viernes 14 de mayo de 2021
Policiales Rosario |

Rosario: La Tablada, el barrio en el que los vecinos presagian hacia dónde irán las balas

La crónica de uno de los barrios rosarinos que está atravesado por las guerras entre bandas narcos. Una trama de violencia y venganzas que encadena más de 20 asesinatos.

Norma presume que a la tardecita los sicarios van a hacer su trabajo en barrio La Tablada. Hay indicios que aparecen en la trama de violencia y que no resultan rebuscados ni complicados. Casi todos lo saben.

La noche anterior mataron a un célebre narco: Diego Laureano Godoy, de 37 años. Quedaron 17 agujeros en el cuerpo de “Saquito”, como lo apodaban en ese barrio del sur de Rosario donde los sonidos de las balas suenan a toda hora.

Cuando la policía encontró el cadáver, Godoy tenía puestos en sus manos guantes de látex. “Los usan para evitar que queden rastros de pólvora en las manos y lo detecte el dermotest, cuenta la mujer, que es casi una especialista en temas forenses, a pesar de que su oficio es otro: maestra. La muerte hizo inútil ese artilugio.

detenidos narcotráfico de la gorda sole en rosario 003 _9x16.jpg
En el barrio hay tres bandas narcos que se disputan el territorio a balazos.

En el barrio hay tres bandas narcos que se disputan el territorio a balazos.

“Fijate que La Rubia pasó en una moto con una garrafa”, apunta la mujer parada en la vereda. “Eso quiere decir que se está yendo a otro lado, porque esta noche le van a venir a tirar”, agrega. Los movimientos del barrio responden a la dinámica de esa conversación con balas.

A la noche dos jóvenes en moto disparan contra el frente de la casa de su pareja. Quedan más de 20 agujeros en el frente del portón blanco de chapa.

“Mi chaleco antibalas es el guardapolvo de maestra”, dice Norma.

A la mujer de Jonatan P. le habían dejado la noche anterior una nota escrita con birome azul que advertía: “Decíle a Jonatan que pague 200.000 o le bajamos a uno”. El texto era claro, sintético y preciso. Si no se produce la entrega del dinero “bajan a uno”. Ese “uno” refiere a los soldaditos que tiene este muchacho. Lo que tienen en común es que todos venden droga. Está a la vista en esa parte del barrio. “No necesitás ser un detective”, ensaya Norma con ironía.

Barrio la tablada rosario.jpg
Hay un grupo de vecinos que no quieren que el Gobierno convierta calle Seguí en bulevar.

Hay un grupo de vecinos que no quieren que el Gobierno convierta calle Seguí en bulevar.

“En cada casa o pasillo donde en la puerta están parados dos pibes en moto sabés que se vende”, agrega. Uno custodia y el otro entrega. Se ven más de uno por cuadra. En algunas dos o tres. El que entra al barrio con otras intenciones que no sea comprar droga es identificado a los pocos minutos. “Los muchachos saben todo”, dice la mujer que camina sin problemas por la zona. “Mi chaleco antibalas es el guardapolvo de maestra”, dice.

Leer más ► Escaso personal, sistemas informáticos desactualizados y pericias demoradas: la dura realidad que afronta el MPA en Santa Fe

Sobre Segui hay un grupo de vecinos reunidos. No quieren que el Estado provincial convierta esa arteria en bulevar. En esa parte de la ciudad la geografía urbana contribuyó para que algunas zonas se transformen en una especie de escondite. Segui llega hasta Ayacucho. En el medio hay unas construcciones, algunas irregulares; otras no. Y la calle reaparece, como si fuera un fantasma, dos cuadras hacia el este, después de Colón. Pero a partir de allí deja de ser bulevar y se transforma en una especie de callejón con zanjas a los costados.

Norma fue maestra de los Funes. “La abuela es una buena mujer y me dijo que tratara de enderezarlos porque de chiquitos ya eran complicados”, cuenta.

El proyecto es que a través de los fondos del Plan Incluir se pueda abrir esa calle, y convertirla en bulevar, con iluminación, cordón cuneta y asfalto en buen estado. La inversión será de 167,4 millones de pesos. Pero gran parte de los vecinos no quieren que eso suceda, aunque resulte una paradoja, porque ellos mismos se quejan que, por ejemplo, a esa parte de La Tablada no entran las ambulancias. La reunión es en la puerta de la casa de Noelía, donde allí mismo se venden dosis de esa cocaína berreta y barata adaptada al mercado popular.

Esta guerra entre dos bandas dejó más de seis muertos hace tres años.

Ese triángulo de las Bermudas tiene una extensión de sólo 400 metros, desde Ayacucho a Schmitd, la calle que da al acceso sur, frente a la terminal de Servicios Portuarios. “Sabés cuál es el problema que acá hay por lo menos tres bandas que manejan la venta de drogas. Cada uno con sus soldaditos”, aporta la maestra. Cuando se habla de que la violencia se alimenta en Rosario por la pelea territorial para la venta de estupefacientes hay que pensar, como en varias oportunidades reflejó Aire de Santa Fe, de una disputa por cuadras, en muchos casos. A simple vista parece un narcotráfico de la subsistencia, de la pobreza.

Uno de los que manda en esa zona es Enrique “Cable” Solís, que la semana pasada fue condenado junto con el exjefe de la barra brava de Newell's Emiliano Javier “Jija” Avejera y José Pucheta a prisión perpetua por asesinar a seis personas, dos de ellas por error, y cuatro tentativas de homicidio, que ocurrieron entre noviembre de 2016 y febrero de 2018 en el marco de una disputa con ejes en el narcotráfico y la barra brava de Newell’s. Ya estaba preso y seguía con el manejo de los hilos de los puntos de venta que maneja desde la cárcel.

Esta guerra entre dos bandas dejó más de seis muertos hace tres años. Se calcula que más de 20 asesinatos se fueron encadenando en una madeja de venganzas. Tuvo su germen en un operativo de la Policía Federal llamado Los Miserables, que apuntó a desmantelar al clan Caminos, conformado por parientes de Roberto Pimpi Caminos y Rubén Segovia, un familiar indirecto de los miembros de la banda de Los Monos.

Este sector protagonizó una guerra en las calles de la zona sur de Rosario, sobre todo en barrio Municipal y La Tablada, con la organización que comandaban René Ungaro, uno de los personajes más pesados del hampa rosarina, condenado por el crimen de “Pimpi”” y los hermanos Funes. Norma fue maestra de los Funes. “La abuela es una buena mujer y me dijo que tratara de enderezarlos porque de chiquitos ya eran complicados”, cuenta.

Temas