023 sea un poco más leve que el anterior, cuando se rompió el récord de 2013: se cometieron 288 crímenes.

Frente a esta situación límite, Pullaro busca mostrar un perfil que le dio resultado en la campaña, que se centra en la imagen de un hombre duro, que lucha contra las mafias. A nivel electoral le dio sus frutos y piensa repetir esa estrategia en una gestión en la que deberá refundar la política de seguridad en Santa Fe, luego del déficit que dejó en esa materia la administración del peronista Omar Perotti, que no logró detener el crecimiento del delito asociado a las mafias narco y la violencia.

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El riesgo es agudo para Pullaro, por un contexto desolador. El martes y miércoles pasado, cuando el gobernador ordenó reagrupar a los presos de alto perfil del penal de Piñero, donde se encuentran segundas y terceras líneas de bandas narco, sólo había en las calles de Rosario 18 patrulleros que circulaban para custodiar por la ciudad que tiene 1,3 millones de habitantes y 178 kilómetros cuadrados de superficie. En un galpón de la jefatura de Policía estaban herrumbrados más de 180 móviles, muchos de ellos modelos nuevos, con desperfectos que nunca fueron arreglados.

Ante ese escenario complicado, el gobierno de Santa Fe anuló por decreto las custodias fijas que brinda la policía a más de 400 personas, algunos de ellos testigos que pertenecen a organizaciones criminales, y también suspendió las vacaciones por 90 días para los 24.000 efectivos de la fuerza. Para el gobierno no queda margen. Porque saben que la reacción del crimen organizado, rústico y precario pero efectivo a la hora de regar con sangre las calles, será dura.

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Tocar el nervio de las bandas narco en las cárceles es un riesgo que Pullaro busca correr al principio de una gestión. Sabe que es más alto el beneficio por lo que muestra a la población que las consecuencias que podría sufrir, incluso a nivel personal. En la fiscalía de Rosario hay audios que se secuestraron en teléfonos celulares de presos de la banda de Los Monos que antes de que el radical asumiera en la gobernación hablaban de que tendrían que atentar contra él. “Probablemente aumente la violencia contra objetivos civiles, pero va a ser por un tiempo corto”, apuntó el gobernador.

Pullaro eligió de ministro de Seguridad a Pablo Coccoccioni, quien durante su gestión en ese ministerio se encargó de manejar las cárceles. Hoy la situación carcelaria de Santa Fe es una bomba latente. Hay una sobrepoblación de más del 25 por ciento de reclusos en los paneles de la provincia donde hay más de 10.000 convictos, con altos niveles de reincidencia y escasa edad; la mayoría vive fuera del sistema. Esa franja nunca trabajó ni estudió y forma parte de la mano de obra precaria de las bandas de la mafia narco.

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Pablo Cococcioni, el ministro de Seguridad de Santa Fe.

Pablo Cococcioni, el ministro de Seguridad de Santa Fe.

El gobierno de Santa Fe, pidió que a la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, que le traspase a la provincia de manera temporal el Centro Federal Penitenciario Litoral Argentino, una cárcel que tiene capacidad para 462 internos, que se empezó a construir hace 16 años y en ninguna de las últimas cuatro gestiones nacionales se pudo terminar. La idea de Pullaro es que allí se traslade a los presos de “alto perfil” que están en el penal de Piñero.

El objetivo del gobernador es que Santa Fe termine las obras que restan –el penal se encuentra terminado en un 90 por ciento- y que traslade internos con causas federales. Bullrich está dispuesta a ceder el manejo de ese penal a la provincia, según indicaron a LA NACION fuentes del Ministerio de Seguridad de la Nación. Falta ajustar detalles. Si los agentes penitenciarios van a ser provinciales o federales.

El gobernador santafesino anunció que proyecta construir un penal provincial para este tipo de reclusos que integran las mafias narcos. En el gobierno señalaron que están la búsqueda de un terreno apropiado para este tipo de estructura carcelaria. La idea es que el penal al estilo del salvadoreño Najib Bukele esté ubicado en un descampado y aislado, alejado de las principales rutas provinciales y nacionales. Pullaro puntualizó que pretenden que en un año se termine de construir la nueva prisión de máxima seguridad.

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Requisa del Grupo de Operaciones Especiales Penitenciarias en la cárcel de Piñero.

Requisa del Grupo de Operaciones Especiales Penitenciarias en la cárcel de Piñero.

Hoy la cárcel es un paraíso narco. En el pabellón Nº9 del penal de Piñero funcionaba un búnker de venta de drogas. “Allanamos tres veces ese lugar y en dos oportunidades encontramos marihuana y cocaína fraccionada como si fuera un búnker”, explicó el fiscal Franco Carbone.

El problema de la violencia en Rosario se transformó en una pesadilla endémica, pero puede empeorar. El fenómeno criminal de Rosario una transformación desde hace unos cinco años. Y en ese cambio influyó la cárcel. Desde 2018 fueron condenados todos los líderes de los grupos que manejaban el narcomeudeo, como Los Monos, Los Funes, Los Caminos, y sus bandas subsidiarias. También fue sentenciado a prisión perpetua a Esteban Alvarado, que está posicionado un escalón más arriba en la cadena al ser el gestor de la llegada de importantes cargamentos desde Bolivia y Paraguay. A su vez, también fueron encarcelados más de un centenar de sicarios y soldaditos de estos grupos.

Ante las nuevas necesidades y los problemas logísticos de manejar el negocio de la venta de drogas desde la prisión apareció un nuevo fenómeno, vinculado a la estructura de una mafia más tradicional. Los grupos que vivían del expendio de drogas en los búnkeres agregaron otro negocio criminal, como es de las extorsiones y los pagos por protección. Para que este tipo de emprendimiento pueda funcionar de manera aceitada tiene que existir el miedo, que es el elemento principal que tracciona la voluntad de pago. En 2023 en Rosario se produjeron unas 1500 este año. Ese miedo no sólo hace funcionar los engranajes de la mafia –“paga uno de cada tres extorsionados”, señaló hace unos meses la fiscal Valeria Haurigot- sino también los anticuerpos que sirven de protección, como las custodias VIP, el blindaje de autos y la venta de armas.